Junio-2004

 

Primero, las noticias sobre la vida

 

No es que prefiera las malas noticias, es que esas noticias se merecen la atención debida, más aún cuando tienen que ver con la vida de las personas o de la naturaleza.

Perdonen, me parece mucho más falso el mundo idílico, superficial, ficticio, alucinante, que nos vende nuestra sociedad de consumo.

Por favor, hagamos cálculos, a cualquier hora, ante un televisor: Salvo los titulares macabros de los noticieros para dar cobertura al terror y a la resignación; o las películas de violencia encargadas de normalizar los abusos y el maltrato entre humanos; sólo encontramos un mundo idílico, con una publicidad que nos hace super-manes y super-guays, con unos concursos que nos regalan millones por hacer nada, con unos programas de chinchorreos, que, al desvelar las limitaciones de los famosos, los rebajan, haciéndonos creer que de esa manera asciende nuestra categoría personal y social y, entonces, estamos casi al mismo nivel que los famosos.

Vamos a ver. Es cierto que lo positivo edifica, la libertad entusiasma, lo natural vivifica,…Además de la Caleta, también Cádiz es bonita, y su sierra es bonita, y su litoral es bonito…

Que yo admire el parque de Doñana, que me “sorprenda” y tenga mis reservas ante el fenómeno seudo-religioso del Rocío, no quita para que manifieste públicamente mi repulsa por la muerte este año de 23 caballos, que han reventado durante el camino del Rocío. ¿La Virgen no protegió a esos animalicos…? ¿Acaso no debe denunciarse semejante salvajada…?.

 

¿Cuántos meses llevamos contando por decenas las muertes diarias de seres humanos en Irak?. Hablen con las personas de su alrededor, probablemente la mayoría de ellas lo ven ya como algo natural.

Pero el 25 de Abril saltaban todas las alarmas, los nervios afloraban a flor de piel: El día antes, se habían producido los primeros ataques suicidas contra instalaciones petroleras en el sur de Irak.

Eso sí era grave. Las declaraciones de los mandamases del mundo se sucedieron: Es una pesadilla, tanto para los consumidores como para los productores; el mercado está tenso y volátil”. “la primera consecuencia a corto plazo será un incremento de los precios sobre el mercado”.

Las noticias en nuestros medios de comunicación se dieron, dirigiendo un dedo condenatorio hacia nuestros bolsillos de conductores.

¿Acaso no hay que denunciar semejantes indecencias?

 

Seguro que todas las personas de la tierra desean que desaparezca el hambre en el mundo, que haya alimentos para todos. Cualquier iniciativa en este sentido, será motivo de alegría. Pero lo que no podemos admitir es que se presente la modificación genética de los alimentos como la solución al problema alimentario.

Esto hay que investigarlo y denunciarlo, en cuanto haya la mínima sospecha. Y las hay: los alimentos transgénicos nada tienen que ver con los tradicionales, que se seleccionaban para lograr un mejor producto. Por ejemplo, la soja modificada de la multinacional Monsanto tiene genes de una bacteria y de un virus en su DNA y nadie sabe cuáles pudieran ser sus efectos a largo plazo para la salud humana o el medio ambiente. Lo que sí sabemos es que el polen de estas plantas, arrastrado por el viento, “invade” las plantas no modificadas genéticamente.

Se sabe que familias de Filipinas que viven alrededor de campos de maíz transgénico tuvieron este año problemas respiratorios. Les dijeron que era gripe, pero cuatro familias salieron por un tiempo a otras zonas y se curaron. Al regresar aparecieron de nuevo los síntomas. Según el director del Norwegian Institute for Gene Ecology, una vez efectuados los análisis, presentó resultados: las familias estaban afectadas por una alergia producida por el polen del maíz transgénico que inhalaron. (El periódico, 16.4.2004)

Pero no solo eso. Las grandes empresas se apropiarían de uno de los tramos más importantes de la cadena alimentaria por medio de patentes. Por ejemplo, cualquier agricultor que siembre soja de Monsanto tienen que pagarle cada año ese impuesto (que son los royalties) y, además, cada año tiene que volver a comprarle semillas nuevas. No podrían hacer como ahora, que se guarda una parte de las semillas para la siembra. Los agricultores serían simples eslabones de esas multinacionales.

Por otra parte, se ha demostrado que son productos destructores del medio ambiente. La soja de Monsanto está modificada para resistir el herbicida de amplio espectro que fabrica la propia empresa (el Roundup). La soja permanecerá, pero el resto de plantas a las que caiga ese herbicida desaparecerán, con lo que desaparecerá la biodiversidad y el equilibrio natural del ecosistema.

Pero más peligrosa aún es la polución genética, cuando se extienda y se incorpore al DNA de otros seres vivos. Los seres vivos transmiten a su descendencia los genes alterados o incluso pueden transmitirlos a otras especies. ¿Será posible la marcha atrás? ¿Son calculables los “efectos colaterales”?.

 

Por favor, ¿Quién ha dicho que las noticias positivas y loables, y dignas de resaltar y de creer, son las de las empresas multinacionales y de sus medios de comunicación?

¡Precisamente…!

 

d.t.