(septiembre-2000)

 

Cuántas voces, como el comentario de Xavier, existen hoy en el mundo que nunca son escuchadas.

Tal vez porque no puedan serlo, porque también las palabras están monopolizadas.

Las necesidades, los valores, los derechos...no son como aparecen en las Declaraciones

y en los diccionarios, sino como los definan los Centros de Poder del Mundo.

Parece que sólo las palabras de unos cuantos son las únicas válidas y con efectos secundarios.

El resto de voces, de clamores, de mensajes,... están destinados a la papelera.

 

 

Cambio climático, pero no político

Xavier Pastor

Todo parece apuntar a que sólo por medio de golpes y sustos aprende el ser humano. El descubrimiento de un lago a pocos kilómetros del Polo Norte, donde debería haber gruesos bloques de hielo, ha servido para volver a recordar que, aunque miremos para otro lado, el cambio climático sigue su inexorable avance.

Durante muchos años, pero especialmente a lo largo de los últimos 10, la comunidad científica ha mantenido un acalorado debate sobre este tema y sus potenciales efectos. El Panel Intergubernamental de Cambio Climático (PICC), establecido por Naciones Unidas, ha aglutinado a miles de científicos de todo el mundo para analizar la tendencia de las temperaturas en el planeta y los posibles escenarios futuros, en caso de continuar subiendo las temperaturas medias. Existe ya el consenso generalizado de que las actividades humanas están contribuyendo a esta subida de las temperaturas.

Desde el principio, las previsiones ponían especial énfasis en la rapidez con que se estaban calentando los polos. Las temperaturas aumentan en aquellas regiones entre tres y cuatro veces más rápido que en el resto del mundo. Las imágenes de glaciares retrocediendo, grandes icebergs desprendidos navegando a la deriva o enormes grietas de kilómetros sobre el hielo han ido mostrando, año tras año, nuevas evidencias sobre el avance del cambio climático. Se estima que el Artico ha perdido el 40% de su extensión y espesura helada en los últimos 40 años. Y se teme que, de continuar esta tendencia, en apenas 50 más, el Polo Norte no tendrá hielo durante los meses de verano. Al tener gran parte de sus hielos sobre el continente, la Antártida resiste un poco mejor, aunque sólo un poco.

La comprobación de que ahora se puede circunnavegar la Isla de Ross, antes siempre unida al continente antártico por una espesa masa de hielos, refleja que también allí los efectos se muestran cada vez más. Pero el impacto del cambio climático no se circunscribe a las zonas polares. Aunque más lentamente, en el resto del planeta se van dejando sentir muchas de las previsiones sobre el impacto del incremento de las temperaturas. Algunas islas del Pacífico y del Indico están ya con el agua al cuello debido al aumento del nivel del mar. Millones de personas se enfrentan a la posibilidad de perder sus casas y tierras de cultivo bajo el manto marino si los océanos continúan subiendo. Otros potenciales impactos incluyen la desaparición de miles de especies debido a la pérdida de su hábitat, variaciones en los regímenes de lluvias, cambios de las corrientes marinas, incremento de vientos, tifones o huracanes, expansión de las enfermedades tropicales, salinización de los acuíferos costeros, etcétera.

Estos problemas nos afectan ya directamente, pues la región mediterránea es una de las más afectadas por los impactos del cambio climático, y ello debería provocar una reacción rápida de los gobiernos de la zona.

España tendría que tomar el liderazgo de los países que exigen medidas urgentes para frenar el calentamiento global. Sin embargo, esto no es así. En 1992, en la importante reunión de la Cumbre de la Tierra, celebrada en Río de Janeiro, se establecieron los primeros acuerdos internacionales para afrontar el cambio climático. Más tarde, en Japón, con la firma del Protocolo de Kioto, se adoptaron una serie de compromisos para reducir las emisiones a la atmósfera de gases de efecto invernadero, como el dióxido de carbono. Aunque las reducciones eran muy modestas -un 5% para el 2010 con respecto a las emisiones de 1990- comenzaba a verse un camino. Eso sí, algo tortuoso.

Poco hemos tenido que esperar para ver que las palabras se las llevaba el viento. Los países desarrollados, principales culpables de la situación, han buscado todo tipo de estratagemas para ignorar sus compromisos.

Algunos, como España, en lugar de reducir estos gases, han optado por seguir como si no ocurriera nada y han aumentado sus emisiones de CO. En nuestro caso hasta un 23%.

No se han tenido en cuenta ni los llamamientos internacionales, ni los alarmantes informes que predicen la erosión de nuestras costas con la pérdida de la mayoría de las playas, ni el que la región comprendida entre Murcia y Almería haya sido incluida entre las de máxima alerta por el avance de la desertificación y la disminución de precipitaciones. No sólo es difícilmente explicable que el Gobierno español tire piedras contra su propio tejado, sino inmoral que, cuando millones de personas alzan su grito pidiendo auxilio porque ven el agua del mar llamando a sus puertas, los países industrializados, en lugar de mantener actitudes solidarias, abran aún más el grifo.

Los habitantes de los países ricos, con Estados Unidos a la cabeza, emiten 25 veces más gases contaminantes que los países pobres. La concentración de CO en la atmósfera no para de incrementarse, y las emisiones actuales son 12 veces superiores a las que se producían a principios del siglo XX. La pasividad de los gobiernos supone tomar partido por las empresas más contaminantes y en contra de los intereses generales de todos los habitantes del planeta. Su actitud ha llevado a que 16 organizaciones ecologistas internacionales aúnen esfuerzos y pongan en funcionamiento una página web para informar sobre el problema del cambio climático, abriendo una vía de comunicación en la que cualquier ciudadano del mundo pueda expresar su protesta ante los principales dirigentes mundiales. Se pretende reunir 10 millones de firmas, un millón por cada año de retraso que llevan los gobiernos en tomar medidas, para presionar ante la próxima cumbre sobre el cambio climático que se celebrará en noviembre en la localidad holandesa de La Haya.

Seguir jugando con el clima del planeta como si fuera algo ajeno a nosotros no es la política más inteligente.

No es el hielo del Artico lo único que se está deshaciendo: la falta de actuación de nuestros gobernantes puede ser otra evidencia de que el cambio climático también se está dejando notar en algunos cerebros.