Febrero-2008

 

Por su profundidad, por su estilo ameno y cercano, por su lenguaje popular,

por su autenticidad, por su sentido solidario,…ofrecemos este texto  de una mujer,

Sylvia de Béjar, dirigido especialmente a mujeres.

 

LA BELLEZA COMO ESCLAVITUD

 

En los últimos años el inalcanzable ideal de belleza femenino se ha convertido en una de las armas más efectivas para frenar el progreso de la mujer, una manera muy disimulada de cortarnos las alas, una nueva forma de esclavitud.

Supongo que has visto alguna fotografía de las mujeres Padaung (Birmania), que tienen la costumbre de alargar su cuello mediante el uso de una serie de aros de cobre o plata. Debe de parecerte una crueldad, como lo era que a las mujeres de las clases pudientes chinas les vendaran los pies para que éstos no pudieran crecer o que nuestras tatarabuelas llevasen corpiños que apenas les dejaban respirar. Sin embargo, no consideras cruel lo que el ideal de belleza te exige…

 

¿Te has parado a pensar cuántas horas al día le dedicas a nuestro físico?

¿La de neuronas que gastamos pensando en él?

¿La de dinero que invertimos?

¿La de hambre que pasamos?

¿La de complejos que tenemos?

¿Lo mucho que sufrimos?

¿La de energía que gastamos en una batalla perdida de antemano?

 

El ideal de belleza femenino imposibilita que

 una mujer pueda estar satisfecha de sí misma.

 

Además, la perfección de esta forma de esclavitud es tal que es capaz de eclipsar cualquier otra virtud o logro femenino. Da igual que una mujer sea inteligente, creativa, positiva, trabajadora, generosa, amable, simpática, comprensiva, solidaria, empática Si su físico no es el adecuado, no es deseable, está fallando. ¡Es censurable!.

 

                            SABÍAS QUE…

                                   Una de cada dos mujeres hace dieta durante casi toda su vida.

                                   La mayoría de las adultas se consideran más gordas de lo que son.

                                   Una encuesta realizada en una revista femenina estadounidense reveló que la mitad de las mujeres prefería perder cinco kilos                                                            a encontrar al hombre de su vida o alcanzar sus aspiraciones profesionales.

                                   “La mitad de la población se muere por adelgazar y la otra mitad se está muriendo de hambre” (pintada en una pared).

 

Dicho de otro modo:

 

-         estar gorda (es decir, todo lo que no sea asemejarse a un hueso con una fina capita de piel) equivale a fracaso;

-         tener celulitis equivale a fracaso;   

-         la flacidez equivale a fracaso;

-         tener estrías equivale a fracaso;

-         unas cuantas arrugas equivale a fracaso;

-         las canas equivalen a fracaso…

-         todo lo que no se asemeje a las modelos que aparecen en las revistas equivale a fracaso,

     ¡un fracaso personal!

     porque, para colmo,

     nosotras somos responsables de nuestro físico.

 

La ley de la gravedad, el paso de los años, la ajetreada vida que llevamos, los disgustos, el cansancio, el miserable pan nuestro de cada día, nada tienen que ver. La culpa, ¿cómo no?, es nuestra. Porque no tenemos fuerza de voluntad para prescindir del postre y hacer dos horas diarias de gimnasia, porque no invertimos lo suficiente en potingues y tratamientos de belleza, porque no nos fundimos nuestra tarjeta de crédito en vestir a la moda, en definitiva, porque somos incapaces de controlarnos a nosotras mismas, somos unas dejadas, peor aún, no nos valoramos lo suficiente.

 

Seguro que has visto esos anuncios de una conocida marca cosmética que acaban siempre con la modelo de turno diciendo: “Porque yo lo valgo”.

Y yo, pero por mucho que use ese producto, nunca seré como ella, ¡no te fastidia! Lo siento, pero si, al igual que me sucede a mí, no te pareces a  esa monada, has fracasado. No importa lo fantástica que seas. Ni un premio Nobel te redimiría. No estás a la altura. Eres fea.

 

Es aberrante. Piénsalo, piénsalo detenidamente. Si nuestra seguridad depende de un físico que irremediablemente se aja y del visto bueno de los demás, somos totalmente vulnerables. Y ¿a quién le estamos jugando el juego? Es evidente que este tema da para escribir un libro, por lo que sólo me permito unos apuntes:

 

* La carrera para estar guapas nos tiene tan ocupadas que dinamita nuestra lucha contra la desigualdad sexual. Difícilmente podremos combatir  el patriarcado desde la posición de objeto. ¿Cómo se le puede plantar cara a un sistema que nos minusvalora por el hecho de ser mujeres si nosotras mismas nos juzgamos y actuamos según sus reglas? Recuérdalo: nuestra falta de autoestima (qué es sino sentirse inferiores por culpa de nuestro cuerpo) hace que nos sintamos indignas y, por lo tanto, que no nos creamos con derecho a…¡nada! Quien se infravalora no tiene fuerzas para luchar.

 

* Nuestros complejos posibilitan un gran negocio. Piensa en la de billones que nos gastamos en cosmética, productos farmacéuticos y dietéticos, en institutos de belleza, en cirugía plástica (cada vez hay más quinceañeras pasando por el quirófano), en ropa y calzado de temporada… Piensa en la de millones que se gastan todas esas marcas en hacerse publicidad para convencernos de que nos convienen. Piensa en el nivel de libertad de expresión que puede tener un medio de comunicación que vive básicamente de esa clase de anunciantes. ¡Que se lo pregunten a las periodistas especializadas en belleza y moda!

