(septiembre-2000)

 

Mensaje de Rigoberta Menchu Tum

 

[Al concluir las sesiones del Grupo de Trabajo sobre Poblaciones Indígenas, llevado a cabo del 24 al 29 de julio en Ginebra, la Premio Nobel de la Paz, Rigoberta Menchú Tum, leyó el siguiente mensaje]

Entre los logros de nuestras luchas recientes, deseo hoy referirme a la convocatoria para el próximo año de la Conferencia Mundial contra el Racismo, la Xenofobia, la Discriminación Racial y otras formas de Intolerancia.

Mientras los negocios y las finanzas internacionales, la tecnología y las comunicaciones han multiplicado las relaciones y han acortado las distancias espaciales y temporales, las fronteras nacionales y culturales han vuelto a endurecerse para la gente.

El modelo de desarrollo imperante, al que hoy adhieren la inmensa mayoría de los países del mundo, es la fuente de una pobreza cada vez mayor y de unas desigualdades, también, cada vez más amplias.

Nunca en la historia de la humanidad se ha generado tanta riqueza, nunca antes se ha aprovechado de manera semejante los recursos de la naturaleza y los aportes del desarrollo científico. Sin embargo, nunca como ahora la pobreza y la inequidad han afectado a más de las cuatro quintas partes de los habitantes del planeta.

Los múltiples sectores sociales que han eclosionado, como resultado de los (avances) experimentados por la humanidad en las últimas décadas, demandan ante el mundo globalizado su participación en los beneficios generados por el trabajo y el uso de los recursos mundiales, así como el respeto de sus respectivos espacios de identidad.

Hoy como nunca el racismo, la discriminación y la xenofobia se han tornado en un problema de supervivencia para la mayoría de la población mundial. Las expresiones de intolerancia que provienen de los sectores que tienen satisfechas sus necesidades y han utilizado sistemáticamente el poder para perpetuar la imposición de sus designios, están adquiriendo ribetes cada vez más violentos.

Los Estados del mundo deben empeñarse en la búsqueda de una respuesta pacífica, equitativa y justa a este problema de la modernidad. Deben adoptarse los recaudos jurídicos, políticos e institucionales para detener el crecimiento de esta lacra que afecta a cada vez más seres humanos, entre cuyas principales víctimas nos encontramos precisamente los pueblos indígenas, junto a la gente de color, a los trabajadores emigrantes, y a todos aquellos que ven avasallados sus derechos como individuos y como colectividades, así como los recursos de nuestras tierras y territorios.

La humanidad debe establecer un nuevo campo de convivencia, que empiece por respetar el entorno humano, natural y cultural que hemos heredado todos de nuestra historia común. Así como hoy existe una gran preocupación por la depredación de los recursos naturales, esa misma preocupación reclamamos nosotros frente a la discriminación que vivimos cotidianamente por parte de las sociedades post coloniales y los Estados que han constituido para perpetuar esta forma irracional de vida, de consumo y de dominación.

Quiero terminar estas palabras haciendo una invocación a los representantes de los pueblos indígenas y los gobiernos aquí reunidos, así como a las autoridades encargadas de la organización de la Conferencia Mundial, para que seamos capaces de volcar la experiencia de diálogo y respeto que hemos sido capaces de construir como patrimonio de este Grupo de Trabajo, en la preparación de la Conferencia contra el Racismo, propiciando un vasto ejercicio de aproximación e intercambio en la sociedad, en las instituciones y, especialmente, en los medios de comunicación, para que este nuevo pacto de convivencia esté fundado en un código de ética y un compromiso de paz.