Abril-2001

¡Malditos Poderes que matáis al mundo!

Lo verdaderamente real son los poderes y sus salvajadas, sus guerras, sus asesinatos, su veneno,...

no las declaraciones, los acuerdos, los tratados, los discursos, las leyes, los sermones, los informes, ...

 

La realidad se nos mete por los ojos y no la vemos. Es tan clarividente la realidad que parece cegarnos su evidencia. ¿Aún hay lugar para la duda, para la sospecha, para las interpretaciones,...?

Faltaron páginas en los periódicos de todo el mundo para proclamar el mayor éxito de la historia de la humanidad: Los países habían firmado el Protocolo de Kioto en 1997, habían llegado a un acuerdo para matar a nuestro Planeta más de poquito en poquito.

Se sucedieron las Cumbres sobre el clima, la capa de ozono, el recalentamiento de la tierra, la contaminación del medio ambiente, el efecto invernadero,...

Los informes científicos coincidentes año tras año han señalado las causas de la muerte de nuestra Tierra, han orientado su dedo acusador hacia los Países ricos, los industrializados, los grandes productores, los grandes consumidores, los grandes contaminadores.

 

Marzo del 2001: Llega el presidente de los Estados Unidos, George W. Bush, el mismo que tres meses atrás se manifestó en campaña electoral a favor de controlar las emisiones industriales, y ¡ZAS!. Apenas sin explicaciones (los tiranos no necesitan dar explicaciones) lanza su irrevocables decisión: Señores de los Gobiernos, métanse el acuerdo de Kioto donde les quepa. Estados Unidos no piensa respetarlo (“No tenemos ninguna intención de ratificarlo”). El presidente  estadounidense y ex petrolero tejano dio así por muertos los compromisos firmados en 1997.

La retirada de Estados Unidos, la nación más contaminante del planeta, equivale a decir que las buenas intenciones de las naciones industrializadas para reducir el efecto invernadero no servirán para nada.

 

¿Cuál era el “enorme” compromiso para EE.UU. firmado en Kioto?: Reducir antes del 2012 sus emisiones de dióxido de carbono, metano y otras sustancias contaminantes en un tercio, un 7% menos que los niveles en 1990.

Pues, nada de nada. Ahora nos dicen que para millones de ciudadanos estadounidenses es un problema más real la factura energética, que el cambio climático. Que es una sociedad a la que no le importa el mañana, que sólo le importa el consumir desaforadamente, aunque esto suponga estar talando la propia rama en la están subidos.

El Sr. Bush, hizo un guiño al pueblo norteamericano (quizá sea ese pueblo de “Simpsons” el único capaz de comprender  a sus presidentes): La subida del precio del petróleo y el gas natural ha provocado fuertes alzas. No queda otro remedio: se necesitan más plantas energéticas contaminantes. Eso, o revisar la moratoria nuclear.

   

Ante semejante burla, ante semejante engaño y tomadura de pelo a la humanidad, ante semejantes sentencias contra la madre naturaleza, ante semejantes enemigos de la VIDA, me queda el grito de impotencia: ¡Malditos Poderes de mierda que matáis al mundo! 

d.t.