Noviembre-2003

 

La OMC, la agricultura, la vida

 

El FMI (Fondo Monetario Internacional) es el instrumento de los países ricos para controlar las economías de todos los demás países del mundo, para que esos países asfixiados por la Deuda Externa contraída con los ricos no se ahoguen del todo y puedan devolverla, cosa que nunca conseguirán porque no cesa de reproducirse por sí sola. Ese es el truco, el gran engaño, que viene matando a los países empobrecidos desde hace decenas de años.

 

El BM (Banco Mundial) es el instrumento de los países ricos para ir acomodando las estructuras de los países empobrecidos a los intereses de las multinacionales, que podrán explotarlos mejor y adueñarse de sus riquezas. En nombre del desarrollo, endeudarán más a esos países empobrecidos, que se verán obligados a venderles todas sus riquezas.

 

Queda un tercer instrumento en manos de los ricos: la OMC  (Organización Mundial del Comercio). Con ella, los países ricos controlan todo el comercio en el mundo, ponen sus leyes ventajosas para ellos y represivas para los demás, y abren más o menos sus fronteras según sus intereses comerciales.

 

A esta última vamos a referirnos, precisamente en este apartado dedicado a la Naturaleza, porque la vida de las personas tiene que ver con la naturaleza, porque la agricultura tiene que ver con la naturaleza, porque el 60% de la población mundial vive en el medio rural, porque el 78% de los pobres y hambrientos del mundo viven de la agricultura, la ganadería, el pastoreo y la pesca.

 

La última reunión de la OMC fue en Cancún (México), desde el 10 al 15 de septiembre. Los países empobrecidos temen a estas  Conferencias o Encuentros más que a una vara verde. La ley que rige es la ley del embudo, la boca ancha para los ricos y poderosos. Los gobiernos ricos del Norte, los que tanto hablan de democracia y de paz, están acostumbrados a jugar con las cartas marcadas. Llegan a estas cumbres hablando de libertad de comercio, pero ellos son los grandes destructores del comercio de los países en desarrollo. No hay libertad de comercio si no hay igualdad de oportunidades, si no existe una similar capacidad para vender y comprar.

 

Los países empobrecidos o en vía de desarrollo no sólo no pueden competir, sino que no pueden elegir, no pueden ejercer el libre comercio.

Los países pobres se esfuerzan en producir, por ejemplo, maíz. Pero el gobierno estadounidense paga anualmente 10.000 millones de dólares en subsidios a sus productores de maíz (que vienen a ser grandes  terratenientes y grupos alimentarios). Estados Unidos se va a encontrar con miles de toneladas de maíz sobrantes cada año, que van a introducir en los mercados de países pobres, a precios mucho más bajos (porque en esos países no pueden subvencionarlos) y van a terminar hundiendo a millones de familias que vivían del maíz. Los pobres terminan perdiendo su cosecha y su trabajo y, a continuación, su vida. Por seguir con el ejemplo del maíz, 15 millones de campesinos mexicanos se han empobrecido por la caída del precio del maíz en un 70% desde 1994, ellos que tienen precisamente un Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos. (1)

 

A través de la coraza de la OMC, los países ricos justifican sus injustas políticas comerciales: Los países del Norte sí pueden subsidiar su producción agraria  y, además, poner trabas, imponen altos aranceles a los productos de los países del Sur impidiéndoles su comercialización.

Pero hay algo más grave aún. Los países pobres no producen pensando en lo que su población necesita para alimentarse. No pueden tener en cuenta sus necesidades. Se ven obligados a producir lo que les imponen los países ricos y sólo eso (plátanos, café, soja, carne,…). Porque eso es lo único que van a poder venderles, y porque vendiéndoles es la manera de ir quitando algo de la deuda que tienen contraída con esos países ricos. Pero para colmo de los colmos, ni siquiera los pobres van a poner el precio a sus productos, sino que tendrán que aceptar el que le impongan.

Por eso es que oímos hablar de “monocultivos” en los países pobres, porque aunque no tengan para comer, se ven obligados a producir sólo aquel producto que necesitan los países desarrollados.

Esto no es suficiente para las grandes empresas que dominan el comercio agrícola, que todavía pretenden imponer semillas transgénicas a los países empobrecidos para que, así, dependan eternamente de su tecnología.

 

Y todavía tienen la poca vergüenza de hablar de “libertad de comercio”.

Ante la sede de la conferencia de la OMC ocurrió algo muy simbólico: Un agricultor coreano, Kyung Hae se presentó allá y se suicidó; en la carta que portaba decía “es imposible aceptar pasivamente la condena a muerte económica de los pequeños agricultores”.

 

d.t.

 

 

(1) Datos recogidos de F.Porcar en N.O. núm.1.346