Noviembre-2007

 

Declaración del V Encuentro mundial de Intelectuales y Artistas en Defensa de la Humanidad (Declaración de Cochabamba)

"Nuestra lucha es por la verdad y por la justicia"

 

    En la transición de las resistencias frente al neoliberalismo a las ofensivas contra ese modelo, que se produce hoy en América Latina, el papel de los medios es trascendental. Por ello, hoy más que nunca nos manifestamos contra el poder sin control, no democrático e impune de los grandes medios de comunicación que intentan imponer su visión de la realidad y sus valores. Estos oligopolios sirven a intereses económicos y políticos de accionistas, financieros y anunciantes.

 

    Sin embargo, las transnacionales mediáticas están perdiendo credibilidad y se ha echado por tierra el mito de la invulnerabilidad de los medios. En América Latina, hay dos polos equidistantes: por un lado, el refuerzo de la soberanía, y por otro, la renuncia al espacio público. Por ejemplo, mientras México está renunciando a ese ámbito para entregarlo a perpetuidad a dos consorcios mediáticos, en Venezuela se está recobrando una concesión que imponía la dictadura de la palabra y la imagen únicas (RCTV). Como dijo el Presidente Hugo Chávez, ahora no estamos luchando contra la libertad de prensa, estamos restableciendo esa libertad.

 

    La red de redes En Defensa de la Humanidad se pronuncia por asegurar el derecho a la información y la comunicación como un derecho humano fundamental. Para ello, es de primer orden demostrar la ilegitimidad del sistema actual donde los medios están al servicio de los poderosos. Hay que recordar que se ha producido una enorme concentración antidemocrática y es abrumador el control del capital financiero sobre los grandes medios.

Debemos identificar quiénes son los aliados de los pueblos en los medios y quiénes son sus enemigos. Denunciamos a los mercenarios intelectuales que alquilan su pensamiento a las grandes transnacionales. Denunciamos a instituciones y grupos de comunicación que en nombre de un distorsionado concepto de la libertad de expresión sirven a estructuras económicas e imperialistas, como Reporteros Sin Fronteras y la Sociedad Interamericana de Prensa. Asimismo, condenamos el asesinato, la persecución y la exclusión en los medios de comunicación, de periodistas que han hecho y hacen de su ejercicio una tradición de lucha por los mejores intereses de sus pueblos.

 

    Para enfrentar al sistema dominante, contamos con los medios alternativos y la posibilidad real de fortalecer la voz de los pueblos en los medios tradicionales. Lo alternativo no está reñido con la excelencia. Es vital no enajenarnos de la veracidad, el rigor y la profesionalidad, y evitar reproducir formatos alienantes, conceptos y prácticas clasistas, sexistas y racistas de las transnacionales de la información.

El modelo de comunicación que defendemos no es el del “socialismo real”, controlado por una élite política que renunciaba a la pluralidad y a la comunicación verdadera con sus pueblos. Reconocemos que la neutralidad y la imparcialidad no existen: toda información tiene una intencionalidad oculta o manifiesta.

 

    Los estados tienen el deber de garantizar el derecho a la información y la democratización de los medios y el acceso a todos los sectores sociales. Esa garantía se logra mediante el uso público del espacio radioeléctrico y la propiedad social de los medios.

La palabra socialismo tiene múltiples interpretaciones, y por eso genera resistencia en parte de la opinión pública. Legitimarla supone rescatar sus tradiciones en la lucha por la justicia social, la paz y la felicidad de los pueblos. Debemos insistir más en el contenido que en el vocablo. De manera estratégica hay que combatir y seguir deslegitimando al capitalismo, e identificar desde los problemas del medioambiente hasta la destrucción social.

 

    La red de redes En Defensa de la Humanidad destaca los valores centrales del socialismo de nuestros días: el uso sustentable de los recursos naturales y el control público de los que no son renovables; la satisfacción de las necesidades de la gente por encima de los criterios de mercado; la defensa de la democracia en todas las relaciones colectivas y de género, y también, la interculturalidad, la posibilidad de acceso a todos los saberes, filosofías y religiones.

 

    Reconocemos el papel trascendente de los pueblos originarios en los procesos revolucionarios de nuestro tiempo y su aporte a la práctica de una democracia participativa que concibe el gobierno como servicio, que manda obedeciendo en la solidaridad y el sentido colectivo de sus instituciones. Valoramos que se deben defender y promover los medios propios de las comunidades.

Nos solidarizamos con las resistencias contra la ocupación en Iraq y contra las intervenciones en el Medio Oriente que, debilitando al imperio, permiten que los procesos revolucionarios sigan avanzando en América Latina.

 

    Condenamos el doble rasero del gobierno de Washington, la Unión Europa y los emporios mediáticos, que promueven la doctrina del buen y el mal terrorista, como se verifica en los casos de Luis Posada Carriles y los Cinco cubanos presos en Estados Unidos.

Apoyamos los procesos revolucionarios en América Latina y la presencia de la voz legítima de los pueblos en las asambleas constituyentes. En particular, apoyamos los procesos de cambio que están teniendo lugar en Bolivia, que han permitido que los pueblos acrecienten su protagonismo.

   

    Reivindicamos el trascendente papel de los pueblos originarios, de las mujeres y de la juventud en las luchas de hoy.

 

    La Red de Redes en Defensa de la Humanidad debe ampliarse y fortalecerse; debe promover estructuras de traducción para que las lenguas no sean barreras entre los pueblos; estimular procesos legales en contra de los medios de comunicación que violan el derecho legítimo a la información. ¡Nuestra lucha es por la verdad y por la justicia!

 

Cochabamba, Bolivia, 23 de mayo de 2007