Enero-2002

Bioseguridad y bioterrorismo

Vandana Shiva

Los informes sobre los casos de ántrax en Florida y Nueva York han vuelto a centrar el interés en el bioterrorismo - en los riesgos y peligros que suponen los agentes biológicos. Los gobiernos están en máxima alerta, desde los Estados Unidos hasta la India. Incluso la Organización Mundial de la Salud ha publicado alertas. Los americanos y los europeos han estado almacenando máscaras de gas y antibióticos, y han empezado a aparecer en las portadas de periódicos y revistas imágenes de policías e investigadores vestidos con trajes especiales de seguridad biológica.

El pánico y el miedo ante los nuevos peligros de carácter biológico que se han extendido tras el 11 de septiembre son muy diferentes de anteriores complacencias, aunque la amenaza a la salud pública y al medio ambiente que suponen los agentes biológicos peligrosos no es nueva. Si queremos responder adecuada y consecuentemente al bioterrorismo, necesitamos tener en cuenta dos cuestiones básicas.

En primer lugar, que los agentes biológicos infecciosos causan la enfermedad y la muerte independientemente de quién los propague, o de cómo se difundan. La actual paranoia se debe al miedo a que puedan caer en manos terroristas. De todos modos, los terroristas pueden conseguirlos porque existen. Y plantean peligros incluso sin estar en manos de terroristas. Como decía Vaclav Havel, Presidente de la República Checa, en sus palabras inaugurales del 14 de octubre durante el Foro 2000: "Bin Laden no ha inventado los agentes bacterianos". Éstos han sido inventados en los laboratorios de Defensa o de las grandes empresas. El ántrax ha formado parte de la carrera por el armamento biológico de los mismos estados que ahora andan preocupados con el bioterrorismo. Y la ingeniería genética de los organismos biológicos, tanto para uso militar como para la alimentación y la agricultura, está creando nuevos riesgos biológicos, tanto intencionada como inintencionadamente.

En segundo lugar, todos reconocen que la única respuesta válida al bioterrorismo son unos sistemas de salud pública más fuertes. Sin embargo, precisamente cuando más necesarios son los informes de los sistemas de salud pública, éstos están siendo desmantelados bajo las presiones en pro de la privatización y de la liberalización del comercio. El bioterrorismo debería servir para que los gobiernos reconocieran que necesitamos desesperadamente unos sistemas de salud pública y de regulación de la bioseguridad.

El movimiento ciudadano global y el movimiento de los científicos comprometidos con la bioseguridad han venido alertando a los gobiernos sobre los riesgos ecológicos y sanitarios de la ingeniería genética y por tanto sobre el imperativo de estudiar, valorar y regular el lanzamiento de los organismos modificados genéticamente (OGM) al entorno. Este mismo conflicto básico en torno a la necesidad de valorar los peligros de los OGM se encontraba en el corazón de las negociaciones que se extendieron a lo largo de una década bajo el patrocinio de la Convención de las Naciones Unidas para la Diversidad Biológica y que concluyeron finalmente en febrero de 2000 con el Protocolo de Bioseguridad de Montreal.

Existen dos grandes fuentes de inquietud en cuanto a los riesgos potenciales de los OGM. En primer lugar, los vectores utilizados para introducir genes de un organismo en otro a fin de producir un OGM son agentes biológicos altamente infecciosos y virulentos. De hecho, es su naturaleza infecciosa la que los convierte en vectores útiles para introducir genes extraños en los organismos biológicos. Los riesgos de utilizar vectores virulentos para fabricar nuevas formas de vida aún no han sido valorados. Y su empleo por parte del bioterrorismo se vuelve más fácil a medida que son propagados alrededor del mundo por la vía del comercio.

En segundo lugar, dado que los OGM son organismos nuevos que no existían anteriormente en la naturaleza, se desconoce su impacto sobre el medio ambiente y la salud humana. Se está tratando la ignorancia acerca del impacto como prueba de su seguridad, lo cual constituye un enfoque totalmente acientífico. Esto ha venido en llamarse la postura "ojos que no ven, corazón que no siente" sobre bioseguridad.

La guerra biológica o el bioterrorismo son el uso deliberado de organismos vivos para matar personas. Cuando las políticas económicas basadas en la liberalización del comercio y la globalización propagan deliberadamente enfermedades fatales e infecciosas como el SIDA, la tuberculosis o la malaria, desmantelando los sistemas médicos y sanitarios, también se convierten en instrumentos del bioterrorismo. De esta forma, algunos grupos ciudadanos se han organizado a escala mundial contra el Acuerdo TRIPS (Trade Related Intellectual Property Rights, Tratado sobre Derechos de Propiedad Intelectual Relacionados con el Comercio) y el GATS (General Agreement on Trade in Services, Acuerdo General sobre el Comercio de Servicios) de la OMC. El TRIPS impone patentes y monopolios para productos químico- farmacéuticos, poniendo medicamentos esenciales fuera del alcance de los pobres.

Por ejemplo, un medicamento para el SIDA que cuesta $200 sin patentes cuesta $20.000 con ellas. El TRIPS y las patentes de los medicamentos se convierten en recetas para propagar la enfermedad y la muerte porque ponen la curación fuera del alcance de la gente. De forma similar, la privatización de los sistemas sanitarios tal como la imponía el Banco Mundial bajo los SAPS (Programas de Ajuste Estructural) y que también se propone en el GATS, difunde las enfermedades infecciosas porque se van abandonando y desmantelando los sistemas de salud pública, de bajo costo y descentralizados. También éstas son formas de bioterrorismo. Son diferentes de los actos de los terroristas únicamente porque son perpetrados por los poderosos, no por los marginados y los excluidos, y se cometen en favor del fanatismo de la ideología del mercado libre, y no de las ideologías religiosas fundamentalistas. Pero su impacto es el mismo. Matan a gente y a especies inocentes propagando la enfermedad.

Detener la extensión del bioterrorismo a todos estos niveles requiere detener la proliferación de tecnologías que crean organismos biológicos potencialmente peligrosos. También requiere detener la proliferación de políticas económicas y comerciales que están mutilando los sistemas de salud pública, propagando enfermedades infecciosas y haciendo que la sociedad sea más vulnerable al bioterrorismo.

Vandana Shiva es Directora de la Fundación de Investigación para la Ciencia, Tecnología y Ecología, en Nueva Delhi.

Título original: Bioterror and biosafety
Origen: ZNet
Traducido por Marga Vidal y revisado por Alfred Sola