Febrero-2004

 

 

ENTREVISTA A JOSE LUIS SAMPEDRO

 

Nuria Azancot le hizo recientemente una entrevista, con motivo de su último libro Los mongoles en Bagdad. Extraemos algunas de las respuestas de Sampedro, quien asegura sobre su obra que no pretende dar “ninguna lección ética” aunque el libro sea expresión de “unos sentimientos de indignación y de asombro ante la guerra, y de preocupación por los daños que se han causado indebidamente”. Y tampoco tiene ganas de polemizar, “aunque si opinan lo contrario que opinen. Los hechos están ahí y es muy difícil rebatirlos. Pero qué quiere, si no escribo este libro, me pudro”. “Creo que en la vida hay que dar batalla sin pensar en los resultados, por respeto a uno mismo y por amor a los demás. Porque no se puede dejar pasar todo sin una protesta”.

 

“Mi público es todo aquel que no se resigne a que otros piensen en su nombre. Y los jóvenes, de los que espero que no se resignen, que se nieguen a ser cómplices pasivos de estas barbaridades que suponen el retroceso de la civilización”.

 

“En mi anterior libro comentaba una fase de la ambición hacia el dominio global que se manifiesta en forma de dominio económico. Este libro significa un paso más, porque añade al poder de las empresas el dominio del poder militar, que es más completo porque impone más condiciones y exigencias que las financieras. La cruzada contra el terrorismo es la continuación y agravación de la decisión de dominio mundial que antes sólo se ejercía por vía económica”.

 

“A mí me gustaría que la globalización fuese total, es decir, que no sólo se globalizase la economía, sino también la salud y la educación, y que todos los países se ocupasen de la salud de África, por ejemplo; que se globalizase la justicia y que se construyese un Tribunal Penal Internacional…Si la técnica obliga a mundializar los problemas económicos, también obliga a mundializar los recursos, y por tanto se impone un gobierno mundial y no el dominio de todo el planeta por una sola potencia, como hoy sucede”.

 

“El ataque preventivo supone olvidarse de todas las conquistas de la civilización occidental a lo largo de siglos, del Derecho Internacional y del respeto a los Derechos Humanos y del Ciudadano. Cuando Bush y Aznar defienden los ataques preventivos, se erigen en jueces y parte a la vez. La causa de la guerra era una gran mentira, un pretexto para apoderarse de un país indefenso y rico en petróleo. Estados Unidos ha arrasado Irak, pero dada su superioridad militar, no ha habido un choque de ejércitos, sino un indigno asesinato”.

 

“Con el terrorismo lo primero que hay que hacer es lo contrario de lo que hacen Bush, Aznar y Blair. Hace dos meses, Aznar ha proclamado en presencia del Secretario General de la ONU que no importan las causas sino acabar con las consecuencias. Eso es demencial, es como decirles a los oncólogos que no se preocupen en estudiar cómo se produce el cáncer. ¡Hombre, no, si lo que provoca el terrorismo es la frustración de millones de personas hambrientas e indignadas, porque gracias a la televisión en los sitios más remotos se sabe cómo viven los que viven bien!

También llaman terrorismo a la resistencia iraquí, pero ¿esperaban otra cosa? Entonces, los guerrilleros españoles que en el XIX combatieron a Napoleón también lo eran... Nos piden colaboración para seguir poniéndonos cadenas. Porque el terrorismo que hay que combatir es el que les conviene: ¿por qué es terrorista el palestino que se suicida y no Ariel Sharon cuando bombardea los campos de refugiados?”

“Los millones de personas que salieron a gritar “Guerra no” no fueron escuchados porque hoy la técnica permite que la opinión pública sea sustituida por la opinión mediática y en vez de oírse la voz del pueblo, se oye la voz de los medios de comunicación, en manos de grandes empresas que se pliegan a las condiciones del más fuerte, del poder militar y financiero. Por eso vuelven a salir elegidos los mismos políticos, porque la opinión mediática es la que prevalece, y la mayoría de la gente no reflexiona, está futbolizada o gran-hermanizada. Hoy mucha gente vende su dignidad, su libertad y su capacidad de opinión a cambio de un pequeño bienestar”.

 

“El problema es que tras la caída del Muro de Berlín desapareció la URSS. Y Estados Unidos se encontró sin ese enemigo necesario para mantener sus fuerzas armadas y coaccionar, es decir, necesitaba una catástrofe como la de las Torres Gemelas para avivar el miedo y justificarse su expansión”…”Hay que situar todo esto en un dramático momento de disgregación de la civilización occidental. En la Antigüedad el hombre era la medida de todas las cosas; en la Edad Media, lo era Dios, y hoy lo es el dinero. Y eso significa un empobrecimiento humano increíble”.