Mayo-2003

 

LO INSOSTENIBLE

 

Leyendo el otro día un comentario de F. Porcar me hizo recordar la última Cumbre sobre Desarrollo Sostenible que se celebró en Johannesburgo. Como en toda Cumbre que se digne, hubo sus proclamas solemnes: “Prometemos a los pueblos del mundo que heredarán esta Tierra, que tenemos la determinación de asegurar que nuestra esperanza colectiva en un desarrollo sostenible sea realizada”.

Los asistentes llegaron y marcharon como siempre: EEUU aseguró que fue un éxito. La UE salió “moderadamente satisfecha”. Pero muchos países pobres se quejaron de la falta de compromisos concretos y la mayoría de las organizaciones sociales presentes en la Cumbre consideraron que fue un fracaso por esa falta de compromisos concretos para el desarrollo sostenible. El Foro Social denunció que las políticas neoliberales son el principal obstáculo al desarrollo sostenible. Y hay quien calificó la reunión de  “Cumbre Mundial de los Acuerdos Ventajosos”, porque ha fallado rotundamente en el objetivo de asumir la acción necesaria para reducir los patrones de producción y consumo insostenibles que están empobreciendo el planeta y la humanidad. ¿Qué pasó en Johanesburgo?. Lo que pasa en todas las Cumbres.

 

Primero. Que, como siempre, se adoptaron pocos y tímidos compromisos concretos. ¿Hacerlo significa entrar en conflicto con poderosos intereses económicos y los gobiernos no tienen voluntad política de emprender ese camino? Así ha ocurrido en temas esenciales: las políticas energéticas que apuesten por energías renovables y por impulsar el acceso de todos a los servicios básicos; las políticas para garantizar el acceso justo de todos al agua, mejorando su gestión y preservando los recursos; políticas para el sustancial incremento de la ayuda al desarrollo y la condonación de la deuda externa, liberando recursos para salud y educación; una reforma radical de las actuales políticas comerciales que penalizan a los países pobres; políticas para que las empresas asuman sus responsabilidades laborales, sociales y medioambientales; políticas en defensa de la seguridad, la salud y el derecho en el trabajo; etc.

 

Segundo. Que detrás de la timidez en los compromisos políticos existe un problema que no se afronta: lo que es insostenible es el modo de vida que el capitalismo ha instaurado en el mundo. El consumismo es insostenible si queremos que todas las personas puedan acceder al consumo de lo necesario para vivir dignamente. Producir para maximizar los beneficios es in-sostenible si queremos disponer de los bienes para cubrir las necesidades humanas. Des-regular y flexibilizar el mercado de trabajo es insostenible si queremos que se respete la dignidad de las personas y que no se fabriquen empobrecidos en serie...Una sociedad regida por el mercado es insostenible.

 

En el fondo quizás el problema resida en que, personal y socialmente, hemos equivocado radicalmente el camino: creemos que el camino para lograr la felicidad es que cada uno busque su propia felicidad, porque así se logrará la de todos. Y no comprendemos que el camino es exactamente el contrario. De uno y otro camino resultan formas de vida, prioridades, políticas... muy distintas. La cuestión sigue en pie: ¿Deseamos seguir apostando por lo insostenible?