Febrero-2004

 

Breve, pero interesantísima, la entrevista que Mariló Hidalgo

le hace a Lorena Pajares, vicepresidenta en España de AFESIP.

 

Mujer, objeto de consumo

Unos cuatro millones de niñas y mujeres han sido vendidas o compradas con uno de estos tres destinos: matrimonio, prostitución o esclavitud.

Lorena Pajares es vicepresidenta en España de AFESIP, asociación creada por Somaly Mam -Premio Príncipe de Asturias de Cooperación Internacional- con el objetivo de conseguir la reinserción sociolaboral de mujeres en situación precaria y más especialmente, las menores víctimas de explotación sexual.

-Por nuestro país pasan cada año 500.000 mujeres que luego son obligadas a prostituirse, aquí o en otros lugares. ¿Cómo se inicia este círculo vicioso?

-Una de las principales razones es la demanda masculina de acceso sexual a las mujeres, aunque de eso no se habla. El hombre se siente legitimado para poder reclamar "servicios sexuales" en cualquier momento y a cualquier precio. La mujer es mercantilizada y como objeto de consumo se reclama que haya "variedad". Por esta razón cada vez hay más tráfico de mujeres de muy diferentes países, razas, edades. Sólo hace falta relacionar ésto con las condiciones de vida de estas mujeres en sus países de origen, las circunstancias de pobreza, las políticas de género, la violencia...

-Ahora parece que la decisión de salir de un país a buscar un futuro, es tomada en más ocasiones por la mujer que por el hombre. ¿A qué se debe el cambio?

-Es una realidad complicada en la que influyen muchos factores. Uno de los principales es lo que se ha llamado feminización de la pobreza, la consecuencia sobre las mujeres de los planes de ajuste estructural, las estructuras patriarcales, los conflictos militares, la violencia doméstica, el hecho de que cada vez más mujeres sean cabeza de familia, hacen que sea la mujer la que se ve obligada a buscar otras salidas y nuevas formas de acceso a los recursos económicos.

-La explotación sexual se ha sufrido en silencio y desde la marginación por parte de las víctimas; y con la mirada hacia otro lado por parte de la sociedad. Esto ocurre en Tailandia por ejemplo, pero también en nuestro país. ¿Hay diferencia para una víctima según se trate de uno u otro lugar?

-No. Las consecuencias en la identidad, dignidad y autoestima de la persona no dependen del lugar en el que se encuentre. Estamos hablando de esclavitud. La esclavitud sexual es un atentado contra los derechos fundamentales tanto en Botswana como en Suecia. Por tanto, es un problema que debemos abordar desde este punto de vista, el de los derechos humanos, independientemente de las circunstancias concretas o situación geográfica de cada mujer.

-Este tipo de esclavitud ¿qué valores destruye en la víctima? ¿Se pueden recuperar?

-Los traumas son enormes. Los perfiles psicológicos de estas mujeres reflejan destrucción de la autoestima, estrés, falta de esperanza, desmotivación, depresión, soledad, ansiedad... La recuperación es muy complicada, requiere mucho esfuerzo y energía por su parte, pero es posible, aunque la violencia sufrida es imposible de olvidar. Hacen falta políticas contundentes que ataquen la raíz del problema, que impidan que las mujeres sean víctimas de ello y que dispongan de los medios necesarios para su eficaz reintegración.

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(Revista Fusión)