Enero-2001

Cumbre bochornosa

Quizás fue uno de los calificativos más suaves entre los que se aplicaron a la Cumbre sobre el Clima celebrada en La Haya (13-24 Noviembre). El montaje, ya saben, como en todo este tipo de Cumbres: 6.000 personas movilizadas para la preparación de la Cumbre, cientos de millones gastados para nada. O lo que es peor. Para comprobar que no es posible que USA y sus aliados Japón, Canadá y Australia tengan la más mínima sensibilidad para la defensa de la vida en el planeta. Para constatar que no están dispuestos a cumplir sus compromisos de Río –en 1992, en el Convenio del Cambio Climático– ni de Kioto, en 1997, cuyo Protocolo se iba a desarrollar en La Haya.

La Unión Europea volvió a capitular ante la prepotencia de Estados Unidos. Como hace tres años en Kioto, USA llegó con el cuento de los "mecanismos flexibles" para firmar el Protocolo, y que a ellos tenían que bajarles su cuota de reducción de la contaminación porque sus bosques absorben una gran cantidad de CO2. Y llegaron también con el cínico principio de la suplementariedad: Que los países más contaminantes puedan "vender" sus emisiones de carbono a los menos contaminantes (es decir, a los más pobres) para que aparezca que son los pobres los que contaminan y no ellos.

La Unión Europea exigió que, al menos, el 50% de la descontaminación se realizase por el esfuerzo de reducción de sus propias emisiones por cada país. Y los Estados Unidos sencillamente rechazaron la propuesta.

Cuando se pusieron a hablar de sanciones económicas para los países que no cumpliesen sus compromisos y cuotas de reducción de la contaminación, Estados Unidos volvió a rechazarlo aplazándolo hasta el año 2012. Y hasta entonces, total impunidad, aunque se produzcan efectos demoledores para la vida del planeta.

La delegación norteamericana ha cumplido a rajatabla el mandato del Senado: "Ni una firma para algo que perjudique a los intereses de USA".

En ámbitos científicos y gubernamentales hay cada vez menos dudas en afirmar que en la actualidad estamos asistiendo a un cambio de las condiciones climáticas en nuestro planeta como consecuencia de los modos insostenibles de producción y de vida del mundo desarrollado, basados en un, cada vez, mayor consumo de energías fósiles y otras materias primas, así como en la emisión sin freno de residuos contaminantes a atmósfera, aguas y suelo.

¿Y, entonces, para qué esos montajes de las Cumbres sobre el Clima, si ninguno de los gobiernos hace puñetero caso? ¿Qué "cuentos" nos quieren vender a los ciudadanos?

La virulencia de "El Niño" (fenómeno antiguo, pero muy radicalizado en sus últimas manifestaciones), el huracán Mitch, las inundaciones en diversas partes del planeta, el adelgazamiento de los hielos polares experimentado en las últimas décadas, los incendios en Australia e Indonesia durante 1997 como consecuencia, entre otros factores, de la prolongada sequía, pueden estar constituyendo las señales de alarma. Bueno sería prestarles la atención que merecen.

No obstante, cuando determinados grupos ecologistas denuncian esta situación, inmediatamente se les acusa de falta de rigor, de provocar la alarma, de ser catastrofistas y de magnificar un problema que no tiene tanta importancia, que puede ser meramente estacional y que es perfectamente controlable. Y no sólo eso, sino que se oculta información esencial al respecto.

Así, hace unos meses, tuvieron que ser dos "turistas" por el Ártico, McCarthy y McKenna, los que denunciaron en los medios de comunicación la descongelación de un área de hielos perpetuos en pleno Polo Norte, que llevaba en torno a 50 millones de años congelada. Afortunadamente estos "turistas" eran, además, científicos; verdaderos científicos, no de los que callan o incluso mienten y se pliegan continuamente a las exigencias del sistema contribuyendo a la desinformación y confusión ciudadana.

¿Para qué queremos dirigentes en el mundo si no saben ni quieren defender la vida?