Noviembre-2000

 

Los países industrializados, responsables del "efecto invernadero"

 

El Sur pide coherencia al Norte para hacer frente al Cambio Climático

A propósito del informe "Clean earth or hot air?" presentado el mes de octubre del 2000 por el Panos Institute

Si en la sala de espera de una consulta médica con diez personas, tres fueran fumadoras empedernidas y las otras siete estuvieran compartiendo un único cigarrillo, ¿a quién debería amonestar el doctor? ¿sería justo acusarles a todos por igual de enrarecer el ambiente de la sala con su humo? Uno de los fumadores compulsivos podría decir que no lo puede dejar, que toda su vida la ha pasado fumando pero que intentará reducir el consumo de tabaco si los otros también lo hacen. ¿Tendría razón? Cierto es que todos y todas contribuyen a contaminar el espacio... pero más cierto es que unos son más responsables (en este caso irresponsables) que los otros.

En líneas generales, un debate como éste es el que tendrá lugar el próximo mes de noviembre en La Haya (Holanda). Pero no se hablará de fumadores sino de humos que están poniendo en peligro el futuro del planeta. Las excusas , sin embargo, serán parecidas.

El planeta se acalora.- La temperatura va en aumento. La década de los noventa ha sido la más cálida de los últimos diez mil años –1998 se ha llevado la palma– y se teme que en los próximos cien años el nivel del mar pueda aumentar hasta 25 centímetros como resultado de este escalfamiento global.

El Huracán Mitch que arrasó América Central en 1998, la devastadora tormenta "Lothar" que recorrió Europa en diciembre de 1999 o las inundaciones de Mozambique en el 2000 son repercusiones directas del cambio de clima a escala mundial.

La situación, pues, es lo suficientemente grave como para pedir responsabilidades y acciones concretas para evitar, cuando menos, un empeoramiento del proceso. Pero quienes deberían imponerse medidas para autocontrolar las emisiones de gases a la atmósfera –especialmente los países más desarrollados– no tienen demasiado interés en hacerlo.

El Panos Institute de Londres acaba de presentar un informe este mes de octubre sobre el calentamiento global con motivo de la Convención sobre el Cambio Climático que tendrá lugar en La Haya. El informe apunta que los países ricos, principales causantes del efecto invernadero, están actuando sin demasiadas prisas para encontrar una solución al problema, que los países empobrecidos del Sur necesitan, por razones de supervivencia, resolver con urgencia. Y, paradoja o cinismo, se pretende que los pobres den los pasos que los ricos aún no han dado: controlar las emisiones de gases como el dióxido de carbono, el metano....

La responsabilidad del Norte.- En efecto, los científicos parecen estar de acuerdo en que la causa principal del calentamiento global del planeta se debe a la emisión de los llamados gases causantes del efecto invernadero, especialmente el dióxido de carbono. Los países del Norte son los principales responsables de las emisiones de este gas. Los países ricos envían al aire el 75% de este gas, mientras que los pobres sólo son responsables de 25%.

Algunos científicos han anunciado que en un futuro cercano, los países ricos y los países pobres contaminarán por igual. Lo que significa que aunque Norte y Sur lleguen a un punto de contaminación similar –previsto para el 2037– eso representará que el 20% de la población estará contaminando tanto como el 80%– .

Viéndole las orejas al lobo.- De momento, las principales víctimas del cambio climático son los países tropicales. Un informe del Centro de Estudios Avanzados de Bangladesh, advierte que este país asiático puede encontrarse en una situación dramática en un futuro cercano.

Según los científicos bangladeshíes, aumentarán los periodos de las sequía, la tierra se erosionará, cuando las lluvias lleguen lo harán en forma torrencial, aumentará el nivel del mar, la salinización de la tierra perjudicará los cultivos, aumentará de la acción de los ciclones...

Bangladesh, como otros países tropicales, pagará la factura energética de los países ricos. Pero si para Bangladesh la situación es preocupante, quienes tienen las de perder, y ya han empezado a movilizarse, son las naciones isleñas: Los 42 estados miembros de la Alianza de Estados de Pequeñas Islas ya han levantado sus voces para que se recuerde que el aumento del nivel del mar conllevará dramáticas pérdidas para sus poblaciones. En Kiribati, un archipiélago del Sur del Pacífico, se están construyendo diques y plantando manglares para proteger las islas del avance del mar. Nakibae Teauatobo, Coordinador de las Kiribati para el Cambio Climático acusa a los países industrializados de despreocuparse de un problema del que son responsables.

El derecho a contaminar.- Gobiernos como el de los Estados Unidos, el país más contaminador del planeta, temen aplicar medidas para controlar las emisiones contaminantes ya que supondría enfrentarse a una sociedad altamente consumidora de recursos energéticos y con las grandes corporaciones del sector de la energía.

Los países del Sur necesitan energía para avanzar hacia su propio desarrollo. ¿Cómo hacerlo sin que el planeta sufra más de lo necesario? Una de las propuestas que probablemente se sugerirán en la próxima reunión de La Haya es la de calcular cuánto puede "contaminar" un ciudadano o ciudadana de cada país. Se trata de ver qué cantidad de dióxido de carbono y otros gases puede soportar el planeta, hacer una media entre la población de la Tierra y establecer unos cupos.

Pero incluso en esta idea han surgido las desavenencias. Por una parte, los países industrializados reclaman que necesitan más que los países en desarrollo, mientras que, por otra, los países en desarrollo reclaman su derecho a usar energías contaminantes para favorecer su progreso económico.

En definitiva, mientras unos defienden el derecho a contaminar para mantener los niveles de bienestar conseguidos, otros proponen que se permita a los que aún no han alcanzado ese bienestar disponer de los mismos recursos que los primeros.

La temperatura del debate va en aumento. La de la Tierra, también.

Carles Casals