Abril-2006

Con motivo de haberle sido entregado el Premio Internacional

de Catalunya en su XVIII edición, le hicieron una entrevista

a D. Pedro Casaldáliga, obispo del Mato Grosso en Brasil,

de la que extraemos algunos párrafos.

 

 

Entrevista a Casaldáliga

 

-Un premio más. El mundo sabe reconocer a los profetas.

-Es un premio a la causa de los derechos de los indígenas, de la liberación de los pobres, de la justicia y de la paz para todos. Causas que creo sagradas, por humanas. Cada vez quedan menos defensores de esas causas.

 

-¿El presidente de Brasil, Lula da Silva, ha traicionado a los pobres de Brasil y de Latinoamérica?

-El gobierno de Lula ciertamente ha traicionado las expectativas de los pobres reales de Brasil, sobretodo de aquellos pobres más conscientes, que no pueden conformarse con las migajas que el neoliberalismo sabe echar a los lázaros tumbados a la puerta de un progreso que los excluye sistemáticamente. Era de esperar que Lula no pudiera transformar Brasil de la noche a la mañana. Ningún país vive hoy autónomamente independiente de ese mundo globalizado. Sin embargo, se le podía exigir un cambio de rumbo, una atención realmente eficaz a grandes reformas sociales, como la Reforma Agraria, el combate al desempleo, una relativa contestación al FMI y al Banco Mundial y que evitara alianzas corruptas y corruptoras.


-¿Evo Morales, en cambio, es un símbolo del renacer indígena?

-Que un indígena como Evo Morales llegue a presidente de Bolivia es un paso histórico, como, en su momento, el que un obrero como Lula lo consiguiese en Brasil. Si alguien tiene derecho a mandar en estos países son los pueblos indígenas, con los que tenemos una deuda de 500 años.

 

-¿Juan Pablo II, santo súbito y monseñor Romero, también?

-La beatificación y canonización deberían ser reestudiadas. Primero, suprimiendo de un tajo los gastos fabulosos que ellas suponen. Segundo, presentando públicamente figuras ejemplares en las respectivas regiones o sectores de la sociedad. Algunas figuras serían presentadas, por su mismo peso simbólico, en un nivel más universal. Desde luego, convendría examinar la santidad integralmente: un testimonio de vida personal, familiar, social, político. Y sin miedo de presentar aquellos santos y santas que escandalizan a los poderosos, como nuestro san Romero, por ejemplo.

 

-¿El futuro de la Iglesia está en los pobres?

-Evidentemente, el futuro de la Iglesia está en los pobres, porque el mismísimo Jesús de Nazaret proclamó a todos los vientos que de los pobres es el Reino; y ya sabemos que la Iglesia sólo existe por el Reino. A los católicos, como a Pilatos, habría que recordarnos siempre la palabra contundente de Van der Meersch: "La verdad, Pilatos, es estar del lado de los pobres".

 

-¿Le sigue doliendo la más que pobre África?

-África es el calabozo del mundo, un Holocausto continental. Sigo conservando en mi capilla una talla de madera con el mapa de África crucificada. Es el mayor desafío de la humanidad. Y su pecado más grande. Ni el mundo ni la Iglesia pueden abandonar a este continente condenado. Fue mi sueño morir en África. Pero, enfermo y débil, no me atreví a irme allá para convertirme en una carga para los demás.

 

-Ellacuría decía que “hay que ir a una civilización de la pobreza que se enfrente a la de la riqueza”.

-Hay que repartir la tierra, la ciencia, la comunicación, acabar con las armas, con la OTAN y similares, transformar la ONU. Hay que caminar hacia la intersolidaridad, porque sólo habrá justicia y democracia, cuando haya igualdad entre las personas y los pueblos. El neoliberalismo capitalista es la marginación fría de la mayoría sobrante. Hoy, para algunos, ser explotados es un privilegio. El neoliberalismo es la negación de la utopía y la mentira institucionalizada.

 

-El Papa denuncia continuamente la dictadura del relativismo.

