Diciembre-2007

 

UN DERECHO BÁSICO: EL DERECHO A LA SALUD

 

En la práctica, ¿Es un derecho de TODAS LAS PERSONAS, o sólo de ALGUNAS?.

 

A finales de 2005, Intermón Oxfam denunciaba que unos 2.000 millones de personas de los países en desarrollo no reciben el tratamiento médico que requieren, por culpa, principalmente, del elevado coste de las medicinas. La carencia de fármacos hace que 11 millones de niños mueran cada año por enfermedades curables.

 

Hay 40 millones de personas (dos millones de ellas, niños) que viven con el VIH (SIDA). Las farmacéuticas justifican sus altos precios del medicamento por los gastos de investigación. Pero, cuando Intermón Oxfam indagó entre las 11 principales multinacionales, ninguna fue capaz de especificar cuánto dedica a investigación para tratar los problemas de los países pobres. De hecho, admitieron que ese gasto es mínimo, porque no da beneficios.

 

Estamos ante un negocio contra la vida, un negocio que mata. Hay 28 millones de niños en el mundo que no reciben vacunas básicas como las de la difteria, el tétanos y la tosferina y 2,5 millones de niños mueren cada año por falta de estas vacunas. LOS FABRICANTES DE VACUNAS NO LAS PRODUCEN PARA LOS PAÍSES POBRES PORQUE NO ES UN NEGOCIO  RENTABLE, como sí es producirlas para los países ricos.

        

Los países podrían fabricar medicamentos genéricos (sin marca y por ello mucho más baratos), pero están en contra las empresas farmacéuticas y sus enormes beneficios. ¿Recuerdan la demanda de la farmacéutica Novartis reclamando la patente de un medicamento contra el cáncer, que en la India comenzaron a producirlo como genérico?. El mismo medicamento que Novartis vendía a 2.000 euros, lo producían genérico a 150 euros. La diferencia de precio significa la vida o muerte para miles de personas.

 

Para colmo, las empresas farmacéuticas usan a las poblaciones del tercer mundo para hacer experimentos no autorizados en sus países. ¿Han visto la película de El jardinero infiel?. Desgraciadamente no es cine ficción.

Silvia Ribeiro, investigadora del Grupo ETC, lo confirma. Ella cuenta casos de empresas biotecnológicas estadounidenses que experimentan el suero de arroz transgénico en niños de Perú. Suero que está prohibido en Estados Unidos.

Son abultados los expedientes ocultos de los transgénicos de uso farmacéutico, ya que si se conocieran en totalidad, no habría justificación para que estuvieran en el mercado. Son numerosos los expedientes ocultos de experimentación en países pobres.

 

Entrevistaron al Premio Nobel de medicina Richar J. Roberts. Tranquilamente fue respondiendo a diversas cuestiones…

         La investigación en la salud humana no puede depender tan sólo de su rentabilidad económica. Lo que es bueno para los dividendos de las empresas no siempre es bueno para las personas…

         La industria farmacéutica quiere servir a los mercados de capital...Y no se trata de cualquier industria: estamos hablando de nuestra salud y nuestras vidas y las de nuestros hijos y millones de seres humanos.

         Si sólo piensas en los beneficios, dejas de preocuparte por servir a los seres humanos.     
         He comprobado como en algunos casos los investigadores dependientes de fondos privados hubieran descubierto medicinas muy eficaces que hubieran acabado por completo con una enfermedad...Y dejaron de investigar,     porque las farmacéuticas a menudo no están tan interesadas en curarle a usted como en sacarle dinero, así que esa investigación, de repente, es desviada hacia el descubrimiento de medicinas que no curan del todo, sino que cronifican la enfermedad y le hacen experimentar una mejoría que desaparece cuando deja de tomar el medicamento.  

