octubre-2004

 

No nos enteramos…somos unos cínicos

 

Lo repiten a cada momento, pero nadie parece enterarse: El hombre es el único animal que devora su casa.

Estamos devorando el 20% más de los recursos naturales que el planeta puede regenerar. Lo ha dicho el Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF), pero nos da igual, nos importa tres pepinos.

“Gastamos nuestro capital natural más rápido de lo que puede generarse”, dice el director general de esa organización, Claude Martin. Y la gente lo miramos como diciendo: Bueno, ¿y qué pasa?.

¿Qué estamos acumulando una deuda ecológica imposible de pagar? Pues, bueno, no se paga.

¿Qué el consumo de combustibles contaminantes (petróleo, gas y carbón) ha subido un 700% entre 1961 y 2000?. ¡Es natural, son cosas del progreso…!

 

Y nada de mirar de reojo, queriendo echar la culpa a los vecinos.

Los españoles estamos consumiendo el doble de los recursos naturales de que disponemos. Es decir, que nuestro ritmo de consumo necesita un total de tres países como España.

Estamos locos.

Según el Informe de WWF, las poblaciones de especies vertebradas terrestres, marinas y de agua dulce han disminuido una media del 40% en 30 años (desde 1970 a 2000) y eso es consecuencia directa de la creciente demanda de alimentos, fibra, madera, energía y agua.

 

Los seres humanos más ricos nos estamos dedicando a saquear el planeta, somos auténticos saqueadores, asaltantes, somos personas “fuera de la ley” (ley natural y social).

Tratamos al planeta como un pozo sin fondo, inagotable, infinito y, además, de nadie, un objeto de saqueo disponible para el más fuerte y voraz. Esto es una  sarta de mentiras.

La Tierra está en peligro. Cada 13 minutos se acaba una especie animal terrestre o acuática.

Y las consecuencias las estamos sufriendo ya en propia carne. Un Informe de la ONU insiste en que las inundaciones amenazarán a un tercio de la Humanidad en 50 años.

O sea que las catástrofes no son tan naturales como se piensan. “La intervención humana en el entorno natural está generando nuevas amenazas socio-naturales, principalmente asociadas a fenómenos climáticos” (PNUD).

Los científicos calculan, a partir de las proyecciones actuales de calentamiento global, que en 2050 se extinguirán entre el 18 y el 35% de las especies de plantas y animales terrestres, salvo que se adoptaran medidas muy drásticas.

Los científicos no se dedican a jugar a las adivinanzas. Ni son bromas cuando hablan de oleadas hacia Estados Unidos de refugiados ambientales hambrientos procedentes de México, Sudamérica y el Caribe; o cuando dicen que se incrementará la cantidad e intensidad de las inundaciones y crecidas del mar; o cuando auguran prolongadas sequías en África y Asia con las consiguientes guerras por el suministro de alimentos, agua y energía.

 

Nuestra indiferencia y desvergüenza nos convierten en cínicos. Nos hacemos los sordos antes las alarmas incesantes: los peligros del cambio climático, el deshielo de los glaciares y el abrupto aumento del nivel de los mares, la deforestación constante,…

Las voces de los científicos se estrellan una y otra vez contra el muro de nuestro cinismo. Ellos siguen advirtiéndonos: Actualmente, las inundaciones causan el 15% de las pérdidas humanas por catástrofes “naturales”, afectan cada año a casi uno de cada diez habitantes del mundo y provocan más de 25.000 muertes.

Los desastres relacionados con el agua suponen un coste anual para la economía mundial entre 50.000 y 60.000 millones de dólares. Pero los países no parecen entender, y su gasto es desproporcionado, gastan 100 dólares en ayuda posterior al desastre y sólo un dólar en prevención para que no se produzca el mismo.

No merecemos que nos den ni el pésame.

 

d.t.