Junio-2006

 

Testimonios con otro sabor

 

Un simple plátano.

Después de 11 años trabajando como médico en uno de los países que hemos bautizado como “Tercer Mundo”, debí volver a mi casa por asuntos personales.

En una cena familiar, un pariente cercano me preguntó que para qué había estudiado Medicina si estaba malviviendo en una zona perdida de la selva. Sin siquiera darme tiempo a responder, justificaba socarronamente su duda afirmando que, para vivir así, mejor me hubiera hecho misionera y no habría tenido que malgastar (¿) los mejores años de mi juventud estudiando.

Lo realmente curioso es que casi todos los allí presentes le daban la razón haciéndome sentir un animal raro.

Quizá yo pensaría como ellos si me faltase la experiencia de estos años: muchos pacientes han llegado a ofrecerme un plátano como agradecimiento por haber ayudado en un parto o haber aliviado un dolor innecesario de una enfermedad incurable.

Un simple plátano, qué miseria para nuestros estómagos saciados, ¿verdad?

Lo que muchos no saben es que dos plátanos son la cena –incluso comida de un día completo- de un matrimonio con tres niños.

Sin embargo, en una acción de máxima gratitud (eso que a los occidentales nos falta) han reconocido mi modesto trabajo compartiendo conmigo lo máximo que tienen.

¿Puede un profesional sentir mayor satisfacción?

        

         Dulcina Fonseca García (1)

 

 

Hay tanta gente colaborando con el alba, es asombroso.

El otro día, una brutal tormenta saqueó los plásticos que cubren las casas del campo de refugiados de Lainé, al sur de Guinea.

Mientras se desarraigaban las frágiles tiendas, Gertrude, guineana, y Cova, española, se resguardaron, con todos los que estaban en ese momento en la escuela, en nuestro pequeño almacén, hecho con madera.

Viendo que faltaban los niños de la guardería, arrastradas por el viento y el agua, salieron a por ellos y, ayudadas por otras mujeres, los llevaron hasta el almacén. Allí, empapadas como los refugiados, junto con los refugiados, rezando porque no se desplomara la estructura, esperaron a que amainara.

Más luego se pusieron a buscar nuevos plásticos para que la gente tuviera donde pasar la noche.

La eternidad tiene estos prontos.

        

         Gonzalo Sánchez-Terán         (2)

 

Ser mujer en un país musulmán y ocupado.

Conversación con cuatro activistas-víctimas de Irak, Afganistán y el Kurdistán: Bahira Abdulatif es escritora, Imán Jamás periodista, Zezine Turkeri periodista y  Mehmuda” de una organización feminista afgana.

         Bahira comenzó preguntando: ¿Quién no ha oído teorizar sobre las musulmanas? ¿Pero quién se atrevería a hablar de mujeres cristianas?

Todas coincidieron en la necesidad de separar religión y Estado.

         La idea de la mujer musulmana como perpetua víctima de los hombres musulmanes, más que empatía genera lástima, y la lástima sin más nos aleja del respeto. ¿Damos por hecho que las mujeres en los países de cultura musulmana son inferiores?

         La lista de derechos que el Islam garantizaba a las mujeres al principio, avanzada respecto a las religiones monoteístas precedentes, ha sido mermada a lo largo de los siglos. Se tergiversan los versos coránicos para mantener la supremacía del hombre sobre la mujer. Turkeri va más allá: “todas las religiones discriminan al ser humano y a las mujeres mucho más”.        

         En todo caso es preciso un análisis más complejo: la religión es sólo un factor… Los problemas de las mujeres en Afganistán son políticos... Las pautas sociales y tribales (…) son mucho más fuertes que las pautas religiosas. También  las causas económicas son un vector de discriminación.

         Si las mujeres musulmanas son víctimas indefensas, vamos a salvarlas, fue uno de los argumentos para invadir Irak y Afganistán. Pronto se evidenció la falacia. Las fuerzas de ocupación no diferencian entre hombres, mujeres y niños (…) cuando bombardean ciudades o cuando arrestan a gente. Hay miles de mujeres en las prisiones iraquíes sin ningún tipo de procedimiento legal, tratan a las iraquíes como tratan a todo el pueblo iraquí, como enemigas.