         Aunque parezca una grave acusación, es habitual que las farmacéuticas estén interesadas en líneas de investigación no para curar, sino sólo para cronificar dolencias con medicamentos cronificadores mucho más rentables que los que curan del todo y de una vez para siempre. Y no tiene más que seguir el análisis financiero de la industria farmacológica y comprobará lo que digo.    
         Por eso le decía que la salud no puede ser un mercado más ni puede entenderse tan sólo como un medio para ganar dinero.   
         Se han dejado de investigar antibióticos porque son demasiado efectivos y curaban del todo. Como no se han desarrollado nuevos antibióticos, los microorganismos infecciosos se han vuelto resistentes y hoy la tuberculosis, que en mi niñez había sido derrotada, está resurgiendo y ha matado este año pasado a un millón de personas.
         El Tercer Mundo es otro triste capítulo: apenas se investigan las enfermedades tercermundistas, porque los medicamentos que las combatirían no serían rentables. Pero yo le estoy hablando de nuestro Primer Mundo: la medicina que cura del todo no es rentable y por eso no investigan en ella.        

         Sobre la intervención de los políticos no se haga ilusiones: en nuestro sistema, los políticos son meros empleados de los grandes capitales, que invierten lo necesario para que salgan elegidos sus chicos, y si no salen, compran a los que son elegidos.    
         Al capital sólo le interesa multiplicarse. Casi todos los políticos -y sé de lo que hablo- dependen descaradamente de esas multinacionales farmacéuticas que financian sus campañas. Lo demás son palabras...        


Por eso es que hablamos de genocidio social. Como dice Ramonet, desembarazarse de los pobres, por ejemplo, parece ser uno de los objetivos de la mundialización y eso es genocidio social.

         Antes llamábamos genocidio a la destrucción de un grupo étnico. Cuando los conquistadores llegaron a América, o cuando el tráfico de esclavos africanos a las Américas (que ascendió a 20 millones de personas). O cuando los turcos, en 1915, mataron a 1.200.000 armenios, o cuando Hitler exterminó a seis millones de judíos. O cuando, en 1975, en Timor Oriental eran exterminados 200.000 habitantes por el ejército indonesio, o cuando ese mismo año el régimen de los jemeres rojos de Camboya, en nombre de una especie de racismo social, exterminó a dos millones de personas. O las recientes limpiezas étnicas en los Balcanes, o las terribles masacres en Ruanda.

         En la actualidad, la mundialización liberal opone a estos métodos otra forma de exterminio: el genocidio social. En un mundo donde los ricos son cada vez más ricos y lo pobres más pobres, estos últimos son, además, cada vez más numerosos. Actualmente la cifra es de 3.000 millones que, si se sublevaran, provocarían la mayor explosión social de todos los tiempos. Para vencer esta amenaza, los defensores de la mundialización permiten el actual exterminio silencioso.          
           
Porque las potencias y grandes firmas se niegan a una política del agua, cada día mueren 30.000 personas por beber agua contaminada. Uno de los peores genocidios de todos los tiempos.

         Porque las grandes multinacionales farmacéuticas se niegan a vender a bajo precio sus medicamentos,  en los próximos años morirán decenas de millones de personas por SIDA. Ya han muerto 22 millones y otros 40 millones son portadores del VIH. La mayoría de ellos están condenados a muerte simplemente porque viven en países pobres.

         Existen otros genocidios sociales contemporáneos: el del hambre (afecta a 800 millones de pobres); el de enfermedades curables como el paludismo; el de los accidentes de trabajo; el de los crímenes contra las mujeres; etc.

         Estamos necesitando otro Tribunal Penal Internacional que procese y castigue a los culpables de Genocidios Sociales, igual que se actúa contra genocidios ordinarios.

 

En los escritos, en las declaraciones, en la teoría, está clarísimo que el derecho a la salud es un derecho básico para TODAS  las personas. En la práctica, los negocios e intereses económicos desmienten e impiden ese derecho para los pobres.

d.t.