Julio-2005

 

Pesticidas de destrucción masiva

 

Me llamó enormemente la atención un comentario de José C. García Fajardo, así titulado, afirmando que más del 67% de los campesinos que trabajan en el plátano en Nicaragua tiene problemas de esterilidad debido a los productos agroquímicos utilizados.  Y que las mujeres sufren abortos y cáncer de útero y de mama. Se trata del pesticida Nemagon, utilizado indiscriminadamente por las multinacionales para fumigar los latifundios bananeros.

Durante siglos los campesinos alternaban sus cultivos porque sabían que la tierra se fatiga y que de esa forma se evitaban las plagas que brotan como pestes en las amplias extensiones dedicadas a los monocultivos.

Los campesinos que permanecieron al servicio de las enormes extensiones propiedad de las multinacionales, que antes les habían sido expropiadas, padecieron los efectos de estas fumigaciones que les afectan durante generaciones. Efectos que se han transmitido de padres a hijos y que ya han causado más víctimas que los huracanes.

 

El Nemagon es un pesticida utilizado en plantaciones bananeras en Nicaragua y en otros países de Centroamérica, Caribe, África y Asia.  En 1975, la Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos determinó que era un posible agente cancerígeno y el Gobierno norteamericano prohibió su uso dentro del país.

Pero las multinacionales norteamericanas Standar Fruit (Dole, en EEUU), Del Monte y United Fruit (Chiquita) siguen utilizando ese peligroso pesticida, eso sí, no dentro del territorio estadounidense.

Se habla de 22.000 nicaragüenses enfermos por el Nemagon, y se contabilizan 466 muertes de cáncer por el pesticida. Aparte de abortos y cánceres de útero y mama, migrañas, intensos dolores en las articulaciones, pérdida de visión, fiebre intermitente, caída de pelo y uñas, hematomas, pérdida de peso, ansiedad y casos de cáncer de riñón y estómago.

En el año 2000, el Parlamento nicaragüense aprobó la Ley 364, en virtud de la cual un tribunal de justicia condenó en 2002 a las multinacionales  Dow Chemical, Shell Oil Company y Dole Food Company a pagar 490 millones de dólares como indemnización a 600 trabajadores que las habían demandado por este asunto. ¿Qué es lo que pasó? Lo de siempre. Estas empresas condenadas nunca cumplieron la sentencia porque alegaron que esa ley es inconstitucional y la justicia nicaragüense es corrupta.

 

Este es uno de los perversos efectos del modelo de desarrollo acelerado que los países industrializados impusieron durante décadas a “poblaciones subdesarrolladas”. Con ellas experimentaron productos químicos que actuaron como auténticas armas de destrucción masiva. Después, vistos los efectos nocivos y letales, prohibieron su utilización en Estados Unidos, pero permitieron que continuaran utilizándose en otros países para acelerar los procesos de crecimiento agrícolas.

Hasta hace poco, en amplias zonas cercanas a Latacunga, a unos sesenta kilómetros de Quito, se cultivaban plantas prohibidas por las leyes pero muy valoradas por la industria farmacéutica suiza para elaborar productos anestésicos.

Los campesinos que trabajaban en esas explotaciones todavía aparecen drogados y destrozados por las veredas y los contornos. Aspirar las emanaciones de las plantaciones residuales produce daños irreparables en el cerebro y afecta de manera fatal a la salud de familias enteras. Fetos monstruosos, alteraciones genéticas y cánceres de todo tipo se silencian por las autoridades que conocen la existencia de esas plantaciones, y de las pistas de aterrizaje de las avionetas que las sacan del país.

Pero esas actividades criminales no son fumigadas ni bombardeadas desde helicópteros artillados, como los que el Pentágono ha facilitado al gobierno de Colombia, como “ayuda al desarrollo”, contra las plantaciones de coca cuya pasta consumen en un 80% los ciudadanos norteamericanos.

 

No sólo Nicaragua, Guatemala, Honduras y El Salvador, sino Ecuador, Bolivia y Perú padecen los efectos de esa política de exterminio que, en nombre de la salud pública, desestabilizan a los gobiernos, para poder mantener el control de esa zona al sur del Canal de Panamá declarada de importancia vital y estratégica por el gobierno de Washington.

Personalmente me río de la libertad (y de su estatua) que proclaman los Estados Unidos. ¿Qué libertad? ¿Libertad para quíén?

 

d.t.