mensajeros7  (Febrero/2000)

Austeridad solidaria

(El 13.2.2000 es el 5º Aniversario de la muerte de Diamantino García Acosta, cuya vida consumió en aras de la solidaridad. Este artículo suyo fue publicado en Diario 16, el 28.7.93)

...Un año, al terminar el curso, un grupo de alumnos dábamos un paseo con nuestro profesor D. Tomás Malagón y lo invitamos a que tomara con nosotros una cerveza, un refresco, un café,... Ël, con una exquisita educación, nos respondía: "No tengo costumbre de tomar ahora nada; no deseo beber nada; os agradezco la invitación, pero no me voy a tomar nada". Al poco rato, volvimos a insistirle y nos cortó en seco con una contestación que jamás he olvidado: "Miren ustedes, yo en la vida me he acostumbrado a necesitar poco, y de ese poco procuro que cada vez sea más poco".

La austeridad solidaria es la actitud que cultivaba y practicaba el profesor Malagón con todos nosotros. Desde entonces, yo quedé enganchado en el convencimiento de que uno es más libre cuanto menos necesita; y es más feliz cuanto más solidario es. Es decir, cuanto menos cerrado está sobre sí mismo.

Soy un convencido de que, para promover el bien social, cultural, espiritual e incluso económico de cada miembro de la sociedad, es indispensable frenar el consumo inmoderado de bienes materiales y contener la avalancha de las necesidades artificiales.

La cultura dominante nos impone modos de vivir insolidarios que vienen a sintetizarse en frases tan comunes y expresivas como éstas: "Hay que vivir a tope...". "Ëse no es mi problema...". "Yo a lo mío y el que venga atrás que arree...". "Hay que aprovecharse disfrutando al máximo. Que la vida se escapa en un soplo...". "Yo bastante tengo con mis asuntos...No pierdo el tiempo en cosas que no tienen solución...Que empujen otros que yo ya he hecho suficiente...". "Todo es para nada...No quiero perder más el tiempo...".

Frente a una cultura basada en el consumismo, la competitividad, la indiferencia, e incluso la indolencia, hemos de reaccionar si no queremos que esa sociedad nuestra se vaya muriendo lentamente al secársele la savia de los valores fundamentales que han de constituir sus cimientos: la fraternidad y la convivencia. Hemos de motivar el deseo y la realización de la austeridad responsable y solidaria que actualiza la capacidad que tiene el ser humano de "compadecerse", y que se orienta hacia una cultura de la fraternidad en la que todo hombre es reconocido y tratado como hermano.

En esta sociedad nuestra hemos de fomentar la necesidad de liberarnos frente al ansia de tener que nos invade. Asimismo, hemos de recuperar la sensibilidad humana ante las necesidades de los demás. El único camino que conozco para conseguir ambas finalidades es la austeridad responsable que, por otra parte, es el mejor modo de practicar una coherente y eficaz ecología que defienda la vida del planeta.

La austeridad tiene un doble sentido. Un sentido económico y ello significa "ahorro". Y un sentido moral que es lo que yo traduzco en el concepto solidaridad. Uno es más austero, no para ahorrar más, sino para compartir mejor. La solidaridad ha de tener un doble componente: afectivo, es lo que explica en su raíz la palabra compasión; y efectivo, es decir, la solidaridad ha de orientarse al compromiso con las grandes mayorías desfavorecidas hasta convertirnos no sólo en sus ayudadores, sino en sus aliados. Emmanuel Mounier, filósofo y pensador francés de este siglo, le gustaba repetir: "No tenemos más que un programa de ahora en adelante. Estar presentes entre los que sufren".

La austeridad como forma de vida es una opción responsable que requiere un trabajo social y una tarea personal. Es necesario fortalecer el tejido social motivando la participación responsable, las asociaciones democráticas desde la sociedad, para que el pueblo recupere su protagonismo. A nivel personal, decidirse por una vida de sencillez que comporte autolimitación como cultivo de la solidaridad. Es evidente que hay que resistir al consumo. No es posible ser solidario y mantener un alto nivel consumista. Acumular reservas en un mundo tan desigual es el comienzo de la injusticia. Subscribo el pensamiento del sociólogo H. Roger cuando dice en su parábola del compartir: "Trabaja para ganar lo necesario, nunca para acumular".

No es posible cambiar el nivel de vida en un día. Hay que imponerse un plan de varios años que permita abandonar por etapas sucesivas todo lo que no es absolutamente indispensable, empezando por los gastos que nos dan prestigio. Compartir lleva también a modificar tu propia vivienda, crear lazos afectivos y efectivos con tus vecinos de piso y de barrio. Nunca la solidaridad debe reducirse a sociabilidad, buena educación o mera moneda de cambio: "Hoy por ti, mañana por mí". Definitivamente, la austeridad responsable, según entiendo yo, es el mejor camino para ser solidario.