Diciembre-2000

 

Mientras los mandamases de las naciones celebran

otra Cumbre en La Haya sobre el cambio climático,

con su decidida voluntad de no solucionar nada,

parece mejor opción dedicar un tiempo y un espacio

al pulmón principal de nuestro Planeta: La Amazonía.

 

 

Sangre y terror en la selva amazónica

Así titulaba O.Albornoz un artículo sobre el tema. Lo de menos son los titulares. Importa más lo que allí esté aconteciendo. Con poco que investiguemos, podremos comprobar que al igual que hay cadenas alimenticias naturales, también los seres humanos han creado sus cadenas, pero éstas de explotación contra la naturaleza y contra la vida.

Se afirma que cada año se talan 600.000 hectáreas de bosque amazónico. Los intereses de las grandes multinacionales madereras, caucheras, ganaderas, mineras,...no cesan de dar machetazos al gran pulmón de la tierra. El gran manantial de vida, que es la Amazonía, que no ha cesado de sangrar desde que llegó la "civilización", el "desarrollo", las multinacionales. Así fue desde el principio y de la manera más sangrienta.

A finales del siglo pasado y principios de éste tiene lugar el boom del caucho. Las empresas Goodyear y Hancock descubren el procedimiento de la vulcanización. El caucho se hace indispensable para múltiples productos. En Brasil se da la mayor reserva mundial de la planta "seringueira". Brasil, por tanto, se convierte en el mayor exportador de caucho (a principios de siglo exportaba unas 35.000 toneladas anuales). La ciudad de Manaos, recostada a orillas del río Amazonas, se convierte en la capital comercial del caucho y de la extravagancia, a juzgar por los derroches de dinero que hacían sus aventureros dueños.

Toda la riqueza que produce el caucho, como casi todas las riquezas en el mundo, se construye sobre miles de víctimas. Aquella riqueza es fruto de la explotación inmisericorde de los trabajadores brasileños, campesinos miserables llegados desde las áridas tierras del nordeste. El endeudamiento, igual como se hacía con los indios conciertos ecuatorianos, es el método empleado para retener al siringueiro en la verde cárcel de la selva. Retención que casi siempre termina con la muerte del deudor esclavizado.

Empero, si esto es doloroso, peor es la suerte de los caucheros de allende el Brasil. Aquí las víctimas son los indígenas de las tribus selváticas, algunas de las cuales son aniquiladas por completo. Una pequeña obra titulada El libro rojo del Putumayo, publicada en Londres a principios de este siglo, narra con detalles los crímenes cometidos, mostrando cómo la explotación se puede combinar con el sadismo y el asesinato. Los principales protagonistas de los siniestros hechos son dos empresas: la Peruvian Amazon Co. Limited y la Casa Arana Hermanos. El libro narra las numerosas atrocidades cometidas por esta Asociación inglesa (Peruvian Amazon Co.) : Desde 1900, esta sociedad había arrojado unas 4.000 toneladas de caucho sobre el mercado de Londres. En el mismo período de tiempo murieron 30.000 indígenas y la mayoría de los 10.000 restantes quedaron convertidos en inválidos.[1]

¡Diez seres humanos, muertos la gran mayoría e inválidos los restantes –7,5 y 2,5 respectivamente– por cada tonelada de caucho! Así es como el capitalismo obtiene de esos países las preciadas materias primas. Sangre y lágrimas sobre todas ellas.

Los crímenes de los Hermanos Arana, ciudadanos peruanos, son más ampliamente conocidos. Varios de sus agentes y empleados son criminales comunes fugados de las cárceles, que torturan y mutilan a los indígenas cortando sus orejas, narices, manos y pies en múltiples ocasiones. Inclusive, algunas veces, varios son quemados vivos. Y en los mercados de la ciudad de Iquitos se venden indios como en los mejores tiempos de la esclavitud. Estos delitos también están confirmados por el diplomático colombiano Francisco Urrutia, autor de un folleto titulado Los crímenes del Putumayo, donde, entre otras denuncias, se dice esto: Los crímenes del Congo son una bagatela comparados con las atrocidades del Putumayo. Se castigaba a los indígenas con látigos y correas; se usaba el cepo y se crucificaba a mujeres y niños; se fusilaba a los desgraciados indígenas por docenas; a los otros se los quemaba vivos bañando sus cabellos en kerosine.[2]

Tal como se dijo: la explotación aunada con el crimen. El endeudamiento con sus rasgos más feroces. La voracidad con la boca de los hambrientos caimanes de la selva. Todo esto –gran paradoja– en el paraíso verde de la manigua, arrullada por ríos cristalinos y adornada con el esplendor de las orquídeas. ¡La belleza cobijando el crimen!

