Febrero-2006

 

Sexo y mercado

 

Así titulaba Ignacio Ramonet un artículo publicado hace meses en la Voz de Galicia. La prostitución es un tema que siempre resulta complicado cuando se quiere mirar desde una perspectiva humana.

En España, al parecer, se ha impuesto el prejuicio machista sobre este tema y es el país europeo donde se da la mayor expansión de la industria del sexo. Aquí no parece verse el problema y nos limitamos a analizar el tema como pura cuestión de libertad individual, de uso libre del cuerpo y de decisión personal sobre el deseo y el placer. Son muchos los que no quieren enterarse del problema.

Parece que viviéramos bajo la influencia ultraliberal reinante, “donde se afirma que el mercado lo domina todo, lo mercantiliza todo y que, en definitiva, una mujer -puesto que existe oferta de relación sexual y demanda- puede convertirse en una mercancía. Algunos se niegan a ver la diferencia entre la venta de la fuerza de trabajo en una sociedad capitalista y la venta del cuerpo como receptáculo de la personalidad y de la identidad” (1).

El negocio del sexo mueve en España unos cuarenta millones de euros diarios, o sea 14.000 millones de euros al año… Es decir, mucho más de lo que gastará la Unión Europea en los próximos cinco años en investigación científica y desarrollo tecnológico, claves del futuro europeo.  El fiscal, Carlos Castresana, reconoció que el tráfico de mujeres en España ha comenzado a reemplazar a grandes pasos al de la droga, se ha convertido en “un negocio más rentable que deja millonarios beneficios con escasos riesgos”, que está en manos del crimen organizado. "En Europa cada trabajadora sexual deja un beneficio de 100 mil euros por año a cada proxeneta y, cada uno de ellos regenta al menos de 20 a 25 mujeres".


Como otras formas de violencia contra la mujer cometidas por el hombre, la prostitución es un fenómeno específico de género. La abrumadora mayoría de las víctimas son mujeres y niñas. La prostitución y el tráfico de mujeres suponen la existencia de una demanda de mujeres y menores, en particular niñas. Mujer, de entre 19 y 25 años, extranjera, controlada por las mafias y con cargas familiares en su país es el perfil de la prostituta que trabaja en las calles de Europa y Estados Unidos.

Si los hombres no considerasen como un derecho evidente la compra y explotación sexual de mujeres y menores, la prostitución y el tráfico no existirían.

Estudios internacionales demuestran que entre el 65% y el 90% de las mujeres prostituidas fueron víctimas de abusos sexuales cuando eran niñas por parte de familiares o conocidos. El tráfico internacional de mujeres y menores es un problema que aumenta cada vez más en todo el mundo.

El profesor Carlos Paris afirmó que el 90% de las mujeres que se prostituyen en España son extranjeras, en su mayoría introducidas por redes de mafiosos del sexo.

Un informe de la Agencia EFE decía que el 60% de las mujeres que ejercen la prostitución en Madrid son latinoamericanas, especialmente ecuatorianas y colombianas.

¿Causas?. Se apuntan varias: la gran demanda de servicios sexuales en los países desarrollados y promovida por la industria de la pornografía; la llamada “feminización de la pobreza” y los altos índices de discriminación existentes en los países del Tercer Mundo;  la violencia contra las mujeres es, en la práctica, un asunto de poca relevancia para los gobiernos (más aún para gobiernos latinoamericanos), que lo tratan como tema “del ámbito privado de la familia”,…


Este tema reclama una seria reflexión y no una mera atención: ¿Por qué existe la prostitución? ¿Quiénes son y de dónde provienen las mujeres que la ejercen? ¿Quiénes son los demandantes? ¿Quiénes son lo beneficiarios? ¿Por qué unos la consideran digna y otros indigna?...

“En nuestra sociedad-mercado en la que todo (menos el cariño verdadero) se compra y se vende, en la que la inmensa mayoría de las personas venden la mitad de su vigilia (y la casi totalidad de sus sueños) por un puñado de monedas, la prostituta es el chivo expiatorio de la degradación colectiva” (2). Se refiere a esas mujeres, que hasta les reducen el nombre de prostitutas en “putas”, que venden su cuerpo, mientras que los demás sólo vendemos el alma, que no se ve (ni se toca), lo que nos permite proyectar nuestra propia humillación cotidiana, nuestra alienación, en otras servidumbres menos encubiertas, acaso menos hipócritas, como es “irnos de putas”. Si consideráramos todas las formas de prostitución existentes, y no sólo las del cuerpo, quizás termináramos afirmando que “todos somos putas”.

Para terminar, un dato: Suecia ha querido convertirse en pionera mundial del combate contra el tráfico de seres humanos con fines sexuales. En ese país escandinavo, la legislación permite condenar a todo hombre que compra sexo, el prostituidor, a seis meses de cárcel... Gracias a esa medida, la prostitución ha sido, en la práctica, erradicada.

 

d.t.
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1) Referencia al artículo de Ignacio Ramonet en la Voz de Galicia, 30.9.2005

2) Carlo Frabetti