Agosto-2001

 

En esta sección trascribimos un escalofriante testimonio de  Zahid Hussain,

publicado por  La República/Rebelión el pasado mes de Julio.

Esto está pasando hoy, en nuestra Historia Moderna,

después de siglos de “civilización”.

¿QUÉ CIVILIZACIÓN ES LA NUESTRA QUE ACEPTAMOS ESTAS SITUACIONES?

 

 

Secta fanática Talibán apoyada por EE.UU impone brutal apartheid sexual en Afganistán

 

El peor lugar para ser mujer

Ella le implora tímidamente a un extranjero que pasa por una calle de Kabul: "Señor, no soy una pordiosera". Su rostro está oculto detrás de una burqa, el sudario que, de pies a cabeza, todas las mujeres afganas deben llevar en público. El sólo mostrar accidentalmente un tobillo puede hacer que sean golpeadas o encarceladas por la policía religiosa. Hablar con hombres extraños está también prohibido -pero el gobernante movimiento Talibán no le ha dejado a las pordioseras otra opción-. "Yo era una profesora de escuela", dice. "Necesito dinero para comprar pan".

Desde que el grupo extremista Talibán, apoyado con armas y dinero por EE.UU, se apoderó de la capital en 1996, uno de sus primeros actos oficiales fue prohibir que la mayoría de las mujeres trabajaran fuera de su casa. La orden era despiadada: más de 20 años de derramamiento de sangre habían dejado a Kabul con 40,000 viudas de guerra, para no mencionar a las miles de mujeres cuyos esposos quedaron incapacitados en combate o abandonaron el país. Ahora, miles de ex médicas, maestras y otras mujeres, educadas durante los gobiernos socialistas, dependen de la caridad para evitar que sus familias mueran de hambre.

Ningún otro país somete a las mujeres a semejante crueldad, dicen los activistas de derechos humanos. Los campos para refugiados afganos en Irán y parte de las zonas rurales de Paquistán se acercan, dice Catherine Bertini, la directora ejecutiva del Programa Mundial de Alimentos (PMA), pero Afganistán es el número uno. Paquistán fue la base desde la que los estremistas talibanes, armados y financiados por EE.UU, atacaron al gobierno socialista de Afganistán en la década de 1980.

"Las mujeres pobres atraviesan por una situación muy difícil en todo el mundo", agrega Bertini. "Pero no hay un lugar peor que Afganistán". Abigail Spring, otra funcionaria del PMA, está de acuerdo: "No conozco otro lugar donde sea política del gobierno que las mujeres no tengan derechos".

El crimen violento era rampante durante la guerra financiada por los EE.UU hasta que el Talibán tomó el poder. Pero muchas mujeres dicen que la clase de ley y orden del grupo islámico es peor. "Son unos bárbaros y enfermos mentales", dice una ex profesora que rara veces se atreve a salir de su casa. "Me sentía mucho mejor incluso cuando había un caos total y llovían cohetes sobre la ciudad". Human Rights Watch afirma que hay mujeres, particularmente las que pertenecen a minorías religiosas y étnicas, que han sido violadas o vendidas como esclavas por jefes del Talibán. Recientemente, otro grupo activista, Médicos por los derechos humanos, publicó los resultados de un sondeo anónimo entre mujeres en las áreas controladas por el Talibán. Alrededor del 95 por ciento de las consultadas dijo que su vida era "mucho peor" bajo el grupo islámico de línea dura.

Los dirigentes del Talibán insisten en que sus edictos sólo protegen la virtud de las mujeres, como requiere el Corán. Después de todo, Arabia Saudita y Kuwait no permiten que las mujeres voten; las mujeres sauditas no pueden siquiera manejar. Pero esas mujeres son libres de enseñar y de practicar la medicina, a diferencia de las afganas. Ninguna otra nación, musulmana o no, impone la clase de apartheid sexual que domina a Kabul. Las leyes del Talibán no sólo limitan a las mujeres a sus casas; requieren que pinten las ventanas para que nadie pueda ni verlas. A los hombres a cargo parecen desagradarles las mujeres. Un ministro del Talibán asombró a una funcionaria de la ONU al decirle que las mujeres no pueden asumir responsabilidades porque menstrúan.