El Ecuador también es escenario de este drama. Mas no sólo son la Casa Arana y la Peruvian Amazon Co. los responsables de los inauditos atropellos a los indígenas de nuestras tribus orientales, sino que también participan en ellos caucheros ecuatorianos independientes que, desgraciadamente, en cuanto a voracidad y saña no quedan muy atrás de los empresarios extranjeros. Es tal el terror sembrado por los caucheros que muchas zonas y caseríos quedan completamente despoblados, ya que varias tribus indígenas, ante la posibilidad de ser oprimidas y explotadas, huyen y se refugian en los lugares más inaccesibles de la selva. Pero algunas, ni así pueden librarse de caer en sus manos, porque son acosadas y cazadas como fieras. El ingeniero Julio César Granja, en su libro titulado Nuestro Oriente dice a este respecto lo siguiente: Y cuando alguna de estas tribus huía de la esclavitud, tras ella iban los caucheros, persiguiéndolas hasta el último rincón de las montañas, hasta lo más apartado de los bosques. A sangre y fuego entraban a sus chozas, mataban a todos aquellos que no se entregaban fácilmente y a todos aquellos que no servían para el trabajo: mujeres, ancianos y niños ¡Era la bárbara crueldad de los civilizados!.[3]

El criminal tráfico de seres humanos de que hablan los autores que acabamos de citar está inmensamente extendido y constituye una espantosa realidad. Son miles los indios vendidos. Tienen razón los indígenas cuando califican al látex de leche maldita por originar tantos crímenes.

Después de lo que dejamos expuesto, se puede decir resumiendo, que la explotación del caucho en la cuenca del Amazonas, constituye un gran genocidio. El caucho que sale de sus selvas está impregnado de sangre. Es en verdad, como dicen los indígenas, leche maldita. Si algún robo puede hacer un bien, ese robo benéfico fue verificado por los europeos cuando se llevaron las semillas del caucho a sus colonias, pues gracias a la competencia y a la rebaja de los precios, se detiene bastante la criminal sangría. Miles de indígenas se salvan de la muerte.

NO NOS ENGAÑEMOS. Cuando se habla de salvajadas solemos situarlas, instintivamente, en el pasado muy pasado. La sangría de seres humanos y las barbaridades ecológicas en la Amazonía continúan HOY, en el día de hoy. La Amazonía sigue siendo objetivo del Imperio. No sólo las multinacionales están reforzando su explotación como nunca, sino que también se suman otros intereses.

Los EEUU hipócritamente se erigen como los "defensores de los derechos humanos y del medio ambiente", argumentando ante el mundo que su lucha es contra el narcotráfico y por el bienestar de sus ciudadanos, mientras desarrollan su política imperialista con el fin de asumir el control directo de los recursos existentes en la región amazónica y otras áreas de interés geoestratégico, además de consolidar sus posiciones político militares.

Por ejemplo, el tan mencionado Plan Colombia. La compleja situación colombiana, es el pretexto para desarrollar una forma de intervención en el territorio amazónico. La "ayuda" para financiar el Plan Colombia hace parte de esa intervención. Además de la lucha contrainsurgente en Colombia, otro objetivo estratégico de los gringos, es controlar la cuenca del río amazonas, que incluye parte de Colombia, Brasil, Perú, Venezuela, Ecuador, Bolivia, Guyana y Surinam. Convirtiéndola así en botín de guerra. Botín de guerra que es uno de los ecosistemas más ricos y diversos de la tierra, con aproximadamente 7 millones 160 mil Km2, considerada en los medios científicos como el territorio donde esta el futuro de la humanidad; codiciada por los imperios del mundo por las grandes reservas de agua, maderas, fauna, flora, hidrocarburos y minerales.

La cuenca amazónica es depositaria de la mayor extensión de bosques tropicales del planeta y de una gran variedad biológica de ecosistemas, especies y recursos genéticos. Hay cerca de un millón y medio de especies conocidas y se estima que pueden ser más de diez millones. Un somero inventario nos indica la presencia de: 50.000 mamíferos; 20.000 reptiles, anfibios y aves; 21.000 peces; 140.000 invertebrados; 90.000 insectos y artrópodos; 90.000 plantas inferiores; 270.000 plantas superiores y 55.000 microorganismos.

Por el río Amazonas y sus más de 7.000 tributarios corren seis mil billones de metros cúbicos de agua por segundo. Además, es la zona que más oxigeno provee y mayor cantidad de carbono capta. Por eso se conoce como el pulmón de la humanidad.

Más de 370 pueblos de diferentes culturas indígenas viven en la amazonía. Es un derecho legítimo de los países que comparten el territorio amazónico, transformar esa rica diversidad en desarrollo y bienestar.

El mundo debería garantizar la preservación de esta riqueza natural, patrimonio de la humanidad y fuente de vida de millones de especies, particularmente de la especie humana, a través de las llamadas compensaciones ambientales.

Es una región frágil y de alta vulnerabilidad, por las características de su biodiversidad. Cualquier intervención afectará la regulación del clima y las reservas biológicas. Nunca en la historia, ninguna de esas consideraciones han detenido las apetencias de los Imperios, porque sus intereses siempre están por encima de los intereses de la humanidad.

Referencias

[1] El libro rojo del Putumayo, Edición Española de Arboleda & Valencia, Bogotá, 1913, p. 10.

[2] Francisco J.Urrutia, Los crímenes del Putumayo, Tipografía La Verdad, La Paz (Bolivia), 1912, p. 8.

[3] J.C.Granja, Nuestro Oriente. De unas notas de viaje, Imp. De la Universidad, Quito, MCMXLII, p. 114.