Marzo-2005

 

Carta a un hijo recién llegado

 

...Nacer en un sitio o en otro parece una simple cuestión de azar. Como el nacer en una determinada familia. Sin embargo, esa simple cuestión de azar se convierte, debido al mundo en el que vivimos, en un factor determinante a la hora de vivir, sobrevivir o morir.

 

De tu madre y de mí has heredado algo más que el color de tus ojos o la forma de tu boca. Has nacido en una familia que te puede dar una vivienda, cariño, protección, juego..., todas esas cosas que no deberían faltar a ningún niño ni niña. Podrías haber nacido en Irak, donde me sería imposible verte porque una bolsa negra me cubriría la cabeza (como la de la foto). O podrías haber nacido en Palestina, donde mi cuerpo no serviría para protegerte de las balas. En cambio, has nacido en un lugar donde no hay guerra, donde no nos encerrarán detrás de las alambradas ni nos masacrarán por reclamar lo que nos corresponde. Pero esto no es una cuestión de suerte, Juan, es una cuestión de injusticia.

 

Has nacido en un mundo injusto. Y, sin embargo, has tenido algo de fortuna. Tu futuro podría ser muy distinto, hubiera bastado con haber nacido en otro país, en otro barrio o en otra familia, aunque fuera en esta misma ciudad, porque la injusticia está presente por todas partes. Tu madre conoce a una mujer que vive cerca de nosotros. Por las noches no duerme: tiene miedo de que las ratas que hay en la nave en la que viven se coman a su hijo. No se trata de una historia de miedo ni de un secreto. Los responsables políticos lo saben pero les trae al pairo, ocupados en cuestiones que les interesan más, entre otras cosas, porque ellos sí tienen buenas casas.

 

Convivimos a diario con la injusticia. Cuando no está entre nosotros la tenemos ahí al lado, muy cerca. Algunos de los barrios de tu ciudad son un claro ejemplo. Hay niños como tú condenados al círculo cerrado de la exclusión. Nacerán en una familia pobre, el colegio los rechazará, les será casi imposible encontrar un buen empleo, deberán conformarse con la economía marginal, se harán padres sin haber podido ser hijos y todo volverá a empezar. ¿Sabes por qué pasa eso, Juan? Algunos dicen que los pobres son gandules o que viven así porque quieren. Que no te engañen. Hay barrios, familias, niños excluidos porque vivimos en una sociedad cruel, competitiva, individualista y conformada en función de los intereses de unos pocos ansiosos por tener más y más. Cuando las cosas se reparten desigualmente, a algunos les toca poco y a otros mucho. Estos últimos, los que más tienen, se preparan, por si acaso los excluidos deciden reclamar lo que les corresponde, y acumulan bombas, ejércitos, policía, alambradas, cárceles, televisiones...lo irás descubriendo.

 

En este mundo al que has llegado excluye personas, barrios y hasta continentes enteros. En menos de medio día de viaje podríamos llegar a África. Podríamos viajar en ferry o en avión, bien seguros. Al revés, sin embargo, no es tan fácil llegar. Para escapar del hambre, de la guerra, de la falta de futuro, muchos africanos y africanas intentan llegar a Europa, donde te ha tocado vivir. Pero no pueden hacerlo en ferry, o en avión porque son negros, árabes, pobres y no se les deja. Por eso deben arriesgar sus vidas cruzando el mar en patera. Ahora pienso en aquellos padres que se quedan en casa, muertos de miedo, esperando que suene el teléfono para escuchar la voz de su hijo diciéndole que ha llegado bien a la otra orilla. Cualquier día de estos, pasados los años, me descubriré riñéndote por haber llegado tarde a casa y no haber avisado del retraso. Qué diferentes pueden ser las preocupaciones de los padres aunque apenas les separen un puñado de kilómetros.

 

Existen diferencias intolerables entre padres, madres, hijos e hijas según donde se nazca. Tu madre, por vivir donde vive, no murió al darte a luz, como todavía les sucede a tantas y tantas mujeres en este planeta. Estuvo atendida, junto a ti, durante todo el embarazo y todo el parto. Alguna que otra vez nos tocará salir corriendo a urgencias porque tosas o te suba la fiebre pero no morirás por una gripe mal curada o una simple diarrea. Tampoco te faltará de comer. Te librarás del hambre, que mata a millones de niños y niñas cada año...

 

No podemos permanecer indiferentes ante ciertas cosas, Juan. Debemos rebelarnos, quejarnos, gritar, actuar, insistir... Crecerás y deberás tomar tus propias decisiones. Decidir si te conformas con la suerte que has tenido o si te rebelas contra la injusticia...

 

Federico Montalbán López