Marzo-2004

 

A vueltas con los transgénicos

 

No es necesario inventar, es suficiente con leer algunas noticias, coordinarlas y darles una pequeña interperetación.

El diario The Independent on Sunday se hacía eco, en este mismo mes de marzo, de un informe estadounidense y lo publicaba: dos tercios del total de cultivos en Estados Unidos han sido contaminados por material genéticamente modificado, lo que puede tener consecuencias graves para la agricultura e incluso para la salud.

La Comisión de Medio Ambiente del Parlamento Británico reclamó inmediatamente al gobierno del Reino Unido que considere su decisión de plantar maíz transgénico.

 

El asunto encierra su gravedad: El 55% de la soja cultivada es transgénica; el 11% del maíz es transgénico; el 21% del algodón es transgénico; el 16% de la colza es transgénica. Si se suman los cuatro cultivos citados, el 25% de los 272 millones de hectáreas correspondió a los cultivos transgénicos.

La multinacional Monsanto tiene el 80% del mercado de las plantas transgénicas, seguida por Aventis con el 7%, Syngenta con el 5%, BASF con el 5% y Dupont con el 3%. Las mismas empresas que producen el 60% de los plaguicidas y el 23% de las semillas comerciales. Se trata de semillas manipuladas para resistir a los insecticidas clásicas, necesitando plaguicidas especiales que sólo venden las mismas empresas. Ellas envenenan las semillas y sólo ellas tienen los antivenenos. Se trata de semillas dependientes de dichos plaguicidas. Nunca aclaran los perjuicios tóxicos que conllevan para muchos organismos del suelo, para la contaminación de las aguas subterráneas, para la fauna y para la salud de las personas.

El 63% de los cultivos transgénicos están en EEUU, el 21% en Argentina, el 6% en Canadá, el 4% en China, el 4% en Brasil y el 1% en Sudáfrica. Aunque aumenta el número de países con estos cultivos, por ejemplo: Australia, España, Alemania, Rumania, Bulgaria, México, Colombia,…

Ya hacen cálculos de que en los próximos cinco años 10 millones de agricultores de 25 países sembrarán 100 millones de hectáreas de cultivos transgénicos. El valor del mercado pasará de los actuales 4.500 millones de dólares a 5.000 en el año 2005. El negocio para las multinacionales del ramo está en alza.

Todas las semillas transgénicas están patentadas.  Los agricultores no pueden replantarlas, pagan para utilizarlas una sola vez. Por tanto, toda la agricultura quedará controlada por un puñado de multinacionales y los agricultores pasarán a ser los nuevos siervos de ellas. Las multinacionales quieren controlar la industria más importante del mundo: la comida.

Sólo faltaba el barniz par adornar el asunto: Se nos vendió el cuento de que este tipo de agricultura es la que solucionará el problema del hambre del mundo. ¿Quién se traga semejante mentira? El problema del hambre, que afecta a 1000 millones de personas, es un problema de distribución y de desigualdades, y no de falta de alimentos, que sobran. Las plantas transgénicas están hechas para dar beneficios a 4 multinacionales que las fabrican, y no para alimentar a los pobres del mundo. (José Santamaría, Director de World Watch)

 

De momento hay respuestas contrarias: la agricultura ecológica, con mezcla de cultivos, sin empleo de herbicidas y otros plaguicidas ni abonos químicos, con mezcla de ganado y cultivos de leguminosas, permite obtener mejores resultados a largo plazo, y es el modelo agrícola para un mundo sostenible.

Los consumidores tienen razones para rechazar los transgénicos: razones de salud (alergias, resistencia a los antibióticos), razones de calidad de los alimentos, razones de los riesgos ambientales (contaminación genética, pérdida de biodiversidad, resistencias) y razones de riesgos económicos y políticos al dejar nuestra alimentación en manos de cinco grandes multinacionales.

En 2002 la agricultura ecológica certificada se extendió por 23 millones de hectáreas, aunque la cantidad es mayor aunque no esté etiquetada.

 

d.t.