 

* También existe un doble rasero en lo que se refiere a la imagen. Por ejemplo, mientras que nosotras hemos de parecer figurines, ellos aún pueden lucir curva de la felicidad. Te habrás dado cuenta de que para ellos no es barriga, sino curva y, por si fuera poco, de la felicidad. ¿Quieres otra prueba? A nosotras las canas nos hacen viejas, las de ellos, en cambio, son atractivas o, como mínimo, interesantes. Y que no falte la guinda: según se afirma, nosotras nos fijamos en otras cosas. Es cierto que las mujeres valoramos muchas otras cualidades en un hombre, pero también nos gustan los tíos buenos. Me encantaría saber en qué se basan  quienes afirman que su físico no nos importa. No será que, como siempre, les evitaremos cualquier tipo de trauma y a nosotras ¡que nos zurzan!.       

 

* Me pregunto cuántos hombres resistirían la presión de verse continuamente juzgados por su aspecto. Parece ser que ellos también van cayendo en la trampa    -la de intereses económicos que hay en juego; imagino a los directivos  de las multinacionales de belleza frotándose las manos-, pero todavía falta mucho para que lleguen a nuestros niveles de paranoia y, sinceramente, espero que sean más inteligentes en este aspecto. ¿Acaso no les basta con los complejos que les causa el tamaño de su falo?

 

* De pequeñas no éramos tan tontas. Hasta aproximadamente los ocho año, las niñas suelen tener una buena dosis de autoestima y una sana opinión de su apariencia física. Es a partir de entonces y sobre todo durante los difíciles años de la adolescencia  cuando su autoimagen cae en picado. ¿Causa? Porque a partir de los ocho años, más o menos, las chicas tomamos conciencia de lo que se espera de nosotras y basta con fijarse en el nivel de atractivo que se nos exige para entender lo que sucede.

 

* A veces nuestro físico nos sirve de excusa para no afrontar nuestros auténticos problemas. Me refiero a frases del tipo: “Si fuera más guapa, seguro que tendría más éxito en el trabajo/una pareja, etc.”.

Puede que haya cierta parte de verdad en ello, se ha demostrado que la belleza ayuda profesionalmente y/o a captar el interés de más hombres, pero ojo con utilizar nuestras supuestas carencias físicas como pretexto para la inmovilidad y el victimismo. ¿Lo haces tú?

 

* Lo que más me duele reconocer: la necesidad de gustar es capaz de enfrentar a las mujeres y hace emerger sus peores instintos; ¿te suenan, por ejemplo, la envidia, los celos y la mala leche? No me refiero sólo a la competición que se entabla entre muchas de nosotras por conseguir la atención del sexo contrario, la dichosa “lucha por el varón”, sino a que nadie es capaz de hacerte sentir peor que esa encantadora conocida que te comenta qye “hoy no tienes muy buena cara”, y no precisamente porque le preocupe tu estado de salud; te dice que esos pantalones que acabas de comprarte con toda la ilusión del mundo “te aprietan un poco, ¿no crees?”, o pone cara de decepción mientras te mira de arriba abajo. No digo que siempre sea así, por suerte todas tenemos buenas amigas, pero ocurre. Y es patético.

 

* Paradójicamente, mientras se nos exige que aprendamos a conocer y sacar partido de nuestro cuerpo para resultar sexualmente atractivas para los demás, no se nos alienta a conocer y sacar parido de nuestro cuerpo para disfrutar (nosotras) de nuestra sexualidad. ¿Sabías que la delgadez afecta negativamente a la libido?

 

* Última pero fundamental: Si no te sientes cómoda en tu cuerpo difícilmente vivirás bien tu sexualidad.

No querrás mostrar o dejarte tocar algo que te acompleja. Aún peor, si no te gusta tu cuerpo, si lo rechazas, ¿cómo vas a permitirle (permitirte) experimentar placer?. Una muestra: un estudio realizado entre 200 universitarias del Columbia Collage (Estados Unidos) indicó que dos tercios de las entrevistadas tenían una imagen negativa de su propio cuerpo y que por ello rechazaban mantener relaciones sexuales, no las disfrutaban o se mostraban más tímidas durante el sexo.

Está claro: no gustarte a ti misma es un impedimento para el deleite. ¿Piensas esconderte toda la vida? ¿Piensas renegar de tu cuerpo eternamente? ¿No sería mejor aprender a aceptarte, amarte a ti misma y dejarte gozar?

Un estudio de la revista Cleo sobre “Amor, sexo y dieta” demuestra cuán distintas con nuestras formas de mirar. A los encuestados les enseñaron  las fotografías de cuatro modelos de diferentes tipos para que eligieran el cuerpo ideal. La aplastante mayoría de las mujeres describió como perfecta a la más delgada, sólo el 19% de los hombres consideró que lo fuera. Ellos, en cambio, se decantaron mayoritariamente por una que el 85% de las encuestadas describió como “persona con sobrepeso”.

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(El texto corresponde a un libro “Tu sexo es tuyo” de una gran especialista

 y excelente mujer, Sylvia de Béjar. Editado en el Círculo de Lectores)