Enero-2001

Por un milenio sin exclusiones


Grito de los excluidos/as de las Américas

Del fondo de nuestros corazones, nosotros, los excluidos y excluidas de las Américas, lanzamos un grito de protesta contra la desigualdad y la injusticia del mundo en que vivimos. Somos todos pasajeros de la misma nave, el planeta Tierra; sin embargo, como en las carabelas de los colonizadores y nuestros aviones trasatlánticos de hoy, viajamos en condiciones desiguales. En la primera clase, una minoría usufructúa todos los privilegios del consumismo superfluo, de actitudes anti-sociales y depredadoras del medio ambiente. Esa minoría tiene acceso a la medicina sofisticada, la educación, la cultura y los beneficios de la tecnología de punta. En las bodegas insalubres, agobiados por el hambre, las enfermedades, la violencia y la explotación, se amontona la mayoría de la población mundial.

Nuestro grito se eleva contra un tipo de globalización económica que, al favorecer a los pocos países desarrollados, en detrimento de las naciones pobres, revela su carácter de verdadera globocolonización. El PIB mundial, calculado hoy en USD 25 billones, es el retrato de la brutal acumulación de riquezas en manos de pocos: los países del G-7 (Estados Unidos, Canadá, Inglaterra, Francia, Italia, Alemania y Japón) detentan USD 18 billones. ?Los USD 7 billones restantes deben ser repartidos entre más de 180 países! ?Clama a los cielos constatar que apenas tres ciudadanos estadounidenses -Bill Gates, Paul Allen y Warren Buffett- poseen, juntos, una fortuna superior al PIB de 42 naciones pobres, en las cuales viven 600 millones de habitantes! Se globaliza la pobreza y no el progreso; la dependencia y no la soberanía; la competitividad y no la solidaridad.

Por eso, hay 204 millones de pobres y 90 millones de miserables en América Latina y en El Caribe, a los cuales se debe aumentar los bolsones de miseria que existen en varias partes del opulento Estados Unidos. Nuestro grito es de protesta contra la economía capitalista neoliberal que, monitoreada por el FMI y por el Banco Mundial, reduce la democracia al mercado, la ciudadanía al consumismo, y viola la soberanía de nuestros Estados nacionales mediante imposiciones y amenazas.

Si las naciones ricas quieren progreso, ¿por qué no establecen reglas justas para el comercio mundial, eliminando las restricciones y las prácticas comerciales que degradan los precios de los productos que las naciones pobres exportan? Si quieren paz, ¿por qué no acaban con la carrera armamentista, que consume anualmente USD 800 mil millones y dejan de exportar armas hacia los países del Tercer Mundo? Si quieren el fin de las drogas, ¿por qué no erradican los paraísos fiscales, donde el dinero sucio es lavado por los "honrados" banqueros del Primer Mundo, y prohíben que el éter y la acetona sean exportados de Estados Unidos a los fabricantes?

Nuestro grito denuncia que, después de la Segunda Guerra Mundial, América Latina no tenía deudas, pero hoy debe casi 1 billón de dólares. Es la más alta deuda externa por habitante del mundo. Consecuentemente, nuestro Continente es campeón en desigualdad entre los más ricos y los más pobres. Nuestros países son víctimas del capital especulativo, del colonialismo cultural representado por los enlatados televisivos y de la intervención militar bajo el pretexto del combate al narcotráfico. El número de personas hambrientas y desempleadas nunca fue tan grande en las Américas.

Nuestro grito es de indignación, pero es también un grito de esperanza. Vemos, con alegría, campesinos que se movilizaron para exigir la reforma agraria; grupos de los más diversos países y de los más diversos intereses se juntaron para bloquear las reuniones de los grandes banqueros y de los grandes empresarios, en Seattle, en Washington, en Praga, a fin de protestar contra el sistema económico neoliberal; movimientos populares organizaron manifestaciones masivas exigiendo cambios en casi todos los países del Continente, en especial en México, Venezuela, Perú, Bolivia, Argentina y Ecuador. Presenciamos la fuerza de los pueblos indígenas que se levantan con coraje exigiendo la demarcación de sus tierras; la multiplicación de los movimientos de mujeres contra la discriminación machista; la organización de los movimientos negros para exigir respeto a sus raíces culturales y sus derechos históricamente reprimidos. En Brasil, unos seis millones de electores se pronunciaron contra el pago de la deuda externa, en el plebiscito ciudadano realizado recientemente en todo el país.

Esas señales, evidentes hoy en todo el mundo, nos dan esperanza de que el Fondo Monetario Internacional, la Organización Mundial del Comercio y el Banco Mundial sean substituidos por instituciones efectivamente democráticas, donde las naciones tengan igual poder de voz y de voto, a fin de regular el flujo de capitales especulativos y derrumbar el proteccionismo de los países ricos, priorizando los derechos humanos y la justicia social.

Esperamos que nuestro clamor se extienda de tal forma que el gobierno de Estados Unidos se vea forzado a retirarse de Colombia, evitando un conflicto que pondrá en grave riesgo a la población y la biodiversidad amazónica. Nuestro grito clama también por el fin del cruel bloqueo que Estados Unidos viene imponiendo a Cuba.

Esperamos que nuestras reivindicaciones básicas se convertirán lo más pronto en realidad: reforma agraria; cambios en las políticas económicas para eliminar el desempleo y la exclusión; demarcación y protección de las tierras indígenas; respeto al medio ambiente; fin de la dependencia económica y cultural de nuestros pueblos y anulación de nuestras deudas externas, dentro del espíritu del año Jubilar convocado por el Papa Juan Pablo II. Defendemos el acceso de toda la población a los derechos fundamentales: tierra, trabajo, vivienda digna, educación y salud.

Nuestro grito se eleva a todos quienes son sensibles a la solidaridad y osan abrazar la utopía de un mundo sin desigualdades, sin miseria y sin exclusión, fundado en la justicia y en la libertad.