Enero-2006

 

Agua: tanto tienes, tanto bebes

 

El agua es el compuesto químico más abundante en nuestro planeta, donde resulta indispensable para el desarrollo de la vida...Se acepta que geométricamente (la molécula de agua) es plana y tiene forma de V, con un ángulo de 104º 28’, con el átomo de oxígeno en el vértice...Esto dice la Ciencia y, en ocasiones, las certezas felices de los textos de ciencias pueden resultar tranquilizadoras.

Sin embargo, las cuestiones relativas al agua van más allá de las fórmulas y de los  territorios pacíficos de la bioquímica o la biología. Si nos adentramos en otras disciplinas como la política o la economía, el agua se vuelve turbia y hasta tóxica.

 

El año pasado, la ONU calificó el acceso al agua como Derecho Humano indispensable, considerándola un bien social y cultural y no un producto básico de carácter económico. Los datos que justifican tal decisión son muchos y tan elocuentes que se pueden ofrecer “a secas”:

-         Sólo el 3% de agua del planeta es potable.

-         Hay 1.600 millones de personas sin acceso a agua potable, serán 2.500 millones en 2025.

-         El 80% de las enfermedades y el 33% de las muertes son por culpa de agua en mal estado.

-         6 millones de niños mueren cada año por aguas contaminadas.

-         2.500 millones de personas enferman por agua en mal y estado y falta de higiene.

-         En 2000, 31 países (África y Medio Oriente) estaban afectados por escasez de agua. En 2025 serán 17 más.

No hay motivos para la calma cuando la ONU declara algún derecho, más bien habría que echarse a temblar. Ni sus mismos responsables confían en las posibilidades del organismo internacional de poder influir en la política y la economía reales. Quizás por eso, Klaus Toepfer, Secretario de Naciones Unidas para Medio Ambiente, declaró recientemente que el agua será la próxima cauda de guerra. En todo caso, ningún valor tiene la predicción de un futuro que hace años que ya está aquí. La Guerra de los seis días, en 1967 (38 años antes de la predicción de Toepfer), permitió a Israel la confiscación de los abastecimientos de agua de la Franja de Gaza y Cisjordania, declarándolos propiedad del Estado de Israel. Después de esta guerra se intensificó la colonización del norte de Palestina, precisamente porque allí se encuentra el 85% de las reservas de agua de la región.

 

No todas las guerras se hacen con tanques y bombas. Hay otras aparentemente más sutiles pero igualmente devastadoras: las guerras de los ricos contra los pobres. En los trabajos previos a la declaración del agua como un Derecho Humano indispensable, Jack Moss, representante de la compañía privada Suez, especializada en la explotación de servicios de agua, opinó que la privatización de los servicios puede ser considerada “una salvación masiva ante la carencia de agua”. El cinismo de este tipo de personajes es grosero e intolerable. Desde 2997, más de 10 millones de sudafricanos han perdido su acceso al agua como consecuencia de la privatización, que hizo subir las tarifas un 600%.

Las políticas privatizadoras significaron en Sudáfrica la imposición del sistema de prepago, forzando a que la población prefiriera obtener el agua de los ríos cercanos, lo que provocó, sólo en el año 2000, la muerte de 300 personas y que más de 1.200 se infectaran de cólera.

En Cochabamba (Bolivia) la distribución de agua fue concedida a Betchel, la empresa de agua más grande de Estados Unidos, lo que llevó a que la tarifa mensual de agua subiera un 400%, de 5 a 20 dólares. Esos 15 dólares de diferencia suponían la comida de una familia durante una semana y media. Las revueltas populares expulsaron a Betchel de Bolivia en 2002. Esta empresa demandó por 25 millones de dólares a Cochabamba por las ganancias que dejó de percibir. Un año y medio después, tras la invasión de Irak, el gobierno de Bush le otorgó como premio de consuelo un contrato de 680 millones de dólares para participar en la rentable “reconstrucción” de este país.

Desde luego si algo no asegura la privatización del agua es la salvación masiva de la carencia de la misma.

 

El agua es otro Derecho Humano, otro bien indispensable, que se ha comercializado y puesto en manos del mercado todopoderoso. El agua es para quien pueda pagarla. Por eso mientras en el Sur millones de personas pasan sed, en el Norte opulento y excesivo se consumen una media de 2.000 litros diarios de buena calidad, cuando según la Organización Mundial de la Salud el óptimo necesario es de 150 litros. En todo caso, deberíamos haber aprendido ya que los puntos cardinales dejaron de existir en estos temas. La falta de agua potable también es una realidad en países del Norte como España. Mientras el Gobierno autónomo de Murcia se gasta miles de euros en la interesada campaña ”Agua para todos”  y el Ayuntamiento de Murcia cuelga una pancarta gigante en su fachada con ese lema, varias familias viven en los barrios murcianos sin agua. Aguas de Murcia, la empresa que se hace cargo del agua en esa región tras la privatización de la misma, se desentiende del asunto y dice que hasta que no se pague no hay agua. Es decir, cualquiera se ríe de las declaraciones de la ONU.

 

Por si todo lo anterior no fue suficiente, una última predicción realizada por varios expertos: con el ritmo actual de consumo, se calcula que en 2100 se habrán consumido todas las aguas potables de superficie. El panorama es desolador. Pasaremos a la historia como las generaciones que devoraron lo suyo y también lo que pertenecía a generaciones posteriores.

 

d.t.

 

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Ref. a un artículo de Federico Montalbán (N.O. n.1386)