Junio-2006

 

Cada año toca el “Día Mundial contra el trabajo infantil”

 

En realidad, cada año, se repiten todos los “Días mundiales de…”, porque están marcados en el calendario.

Para mucha gente es “lo mismo de todos los años”. Otra gente todavía se asombra con las cifras como si fuera algo novedoso. Hay gente que siente lástima, aunque no se enteran de que eso es lo mismo que ven en su televisor muchos días: niños trabajando para la publicidad, o en la pornografía, o limpiando coches. Hay quien se asoma por curiosidad, para ver cómo sigue este tema en el mundo, que luego terminan comprobando las pocas o nulas variaciones.

Ese “Día mundial…” 12 de junio, aparecen las cifras y estadísticas en todos los medios. Toca publicarlas, acompañadas de alguna fotografía llamativa de niños en el tajo:

“218 millones de chicos y chicas menores de 17 años trabajan en el mundo”. “Según la OIT, decenas de millones de niños y niñas trabajan en las plantaciones de todo el mundo”.

“Más de 8,5 millones de niños y niñas trabajan en condiciones de esclavitud y 126 millones  en condiciones peligrosas”.

“Los niños soldados se estiman en 300.000 de ambos sexos, menores de 15 años”.

En las fotografías aparecen niños y niñas cuidando de sus hermanos menores, o en el servicio doméstico, o en la industrial textil, o en puestos de comida, o en la prostitución, o con un arma en la mano,…

 

Los medios de comunicación nacionales procuran presentar los datos con evasivas. Como si eso sólo ocurriera lejos, muy lejos, en países poco desarrollados. Así la noticia se consume más dulcemente.

No es lo mismo que si dan los datos sobre Europa, o la televisión cuenta a los españoles que en su país 5.000 niños y niñas son obligados a ejercer la prostitución y que la pornografía infantil aumenta en un 10 por ciento cada año. Mejor se ponen ejemplos de Indonesia, India, Filipinas, América Latina,…

Por otra parte, los medios suelen presentar este problema ofreciendo las cifras a secas, con algunas imágenes impactantes de niños y niñas en el trabajo,…como una DESGRACIA que sucede en el mundo. Cosa distinta es que profundizaran en los motivos y causas de esta situación, y ayudaran a los teleespectadores y oyentes a comprender las raíces del problema.

De nada nos sirven tampoco las discusiones especulativas de las tertulias de radio: “el trabajo es bueno en sí y, por tanto, también para los niños”, “es bueno que los niños valoren el trabajo”,… Miren, ustedes, que no hablamos de eso, estamos hablando de millones de niños explotados y esclavizados…

 

No es una desgracia, sino una injusticia. La pobreza es sinónimo de injusticia.

Entre las peores formas de esclavitud infantil suelen destacar la trata infantil, "un crimen de bajo riesgo y altos beneficios que mueve anualmente 23.500 millones de euros", o la explotación sexual, negocio promovido por el turismo sexual del que son víctimas 1,8 millones de menores. Ahí vamos…

Si hay 8,5 millones de niños esclavos es porque existen esclavistas que utilizan la fuerza de trabajo de los niños y niñas para negocio o beneficio personal.

Si hay tantos millones de niños explotados, es porque existen explotadores que se aprovechan de la miseria de las familias y de sus hijos para obligarles a trabajar por cuatro monedas.

Si existe el trabajo infantil, es porque el sistema económico, político y social actual utiliza esta forma aberrante de explotación para bajar el costo de la mano de obra.

Durante la Revolución Industrial, los niños y niñas trabajaron en los telares, en la manufactura y en las minas, en el campo de sol a sol,…

¿Por qué no se puede denunciar el trabajo infantil en toda su magnitud como un auténtico genocidio?

Claro que, ¿Cuál es la fuerza real de este tipo de denuncias? ¿Sirven para algo o para nada?

¿Cómo se podría presionar para la erradicación del trabajo infantil? ¿Cómo forzar políticas de Estado para evitar esta explotación? ¿Cómo influir para que las grandes corporaciones económicas no sigan aprovechándose de la mano de obra barata infantil?

