Octubre-2007

 

NO PASA NADA?

 

El 22 de octubre aparecía el Sr. Rajoy, jefe político del mayor partido español de la oposición, en TV minimizando el problema del Cambio Climático, porque así se lo había dado a entender un científico, primo suyo: “si no sabemos el clima que hará mañana en Sevilla, cómo vamos a saber lo que ocurrirá dentro de 50 o 100 años en el mundo?. A Rajoy le produce más confianza lo que diga su primo, que lo que dicen 2.500 expertos informadores de la ONU.

Hemos sabido que en Estados Unidos sobornan por 10.000 dólares a científicos para que monten teorías contrarias al informe de la ONU, el cual advierte de la grave situación por el cambio climático. Este proceder es una manera de seguir permitiendo los enormes niveles de contaminación producidos por Norteamérica y seguir haciendo grandes negocios a costa de la naturaleza. 

Con ejemplos como éstos, no es de extrañar que nos encontremos con voceros de la prensa o de la política defendiendo el “no pasa nada”.

 

Según decía el 23 de agosto el ministro de Asuntos Civiles de China: Los desastres naturales han afectado en lo que va de año a 310 millones de personas chinas. Unas pérdidas económicas de unos 17.000 millones de dólares. Y eso que el número de muertos ha sido inferior al del año pasado.

Probablemente en Occidente volvamos a escuchar “no pasa nada”. No faltarán plumas brillantes atacando en la prensa a toda aquella persona que quiera relacionar estos fenómenos, sus causas o consecuencias, con el cambio climático.

 

Las inundaciones en Corea del Norte durante el mes de agosto pasado dejaron más de 600 personas muertas y 200.000 sin hogar. Han quedado destruidos el 20% de los arrozales y el 15% de los maizales.

200.000 hectáreas de tierras de cultivo quedaron dañadas y 900.000 afectadas por las inundaciones.

Más de 8.000 edificios públicos y un millar de fábricas y minas quedaron anegados y 200 tramos de líneas ferroviarias quedaron inutilizables.

Gravísimo contratiempo para un país tan pobre. ¡Hambre a la vista!

Pero nos dirán que “no pasa nada”, son cosas que pasan, caprichos de la naturaleza…que nada tienen que ver con el cambio climático.

 

Más arriba estaban las palabras del ministro chino del 23 de agosto. Pues, apenas unos días después, en septiembre, llegaba el tifón Wipha. Calculaban que podía ser el más destructivo de la década en China. Ya había producido pérdidas económicas por 275.000 millones de euros, según la agencia Xinhua.

El 30 de septiembre pasó por la provincia de Zhejiang, derribando 669 casas, afectando a 5 millones de personas y originando pérdidas de 385.000 dólares. Comenzaron a contarse los muertos. Se evacuaron a dos millones de personas.

Temían que llegara a Shangai con más fuerza que el Saomai, que en 2006 dejó más de 440 muertos en el este del país.

Nos acusarán de agoreros si continuamos por este camino, porque insistirán que “no pasa nada”, que esto nada tiene que ver con el cambio climático.

 

El sismo en el sur de Perú, que tuvo lugar el 15 de agosto pasado, produjo 595 personas muertas y 320.000 damnificadas. Por aparte, 318 desaparecidos, 21.800 heridos, más de 50.000 viviendas destruidas y otras 24.000 afectadas.

“No pasa nada” nos dirán. No querrán ustedes relacionar este desastre con el cambio climático, ¿verdad?.

 

Apenas hemos enunciado unos cuantos fenómenos desastrosos de los muchos ocurridos en este año 2007. Pueden seguir completando la lista.

¿Cuánta gente, sobre todo en los países desarrollados de Occidente, se ha sentido preocupada? ¿Cuánta gente ha relacionado estos y otros muchos fenómenos extraños con el cambio climático y el deterioro de la naturaleza?.

 

Los seres humanos estamos destruyendo la naturaleza a un ritmo sin precedente y, en el año 2050, se necesitarán recursos naturales de DOS PLANETAS TIERRA, si las tendencias actuales continúan”, decía el Informe conjunto del Fondo Mundial de la Naturaleza y la Red de Ruta Global de 2006.

Los habitantes de nuestro planeta parecemos dormidos.  Hasta 1972 no se elaboraron las primeras pautas  para el desarrollo sostenible y defensa del Medio Humano.

Hasta 1992, veinte años después, no se elaboró la Agenda XXI, en la Cumbre de la Tierra de Río de Janeiro, proclamando los objetivos de desarrollo sostenible y la protección del medio ambiente.

Sucedieron Cumbres y más Cumbres…pero los intereses particulares impidieron la aplicación de políticas de progreso sostenible para el desarrollo económico, la igualdad social y la protección del medio ambiente.

Los hábitos consumistas, depredadores de la naturaleza, de los países del norte opulento se han ido extendiendo como la mala hierba.

La deforestación hace desaparecer cada año millones de hectáreas de bosques, la erosión arrastra la capa vegetal y degrada otros millones de hectáreas de tierras que una vez fueron fértiles, y la desertificación se extiende por más millones de hectáreas, comenta Manuel E. Yepe.

Extinción de especies de fauna y flora que afecta gravemente a la diversidad. La contaminación del agua de los ríos y los mares, así como la del aire, que amenaza la supervivencia de poblaciones, países y regiones.

Los medios de comunicación, controlados por las corporaciones multinacionales, se han dedicado a guardar un discreto silencio y a publicar justificaciones puntuales.

Esta es la misma cantinela que siempre.

Ahora las empresas transnacionales, para continuar con la fructífera industria del automóvil, proponen la producción de biocombustibles a partir de cereales y de forrajes transgénicos cultivados en tierras de países pobres, que seguirán desforestándose y envenenándose con agrotóxicos. Además de afectar directamente a la producción de alimentos para los habitantes del planeta.

Un modelo económico y social basado en la maximización de la ganancia para unos pocos ganadores a costa de la mayoría de la población, perdedora, ha acarreado el agotamiento de los recursos naturales de un planeta cuajado de las mayores injusticias sociales, con la riqueza concentrada en unos pocos países y, en todas las naciones, en manos de unos pocos dueños.

Naturalmente, la cura efectiva de estos males tendría que pasar por un cambio en el modo y las relaciones de producción, a escala global. Todo lo demás que pueda hacer la humanidad a estas alturas tendrá un efecto apenas atenuante. Una sociedad ambientalmente sustentable, ecológica y solidaria es definitivamente incompatible con el capitalismo.

 

A la naturaleza sólo le queda protestar a su manera, y hasta que pueda hacerlo. Gracias a la naturaleza es que podemos vivir todos los seres vivos, pero los llamados “racionales” nos hemos empeñado en devorarla, en aniquilarla a ggolpe de derroches…En nombre del “libre mercado”, de la “propiedad privada”, y del “prometedor consumismo” estamos matando la naturaleza y originando nuestro propio suicidio.

Busquen palabras más dulces, si quieren, pero terminarán diciendo lo mismo.

 

d.t.