Mayo-2006

 

Total por unas gotas…

 

Total por un chorrito que vierte la cisterna del baño…, total por unas gotitas que pierde el grifo del fregadero…, total por un poco aceite usado que echo en el desagüe o por el water…, total por alguna vez que lavo el coche con agua de la red…, total por tardar cuatro o cinco minutillos más en la ducha…

Si echáramos cuenta del agua que gastamos, malgastamos, o contaminamos, a lo largo del día, tal vez nos viéramos incluidos en las listas de los “derrochadores de agua”.

 

En estos tiempos de atrás, se celebró el IV Foro Mundial del Agua y con este motivo la ONU publicó un Informe sobre Recursos Hídricos: “El agua, una responsabilidad compartida”. Bueno, ya sabemos la eficacia que tienen todos los informes de los Organismos Internacionales…, pero ahí está. Su título sugerente expresa una clave fundamental para caminar correctamente en la búsqueda de soluciones al problema del agua en el mundo.

 

¿Cuál problema? Uno muy grave: cada año mueren más de tres millones de personas por no tener acceso al agua potable. Son 10.000 personas que mueren cada día por esa causa, 6.000 son niños.

Menos de 1.000 millones de personas consumimos el 86% del agua potable del mundo. Mientras 1.400 millones no tienen acceso a ella y otros 2.000 millones consumen agua de muy baja calidad por falta de tratamiento.

Se calcula que, de mantenerse la actual situación, en el 2.030 serán cerca de 5.000 millones de personas las que sufran graves carencias en el acceso al agua.

 

El caso es que hay agua para todos y para todo, pero está mal repartida y gestionada. El problema real “no es la escasez de agua, sino su manejo en relación con las necesidades humanas y de los demás seres vivos” (L.Boff). Esto es lo más tremendo, lo más doloroso y preocupante.

 

Y aparece aquí otra de las madres del cordero…Existe un conflicto entre quienes quieren tratar el agua como una MERCANCÍA, una fuente de negocio, y quienes pretenden preservarla como un BIEN BÁSICO para la vida que no debe ser mercantilizado.

En torno al agua existe un lucrativo negocio que algunas empresas buscar extender y que alientan algunos organismos internacionales. Es dramático que el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional hayan condicionado en los últimos años la financiación de la deuda externa y la concesión de nuevos créditos en más de 40 países a la privatización de sus recursos acuíferos y a la gestión privada de los servicios del agua. Grandes empresas europeas controlan el suministro del agua en la mayoría de los países latinoamericanos, por ejemplo.

Frente a esta visión mercantil y de propiedad privada del agua, predominante en nuestro mundo actual, otra gente trabaja por lograr que el acceso al agua sea considerado un derecho fundamental de todas las personas y reclaman los esfuerzos y recursos necesarios para lograrlo, porque es posible. Así lo expresa L. Boff: “Comencemos por establecer que el agua no puede ser un bien económico como cualquier otro. Está tan estrechamente ligada a la vida, que debemos considerarla como parte de la vida misma y como algo sagrado. La vida no puede ser transformada en una mera mercancía”.

 

Pues, de una u otra postura resultan políticas del agua completamente distintas.

Las políticas privatizadoras y mercantilizadotas se basan en la convicción de que lo que mueve la vida social es el individualismo y la competencia, el negocio, el mercado… Mi interés y que cada cual busque el suyo propio.

Curiosamente, en esta misma línea capitalista, individualista y consumista, nos encontraríamos también todos los “derrochadores de agua” (“Yo pago el recibo del agua y nadie tiene por qué decirme nada”, “Yo gasto el agua que tengo que gastar, para eso la pago”, “Yo tengo para pagar el recibo del agua y punto…el que venga atrás que arree”,…). Los resultados están a la vista.

Sin embargo, la afirmación práctica de los derechos de cada uno pasa por poner en el centro los derechos comunes, el “nosotros” antes del “yo”, la colaboración y cooperación para buscar juntos respuestas a lo que cada uno y todos necesitamos.

Desde la primera postura competimos por los bienes, desde la segunda colaboramos para que todos dispongamos de los bienes necesarios para la vida.

 

Total que por buscar sólo el interés particular, no hay solución humana a ningún problema social. Por eso es que decíamos que es sugerente el informe de la ONU al hablar de “responsabilidad compartida”.

Total que con no pensar en estas cosas, así no nos preocupamos…

Total que con no asomarnos a la lista de “derrochadores de agua”, nunca nos enteraremos si aparecen nuestros nombres…

¡Anímese y póngale nombre a semejante actitud…!

 

d.t.

 

Comentarios a un interesante artículo de F. Porcar (N.O.n.1407) titulado Agua: del “yo” al “nosotros”.