Junio-2005

 

Denunciaremos los asesinatos en Ciudad Juárez,

las veces que hagan falta

 

Son muchísimas las voces en el mundo que están denunciando, desde hace trece años, los numerosos asesinatos de mujeres en la ciudad de Juárez (México).

A los gobernantes mexicanos casi mejor ni escucharlos, porque son la imagen más pura del típico cinismo de los políticos y del falso palabrerío de los gobernantes. 

Ante el informe de Amnistía Internacional, dice ahora el secretario de Gobernación, Santiago Creel, que será revisado con todo detalle, antes de dar una declaración oficial: “No voy a contestar críticas, porque obviamente la situación es crítica y yo, como secretario de Gobernación, lo primero que tengo que hacer es reconocer la realidad de las cosas. Mucho menos me voy a poner a justificar o a defender algo que estamos viendo que no está saliendo bien”.

En la inauguración de un seminario sobre los derechos humanos (ni más ni menos), este señor se descuelga diciendo que: “Sin duda alguna, Ciudad Juárez es un reto para todos nosotros. Lo es para el gobierno federal y no vamos a eludir nuestra responsabilidad, ni mucho menos a estas alturas vamos a echarnos la bolita unos contra otros. Es un asunto grave, de resolución urgente; también hay que reconocer la complejidad y el reto que marca este caso”...

 

Mientras el gobierno mexicano, después de trece años, sigue pensando que debe estudiarse este asunto, en 2004 fueron asesinadas tres mexicanas cada día, en 24 regiones del país, 1.117 en total. Estamos hablando de un sistema de impunidad y de la existencia de un crimen de Estado, basado en el género, sustentado por la falta de políticas públicas que garanticen a las mujeres su vida y su libertad.

Por ejemplo en Ciudad Juárez: tras trece años de denuncia aún no se han realizado medidas preventivas por parte de las autoridades, ni diagnóstico integral sobre la violencia feminicida. Tampoco se avanzó en la identificación de osamentas, ni los expedientes han sido reconstruidos. Incluso los recursos destinados para atacar el problema fueron retenidos por la Secretaría de Hacienda hasta octubre de 2004.

Pero, el pasado mes de marzo, se presenta en la ONU, para evaluar los avances de la Mujer, la representante del gobierno Mexicano (Martha Sahagún) y dice que “no hubo impunidad y que la mayor parte de los casos fueron resueltos”.

No falta más que llegue el filósofo de turno y nos diga: “todos  los pueblos del mundo tenemos los gobiernos que nos merecemos”.

 

No estamos hablando de muertes como consecuencia de la violencia generalizada, estamos hablando de violencia de género, de asesinatos de mujeres por ser mujeres.

Perdonen el estremecedor testimonio que sigue: “Callate pinché vieja, no grites, no hagas nada porque sino sí te mueres. Así, colabora y déjate llevar. Acto seguido ella es despojada de su ropa sobre la zona del Cristo Negro en Ciudad Juárez por sus captores, pasada la media noche después de varias horas de secuestro.  Quienes la llevaron allí, hombres entre los 25 y 35 años, empiezan a bajarse los pantalones sucios y experimentar una erección alucinada y macabra, fortalecida por el consumo de droga y alcohol, clásico en la región. Uno a uno empieza -a carcajadas mudas por la distancia que existe entre ellos y la ciudad- a violarla una y otra vez hasta el cansancio sin importarle la cara de desesperación y terror que la victima experimenta en silencio por la amenaza recibida, después de media hora de sufrimiento y encima de ella uno de sus últimos captores, empieza a lamerle la cara al tiempo que la penetra hasta el grado de lastimarse el mismo, sin darse cuenta que la victima está desmayada con la mirada petrificada a la oscuridad. Sin pensarlo dos veces, uno de ellos saca de entre sus ropas un revolver 38 especial y le dispara en la cabeza porque es el procedimiento conocido en la comarca, el mismo que ha dado resultado ya que la mayoría de los crímenes perpetrados sobre mujeres en Juárez quedan sin resolverse cuando todo esto pasa”.

“En efecto, a partir de un 23 de enero de 1993 cuando apareció el primer cuerpo, la cadena de asesinatos no ha parado, sigue criminalmente cultivándose en una  zona dominada desde hace mucho tiempo por la violencia, el narcotráfico, la delincuencia, la ineficacia gubernamental, la corrupción y la impunidad. Todo ello fortalecido por la ignorancia y vulnerabilidad de un género sobre otro, sometidos por la delincuencia barrial y de jóvenes bien nacidos. Tan sólo en Juárez, existen más de 300 bandas, identificadas solamente 91 de ellas”.

Cuatro mil mujeres permanecen desaparecidas.

 

No lo decimos nosotros, lo dice la fiscal especial para homicidios de mujeres en Ciudad Juárez, María López Urbina, y lo dijo ante el presidente Vicente Fox: “167 servidores estatales intervinieron en 29 averiguaciones previas y 81 funcionarios tienen posibles responsabilidades administrativas o penales por una mala atención que habría impedido resolver asesinatos de mujeres”.

Advirtió que el crimen organizado apenas comienza a ser tocado por la justicia, y remarcó que el feminicidio en la ciudad fronteriza con Estados Unidos, es una clara muestra de la impunidad prevaleciente.

La comisionada Guadalupe Morfin sostuvo que en el estado de Chihuahua, la policía brinda protección a bandas criminales. Igualmente, señaló que funcionarios de la policía judicial del estado estarían involucrados en los asesinatos.


d.t.