Noviembre-2003

 

 

XVIII Encuentro Nacional de Mujeres - Rosario - Argentina

 

Bárbara Funes hace un comentario en “La Verdad obrera”.

Las mujeres tenemos que organizarnos para luchar por nuestros derechos

Las mujeres encabezamos desde los inicios la lucha por el juicio y castigo a los militares. Mientras muchas mujeres fueron torturadas y asesinadas, a otras les arrebataron sus bebés muchos de los cuales, aún después de más de veinte años están en manos de sus apropiadores. Otras sufrieron la pérdida de sus hijos, hijas y nietos y del dolor sacaron fuerza y coraje para enfrentar a la dictadura y a todos los gobiernos democráticos que intentaron reconciliarnos con los genocidas mediante las leyes de Obediencia Debida, Punto final y el indulto.

Otras víctimas y otras madres luchadoras se sumaron durante la democracia al reclamo de justicia para con los políticos patronales, los policías y otras fuerzas de seguridad que violaron, torturaron y asesinaron a jóvenes de los barrios más pobres de todo el país, como Teresa Rodríguez, Soledad Morales o los casos más recientes de las chicas santiagueñas. Junto con ellas, nuestro reclamo es por la nulidad absoluta de las leyes de impunidad y por el juicio y castigo de todos los responsables de los crímenes aún impunes. Disolución inmediata de la policía y las fuerzas de seguridad responsables del "gatillo fácil" y organizadoras de múltiples redes de criminalidad. La defensa de la seguridad de la población debe estar en nuestras propias manos, en las manos de las organizaciones de trabajadores ocupados y desocupados, con la participación de los organismos de derechos humanos y de las organizaciones de víctimas de la represión policial e institucional.

Las mujeres no sólo luchamos por la justicia y el castigo a los culpables. Cada año crecen las cifras de las jefas de hogares, es decir, las mujeres que están solas al frente del hogar. En la pelea cotidiana por el pan y el trabajo siempre estuvimos presentes. ¡Debemos terminar con la desocupación que hunde en la miseria a grandes sectores de la población, especialmente a las mujeres! No queremos resignarnos a administrar la pobreza: nosotras, las que organizamos los comedores comunitarios y los cortes de ruta, debemos exigir trabajo genuino para todos y todas, con un salario igual a la canasta familiar actual y que se repartan las horas de trabajo entre ocupados y desocupados.

Las que aún tienen trabajo, saben perfectamente que no es la "gloria" de nadie. Miles de mujeres trabajadoras son superexplotadas en las fábricas en trabajos precarios, en jornadas de 10, 14 y hasta 16 horas, sufriendo condiciones de trabajo extremas y soportando, en muchos casos, el acoso moral y sexual de patrones y capataces. Nuestros salarios siempre son inferiores a los de nuestros compañeros varones aunque hagamos el mismo trabajo y en la gran mayoría de los casos no nos pagan los aportes jubilatorios ni la cobertura médica. ¡Queremos ganar lo mismo que nuestros compañeros trabajadores para cada profesión u oficio! Necesitamos recuperar las comisiones internas de los sindicatos para la lucha.

Tenemos por delante el ejemplo de las heroicas trabajadoras de Brukman, que fueron brutalmente desalojadas de la fábrica textil que ellas habían puesto en funcionamiento bajo su control durante un año y medio, mientras el corrupto empresario Jacobo Brukman la abandonó. Hoy están luchando por la expropiación de su fábrica ante la mirada indiferente del gobierno nacional y el de la Ciudad de Buenos Aires. El Estado se juega a que se desgaste la lucha: el mensaje es claro, no sólo quieren terminar con el cuestionamiento a la propiedad privada que las fábricas ocupadas, sino que pretenden que se borre la idea de que las mujeres trabajadoras podemos organizar la producción de una fábrica, podemos resolver por nosotras mismas nuestros principales problemas, organizarnos, ejercer la democracia directa, podemos intervenir en la vida pública, ir mucho más allá de las fronteras del hogar.

Apoyar la lucha de estas valientes trabajadoras es nuestro deber. Las mujeres también luchamos por la expropiación definitiva de la textil Brukman y de toda fábrica puesta producir por sus trabajadores, para imponer la reapertura bajo control obrero de toda fábrica cerrada.

Aunque las mujeres demostramos que podemos manejar una fábrica, vivimos en un país hipócrita donde no podemos manejar nuestras propias vidas ¡no tenemos derecho a decidir cuándo y con quién tener hijos! Las recientes leyes de salud reproductiva no se hacen efectivas, en muchos casos, porque no hay presupuesto, los hospitales están abarrotados de gente que ya no puede pagar su cobertura privada y también recurre a los servicios públicos de salud. Pero también hay desidia y burocracia que impiden que los anticonceptivos y los preservativos lleguen a nuestras manos. Mientras tanto, 400 mujeres mueren por año a causa de los abortos clandestinos. ¡Ni una muerta más! Luchemos contra la hipocresía de la Iglesia y el Estado que nos hablan de la vida y son responsables de este genocidio de mujeres. Exijamos el reparto efectivo de anticonceptivos gratuitos en todos los hospitales públicos y el derecho al aborto libre y gratuito.

Por eso debemos aprovechar la presencia de miles de mujeres trabajadoras, estudiantes, desocupadas, luchadoras de los distintos rincones del país en este nuevo Encuentro Nacional de Mujeres para organizarnos por nuestros derechos, de manera independiente de todas las instituciones que sólo defienden los intereses de los ricos y los poderosos como la Iglesia, el gobierno y los partidos patronales o que nos traicionan en cada lucha como la burocracia sindical.

No pedimos. ¡Exigimos! Nuestro derecho al pan... pero también a las rosas.