Mayo-2007

 

Lo primero es antes

 

Por eso no importa que nos llamen pesados: periódicamente habrá que repetir que el pecado número uno, el problema principal del mundo, el mal que más mata, se llama HAMBRE.

La mayor vergüenza de nuestro tiempo, el hambre, golpea implacablemente a los más inocentes y vulnerables. Para ellos no es una referencia histórica, simplemente es una herencia maldita, venida de no saben dónde y una constante que acompaña su existencia y la convierte en un calvario.

El hambre nunca viene sola, sino acompañada por las enfermedades y la ignorancia. Ella mata más personas en el Tercer Mundo que la malaria, el SIDA y la tuberculosis juntas. Compañeras suyas son también la opresión y el despotismo. Los países con más hambre tienen menos libertad.

El hambre es resultado de la irracionalidad de un orden social injusto. Los alimentos, tanto como la salud y la educación, están sometidos a las reglas de mercado en países donde el mercado no funciona, por el simple hecho de que no corre dinero, dice Jorge Gómez Barata.

Según la FAO, la cosecha de cereales del 2007 se incrementará en más del cuatro por ciento y puede llegar a 2.082 millones de toneladas. Eso no evitará que aumente el número de personas con hambre hasta los mil millones. Más alimentos tampoco significa precios más bajos, al desviarse alrededor de 100 millones de toneladas de maíz y otras tantas de soja hacia la producción de biocombustibles, porque eso disparará los precios de los piensos y, naturalmente, la carne, los lácteos y los huevos.

Para colmo, la producción de alimentos crecerá en todas partes menos en África que es donde más hambre existe. La inmensa mayoría de los 82 países de bajos ingresos y con déficit de alimentos y los 33 en situación de crisis alimentaria severa son africanos.

La necesidad y la demanda no van unidas, por eso ningún empresario invertirá en la producción de alimentos en África, porque no tendría a quien vendérselos.

 

En la tierra hay suficiente 

para satisfacer las necesidades de todos,

pero no tanto como para satisfacer

la avaricia de algunos.

Mahatma Gandhi 

 

Dice el Programa Mundial de Alimentos de las Naciones Unidas: El derecho humano a una alimentación adecuada implica no solamente acceder a alimentos, sino también acceder a recursos productivos para que las personas puedan alimentarse por sí mismas y puedan participar en la vida económica de los países”.

Pero es difícil que las palabras se conviertan en llaves mágicas que abran las puertas de realidades distintas. Habrá que decir y, sobre todo hacer, otras cosas. Como, por ejemplo, que los recientemente creados tribunales internacionales se ocupen de hacer pagar las responsabilidades criminales que tienen los llamados países desarrollados por el permanente despojo de recursos naturales y humanos que perpetraron contra los habitantes de África y América Latina.

No valen las simples condolencias. En un mundo en el que miles de millones de personas se preocupan por el calentamiento global, temen por la suerte de las ballenas, se interesan por la supervivencia de los escarabajos del desierto, cuidan amorosamente a sus mascotas…MIL MILLONES DE PERSONAS PASAN HAMBRE, de ellos 300 millones son niños, de los que 12 millones no sobrevivirán.

 

En diciembre de 2006, la Universidad de las Naciones Unidas y su World Institute for Development Economics Research presentaron un estudio titulado La Distribución Mundial de la Riqueza de los Hogares.

Utiliza términos económicos: Activos (propiedades) físicos y financieros, y Pasivos (deudas).

Pero el informe se entiende perfectamente: En el año 2000, la riqueza global de los hogares ascendió a 125 billones de dólares (equivalente a tres veces el valor de la producción mundial PIB). Haciendo un promedio por habitante (no por familia) hubiéramos tocado a 26.000 dólares.

Es el momento adecuado para las carcajadas y las vergüenzas…

Si la desigualdad en el mundo es grande, la concentración de la riqueza lo es aún mayor: en nuestro planeta, el 1% de los adultos más ricos acapara el 40% de la riqueza global, el 2% de esos más ricos ya acaparan más de la mitad de toda la riqueza global. Y si sumamos al 10% de esos más ricos, concentran el 85,1% de la riqueza global.

La pregunta es evidente: ¿Qué queda para los demás?...

Pues la mitad más pobre de la población adulta del mundo únicamente posee el 1.1% de la riqueza global.

La riqueza mundial está concentrada en Norteamérica, Europa y los países de alto ingreso del Asia-Pacífico, cuya población posee el 90% de la riqueza total global.

 

Ya no valen las teorías sobre la pobreza y el hambre, sobre la justicia y la democracia, sobre la solidaridad,…

Ya no valen las condolencias, ni el asistencialismo a través de ONGs,…

Es hora de reclamar derechos, es hora de exigir responsabilidades históricas y de ejecutar políticas justas y medidas reales y eficientes.

Todo lo demás, son pantomimas…

 

d.t.