Julio-2007

 

¡Qué disparate!

 

El presidente de Venezuela, Hugo Chávez, ha pedido a la banca que dedique sus recursos a apoyar activamente, con créditos asequibles, a las empresas de su país para propiciar el desarrollo de la economía productiva venezolana. De lo contrario, advierte, la banca privada no tiene ningún sentido y habrá que proceder a su nacionalización para ponerla a trabajar al servicio del país.

 

Suena a radicalismo verbal populista al que tan dado es el presidente venezolano. Para muchos no pasa de ser un disparate más de quien tantos dice y hace. Sin embargo, con independencia de lo que cada quien piense del presidente venezolano, no está nada claro cuál es el disparate, si lo que dice Hugo Chávez o lo que denuncian sus palabras.

 

Estamos tan acostumbrados  a que la banca sea lo que es y se comporte como se comporta, que nos parece normal que así sea y una pura ingenuidad pensar que pueda ser de otra forma. Pero es esa “normalidad” lo que es un enorme disparate. En realidad, es un gran disparate lo que tenemos por “normal” en el funcionamiento de la economía.

 

Es un disparate que lo que se considere normal sea la búsqueda del interés particular por encima del interés social y del bien común; son un disparate los grandes beneficios obtenidos con desprecio y a costa de la justicia social; es un disparate haber convertido la economía en una inmisericorde selva competitiva que enfrenta a unos con otros; es un disparate la actividad económica que no está al servicio de fines sociales y que no es un instrumento para el desarrollo integral de todas las personas; es un disparate el derroche de recursos que se hace en nuestra economía mientras multitud de necesidades humanas están sin cubrir; es un disparate la economía que no produce bienes y servicios para responder a las necesidades humanas.

Nada de todo esto, que es lo que suele pasar, es normal…

 

Francisco Porcar