-Y está bien que lo haga, pero también habría que rechazar la dictadura del dogmatismo.


-¿Cómo se lleva con Roma?

-Estamos en paz y me dejan en paz. En la Iglesia también hay espacio para la libertad, aunque debería crecer más el respeto al pluralismo.

 

-El Papa acaba de negar el acceso de la mujer al sacerdocio. Es increíble.

-¿Cómo puede hablar de derechos humanos la Iglesia, cuando es la única institución que sigue discriminando a la mujer? Con esta actitud, la Iglesia corre el riesgo de perder a la mujer, como ya perdió la clase obrera.

 

-¿Hay demasiados miedos en la Iglesia?

-Sí. La Iglesia tiene miedo de tener miedo. Le falta confianza en el Espíritu. Hay miedo al marxismo, al mundo moderno, al diálogo ecuménico, a la colegialidad episcopal, a los laicos, a la mujer y a los teólogos. A las comunidades de base, a las sectas, a la vida religiosa y a la Teología de la Liberación.


-¿Sigue siendo válida para hoy la Teología de la Liberación?

-Es cada día más necesaria. La Teología de la Liberación nació por el clamor del pueblo oprimido y del propio Evangelio que nos habla de fraternidad, de libertad y de vida. Mientras haya pobres y oprimidos, habrá Teología de la Liberación.


-¿Qué aprendió de los pobres?

-A ser agradecido por el don diario de la vida y sus pequeñas sorpresas, a no dramatizar los supuestamente grandes problemas personales, a confiar más en Dios, a tomarme más en serio las Bienaventuranzas y a vivir en una cierta pobreza.


-¿Valió la pena tanta lucha?

-Para despertar las conciencias, sí. Ahora los indígenas saben que pueden luchar. Por lo demás, nadie borrará nuestra palabra. Soy una criatura de esperanza.


-¿El presidente de Estados Unidos, George Bush, es un peligro para la paz?

-Bush no es sólo un peligro para la paz, está siendo el artífice y promotor de una guerra y un belicismo ciego y universal. Tristemente, en nombre de Dios.


-¿Sigue creyendo que, como todos los imperios, también el de USA caerá?

-Vamos hacia ello. Se está ya tambaleando. En gran parte por su culpa, hoy hay más pobreza en el mundo, pero también más conciencia, más agitación y más solidaridad. La Humanidad siempre camina hacia delante.


-¿Y el capitalismo, también fracasará?

-No puede triunfar, porque es imposible que triunfe la muerte, la exclusión, la opresión y el imperio del dinero.


-¿Cómo vive su jubilación?

-Como en una planicie de discreción, de humor escarmentado, de relativización sapiencial. Experimentando la pobreza biológica con sus limitaciones.


-¿Le asusta la muerte?

-En absoluto. La sentí muy cerca en varias ocasiones. Ha sido la compañera de toda mi vida. Desde mi infancia. Vi cómo los comunistas asesinaban a mi tío Luis Plá, un sacerdote de 33 años. Y en Latinoamérica, estamos ya acostumbrados al martirio. He vivido tensiones fuertes, pero nunca odié, aunque sí sentí una rabia fuerte y profunda ante muchas injusticias.


-¿Dónde quiere descansar para siempre?

-En el cementerio de los indios karajás, donde enterramos a los peones sin nombre, a los asesinados.


-¿La poesía es su refugio?

-Me sirve para respirar y para poner alegría en la vida. Es el fondo musical de mi trabajo diario. Me ayuda a realizar mejor la síntesis de mi vida. Es mi pan de cada día.


-¿Quiere dedicar a nuestros lectores una pequeña estrofa sobre la esperanza?

-Sobre la esperanza, como cristiano, claro, el mejor poema es una palabra sola: PASCUA. Hablando de la esperanza a los que tengan fe religiosa no cristiana, les recordaría que Dios es el Dios de la vida. Y a los que no tengan ninguna fe, les recuerdo, con un abrazo fraterno, que vamos hacia la vida, que venceremos hasta a la muerte. A nosotros nos toca esperanzar a ese mundo desesperanzado.