Diciembre-2000

Ofrecemos una reseña, de la mano de Irene León,

sobre una maravillosa movilización de mujeres,

que tuvo lugar en el pasado mes de Octubre.

Gestos así hacen crecer la esperanza.

 

Contra pobreza y violencia

Más de mil razones para erradicar la pobreza y la violencia movilizaron, el pasado 17 de octubre, a unas 20 mil mujeres de todas partes del mundo, hacia las Instituciones Financieras Internacionales en Washington y hacia las Naciones Unidas en Nueva York, a donde encaminaron, además de una amplia gama de propuestas de soluciones globales, cientos de ánforas llenas de firmas de respaldo, que sintetizan el apoyo ciudadano a los cambios sugeridos. Simultáneamente, en casi todos los países se celebraron marchas, actos culturales y simbólicos, conferencias, ruedas de prensa y muchas acciones más, para subrayar los matices locales de las soluciones a la violencia y la pobreza levantadas por la Marcha de las mujeres.

Como señaló Francoise David, de la Federación de Mujeres de Quebec, entidad impulsora de la iniciativa, aunque las Instituciones visitadas "no se comprometieron a cambiar el modelo, ni condonar la deuda externa de los países pobres, ni a adoptar ideas redistributivas, y que seguramente no concuerdan en todo con las propuestas encaminadas", las mujeres lograron no solo visibilizar su poder de movilización mundial, sin precedentes en la historia, sino poner sobre el tapete que las soluciones para erradicar la violencia y la pobreza existen, pero que la diferencia radica entre un enfoque de justicia universal y otro de mercado, basado éste en principios excluyentes, que beneficia a unos cuantos.

Paz con diversidad.- La Marcha de las Mujeres presentó diversas denuncias: contra la permanente exclusión de las mujeres. Contra la mundialización del autoritarismo del mercado que impone sus decisiones sobre las relaciones humanas y sobre las ideologías. Exigieron la democratización de la ONU y de las Instituciones Financieras Internacionales y pidieron que estas se avoquen a los objetivos para los que fueron creadas: velar por el bienestar de la humanidad, que comprende, entre otros, tanto la justicia económica como la paz mundial.

Y, justamente, en lo que a paz se refiere, para las manifestantes ésta tiene que ver también con lo personal y con un presente posible, pues solo si se aplicaran los principios de convivencia señalados en el marco de los derechos humanos, la violación, las agresiones domésticas, el incesto y otros males, serían ya parte del pasado.

Las declaraciones y propuestas que resultaron de la Marcha enfatizan también en el derecho a la diversidad, un ejemplo de ello fue la movilización de Nueva York, que estuvo encabezada por centenas de amerindias, para quienes la sobrevivencia de sus pueblos, como entidades colectivas, es un requisito indispensable de sus derechos ciudadanos, pues ellas se resisten a ser "una más" del modelo universalizado de mujer homogénea global .

Es también parte de esta visión de diversidad, la reivindicación del derecho a la multiplicidad de culturas, opiniones, expresiones espirituales, orientaciones sexuales, organizaciones familiares, formas de pensamiento y expresión, y por eso, el mensaje de la presencia de camerunesas, palestinas, peruanas, quebequenses, y cientos de otras nacionalidades, marchando juntas, cada quien con su estilo pero con prioridades comunes, fue claro y contundente.

"Probablemente, tengamos que volver a marchar cientos de veces hasta que nuestras propuestas sean tomadas en cuenta por las instituciones, por ahora podemos decir que por lo menos fuimos escuchadas y que vivimos esta gran experiencia de solidaridad entre nosotras", dijo Francoise David al clausurar la marcha en Nueva York.