 

Como todo en la vida, esto lo entenderíamos muchísimo mejor y nos dolería muchísimo más, si fuera alguno de nuestros hijos el que se encontrara en esas situaciones de explotación. Seguro que no podemos ni imaginarlo.

Por eso resulta tan descarnada la carta enviada por un grupo de padres chinos a un medio de comunicación:

         “Más de 1.000 niños han sido secuestrados en varias provincias chinas –especialmente en Henan- y vendidos en la de Shanxi para trabajar como esclavos en fábricas de ladrillos…

         Algunos habían estado aislados del mundo exterior durante siete años, recibieron palizas y resultaron mutilados por intentar escapar. Los vigilantes también les quemaron las espaldas con ladrillos ardiendo…

         Los chicos eran vendidos por 500 yuanes (unos 50 euros)…

         Unos 400 familiares han buscado ayuda en Internet, después de haberse gastado sus ahorros intentando encontrar a sus hijos, en la mayoría de los casos sin éxito.

         Los chavales trabajaban 14 horas al día, recibían poca comida y eran golpeados con frecuencia…Algunos incluso fueron enterrados vivos cuando sus heridas empeoraron.

         Los padres procedentes de Henan (una de las regiones más pobres del país) se gastaron todo el dinero que tenían y arriesgaron sus vidas para adentrarse en la montaña en busca de sus hijos, pero sólo lograron rescatar a 40. Fue muy arriesgado.

 

Siempre nos queda nuestra fuerza de consumidores. Sabemos que no es la panacea, pero tampoco es ninguna tontería, es un arma que apenas utilizamos, pero que es tremendamente eficaz.

Si hay denuncias contra empresas chinas por estar explotando a niños para hacer publicidad y juguetes relacionados con los próximos juegos olímpicos 2008 en Pekín, ¿Qué tal si no compramos ninguno de esos juguetes?

Si hay denuncias de que empresas como NIKE, REEBOK, ADIDAS  o PUMA explotan a mano de obra infantil, ¿Qué tal si no compramos a nuestros niños productos de esas marcas, ni sus balones, ni sus botas, ni sus camisetas,…?

Si hay denuncias contra empresas de juguetes, cuyas etiquetas ponen MATTEI, LEGO, o CHICCO, pero el 80% de su producción se fabrica en China, Tailandia e Indonesia, acusadas de emplear a niños y niñas durante doce horas al día, utilizando materiales plásticos inflamables, en ambientes sofocantes, sin casi comida y durmiendo en campamentos-guetos, ¿Qué tal si no compramos ni un sólo juguete de esas marcas?

Si hay denuncias de que la mayoría de los trabajadores, que producen juguetes destinados a las “cajitas felices” de MacDonalds, no han cumplido aún los 14 años, aunque trabajan 16 horas diarias todos los días de la semana, ¿Qué tal si no acudimos a los centros, ni utilizamos los productos de esa Empresa?

Así podemos hacer con otros muchos productos del mercado: plátanos, alfombras,…

Puede llegar a nuestros oídos nombres de empresas acusadas de permitir la explotación infantil: Monsanto, Bayer, Unilever,… y podemos quedarnos con sus nombres y los productos que tienen en el mercado.

¿Por qué no utilizar esta arma nuestra de consumidores? ¿Les parece exagerado o complicado…? ¿Acaso no pueden comprarles a sus hijos juguetes de otras marcas?

Realmente es una herramienta sencilla y a nuestro alcance…

Hay otras muchas maneras de actuar para ser consecuentes con nuestras ideas y sentimientos y no quedarnos en simples parlanchines: denuncias, participación en campañas y boicots, presiones a políticos, publicaciones, trabajos de análisis en grupo, cuestionamiento de compras en centros escolares o públicos, etc.

En confianza, ¿no parece vergonzoso que todos los años, el 12 de Junio, volvamos con el cuento del “día mundial contra el trabajo infantil” y siempre nos repitan las mismas cifras horrorosas de explotación y esclavitud de niños y niñas?

 

d.t.