         La violencia contra las mujeres es peor que en los tiempos de los talibanes…También es cierto que sin el apoyo de las mujeres la resistencia no hubiese llegado hasta donde ha llegado.

         En un conflicto las mujeres también pueden ser víctimas estratégicas: su humillación se convierte en un arma de guerra contra sus compañeros, familias o comunidades…Arrestan a las familias de los combatientes e infligen a sus mujeres torturas y abusos, insultando así su honor…

        

         Sarah Babiker y Hazel Healy (3)

 

 

Asociaciones de mujeres e intervención humanitaria en la República Democrática del Congo.

         "Somos activistas y víctimas al mismo tiempo. Realizamos actividades de sensibilización, de movilización, de reinserción, de mediación familiar, de acompañamiento médico y jurídico para las víctimas de violencias sexuales. Documentamos casos, un trabajo realizado con pocos medios. No tenemos un sueldo ni apoyo psicológico. Escuchamos las historias de estas mujeres, pero a nosotras no nos apoya nadie".      

         El lema de campaña  : Para que el cuerpo deje de ser un campo de batalla.      
         "Creo que trabajamos para restaurar la justicia y ayudar realmente a las víctimas, y no las consideramos objetos para recaudar fondos"

         Exigimos un reconocimiento total por parte de las ONG internacionales y de la ONU sobre la importancia que tiene el papel de las asociaciones locales. Con demasiada frecuencia, las entidades congoleñas no consiguen financiación y se las margina en beneficio de las ONG extranjeras, que se van rápidamente cuando la situación empeora.

         Exigimos una reforma del sistema jurídico nacional, pretendemos que los autores de delitos sexuales sean condenados. No puede existir un proceso de pacificación en la RDC sin justicia: objetivo primero de las asociaciones locales. Ya hemos forzado una ley sobre la violencia sexual.

         La intensidad de la violencia sexual es sorprendente. Estos crímenes los cometen tanto los guerrilleros como las fuerzas gubernamentales. En octubre del 2007, el coordinador de urgencias de la ONU, John Holmes, declaró que desde el 2005 se habían registrado más de 32.000 casos únicamente en la provincia de Kivu del Sur, y eso sólo es la punta del iceberg.       
         La violencia sexual incluye las violaciones, pero también actos que sobrepasan este horror. Entre otros, el esclavismo sexual en los campos de las tropas armadas donde grupos de mujeres de todas las edades sufren las peores atrocidades. También se han registrado casos de violaciones colectivas en los pueblos, como por ejemplo en el 2006, cuando 200 mujeres fueron violadas durante una incursión en Songo Mboyo, en la provincia ecuatorial.    
         Para las víctimas, las consecuencias son múltiples: el rechazo de la familia y de la comunidad, las enfermedades sexuales, los traumas sicológicos... "Vivimos de cultivar los campos, pero no podemos ir por miedo a ser violadas o asesinadas".


        
Jonathan Leclerc (4)

 

 

Maravillosos testimonios que, como diría Sánchez-Terán, desprecian a los desencantados, a quienes dicen que nada cambiará, que el ser humano no tiene remedio, y hostigan a los neutros e indiferentes.

Tal vez sea verdad que una persona enamorada de la justicia puede desbancar moles de odio.

Tal vez haya que empezar a parecernos a nuestras convicciones.

¿Nuestros compatriotas? Tal vez, tarde o temprano, habrá que decidir quiénes son tus compatriotas: aquellos con los que compartes lengua y tatarabuelos, o aquellos con los que compartes el ansia de habitar un planeta más justo en el que todas las personas podamos vivir dignamente en paz.

De esta decisión dependerá cuál sea tu patria, el miedo o el mundo.

 

d.t.

 

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(1)    Sección Cartas de la revista XLSemanal  (.1.077)

(2)    Cartas desde África. Revista Semanal. Desde Guinea Conakry, abril-2004

(3)    Extracto de entrevista aparecida en Diagonal (4.5.2008)

(4)    Oozebap (abril-2008) Más información en  http://www.rdcviolencesexuelle.org/