mensajeros10 (Mayo-2000)

 

 De una entrevista que le hicieron a P. Casaldáliga en el Encuentro de El Salvador con motivo del 20 Aniversario del asesinato de Mons. Oscar Romero (entresacamos algunas frases)

"... vivimos sometidos por un "macroimperio" neoliberal que refuerza las desigualdades sociales y la dominación de las élites y oligarquías de siempre. Se trata de una "macrodictadura total" que se ha impuesto como pensamiento único con sus "teólogos del diablo" y su posmodernidad narcisista. Nunca hubo tanta humanidad privada de ser humana..."

Casaldáliga habló de que nunca como ahora el mundo fue tan pobre y desigual. Habla de millones de excluidos, de hombres y mujeres "sobrantes"; de esas cuatro quintas partes de la población mundial que asisten a la globalización pero no participan de ella. De no-sociedades basadas en la acumulación de lucro, un consumismo atolondrado y una exclusión homicida. Dice que no sólo se han privatizado las empresas estatales y los servicios sociales; también se privatizaron valores y sentimientos. Vivimos en la era del egoísmo total, en el mundo de lo superfluo. Se ha desarticulado a la sociedad civil, y las personas prefieren ser consumidoras antes que ciudadanas.

Casaldáliga recordó que el irónico consejo de John M. Keynes se está cumpliendo: "Por lo menos, durante 100 años debemos fingir delante de todos que lo justo es malo y que lo malo es justo... La avaricia, la usura y la previsión han de ser nuestros dioses por un poco más de tiempo..." Dice que la Iglesia católica, su iglesia, nunca pidió perdón por haber canonizado durante tantos años a la propiedad privada.

Copresidente del Secretariado Internacional Cristiano de Solidaridad con América Latina, junto con Samuel Ruiz, cree, como el obispo emérito de San Cristóbal, en la palabra hecha historia. "Soy la palabra que creo, la palabra que digo con mi vida".

 "...El término comunista cayó en desuso. Ahora nos dicen necios. Que nos fundamos en utopías imposibles. Que estamos proclamando el pauperismo. Pero no es verdad; estamos a favor de los pobres y en contra de la pobreza..."

"... Soñamos con nuestra mundialización, que debe ser réplica alternativa y profética de la globalización neoliberal que domina el orbe. Para bien o para mal, el mundo se está haciendo uno; es ya nuestra circunstancia. O nos salvamos mundialmente o mundialmente nos hundimos..."

"...Nuestra mundialización ha de ser una actitud, un hábito; una virtud, amasada de conciencia, ascesis, entusiasmo, solidaridad. Debe estar basada en la realidad cotidiana; nutriendo las raíces y la memoria. Debe ser una mundialidad con eje en la igualdad. Igualdad de las personas y de los pueblos. Igualdad de dignidad y de derechos. En la pluralidad de las identidades, claro. Si no se quiere propiciar "un mundo donde quepan todos", como piden los zapatistas, en el mundo no va a caber nadie..."

ª,,, La Solidaridad es el nuevo nombre de la sociedad humana. -Regina Ammicht Quinn señala que "un destino común, compartido, exige solidaridad". Sé que estoy pidiendo una revolución de valores y posiciones, de privilegios y de necesidades. Ir de los varios mundos hacia un solo mundo, el humano. Se trata de una revolución ética y estructural. Cultural, sociopolítica, económica y, sobre todo, espiritual. Desde el privilegio, que siempre excluye o margina, no se puede ser solidario. Por eso hablo de la solidaridad como una virtud, amasada de indignación ética y praxis liberadora".

"...¡Nada de final de la historia! La esperanza sólo se justifica en los que caminan. Esperamos, porque desesperamos. Porque esperamos contra ese mundo asesino que se nos impone. Y ya explicaba Marcuse que la esperanza ha sido dada para servir a los desesperados. El consumismo, que se va saciando con los McDonald's al uso, y el conformismo derrotista que ha arriado las banderas de la militancia, no tiene por qué esperar. La esperanza es lo menos light que se puede esperar en la vida. Y, cristianamente, "esperamos contra toda esperanza". La esperanza es memoria, utopía, acción. Debemos mundializar la esperanza. Debemos ir haciendo que los excluidos -los "ninguneados" de siempre, como les llama Galeano-, aquellos que más tienen que esperar, puedan esperar "razonablemente". Ese será el milagro de "la esperanza esperanzadora" que pedía el mártir Ellacuría. Entonces, la solidaridad irá haciendo de la utopía un buen lugar dignamente habitable."