Mayo-2001

 

Otro mundo es posible:

Globalicemos las resistencias y la solidaridad

 

¿Les suena el asunto? Probablemente sonará aún más durante estos dos meses en España, en alusión a una protesta que se quiere manifestar contra el Banco Mundial cuya reunión del 25 al 27 de junio tendrá lugar en Barcelona.

Precisamente el titular de arriba corresponde a un Manifiesto de la Campaña organizada para el caso. Transcribimos dicho manifiesto con el ánimo de dar a conocer a cuanta más gente mejor este mensaje, que vean cómo crece el número de personas que quieren sentirse libres para hablar y denunciar al Sistema Todopoderoso de la Globalización Capitalista. En el fondo, es una cuestión de vida, y a la larga es eso lo que nos estamos jugando, la vida. Tal vez, sea un poquito largo el Manifiesto, pero en él aparece un esquema general de la problemática e inquietudes actuales sobre el tema.

 

 

Manifiesto de Barcelona 2001

El Banco Mundial (BM) celebrará del 25 al 27 de junio una reunión en Barcelona. Aprovechemos para poner un poco de juicio en el mundo.

El BM es una institución pública internacional, en manos de las grandes potencias, al servicio de las empresas transnacionales y del capital financiero, pagado por los impuestos del Norte y por los intereses abusivos de la deuda del Sur.

Desde su trono de ocupaciones seguras y bien pagadas, la tecnocracia del BM (que junto a la del Fondo Monetario Internacional tienen más de 10.000 personas empleadas) impulsa, conjuntamente con la Organización para la Cooperación y el Desarrollo (OCDE) y la Organización Mundial del Comercio (OMC), políticas ultraliberales, como privatizaciones y destrucción de los servicios públicos, substitución de cultivos necesarios por otros de lujo para ricos, en beneficio de especuladores y empresas transnacionales, que reciben enormes subvenciones, suelo industrial gratuito y otras ventajas de los estados.

La campaña iniciada denuncia que estas instituciones, sin legitimidad democrática (los votos son en proporción a las aportaciones monetarias, de  forma que los países ricos se aseguran siempre la mayoría) imponen políticas económicas y sociales dañinas para los pueblos del mundo.

En conjunto, en un contexto de empobrecimiento y conflictos armados regionales, a menudo fomentados por intereses transnacionales y disfrazados de intervenciones humanitarias (p.e. en la región africana de los grandes lagos) se obliga a que cada vez más gente del Sur tenga que desplazarse hacia el Norte, que se les presenta como el mundo de la abundancia.

Las consecuencias de estas políticas son bien evidentes. A nivel social disminuyen los presupuestos en educación, salud, ayuda alimentaria, etc. Todo ello aumentando los presupuestos destinados a armamento y defensa, siendo las mujeres las más afectadas, hasta el punto que un 70 % de las personas pobres del mundo son mujeres.

Desde el punto de vista medio ambiental aceleran el cambio climático, destruyen los pulmones verdes del planeta o dilapidan los recursos hidrológicos y favorecen la desertización.

A nivel de salud crean gravísimos riesgos con una agricultura y ganadería desnaturalizadas (transgénicos, vacas locas, fiebre aftosa...) y monopolios sobre la vida, a través de patentes sobre fármacos, semillas y datos del Genoma. Ya no hay límites para el negocio. Si los medios de comunicación, nos venden la globalización del poder económico como un fenómeno inevitable, estos intereses someten la libertad de las personas y de los pueblos, mediante la explotación y el chantaje, el hambre, la violencia, las epidemias que se cobran millones de vidas cada año en los pueblos del Sur y el paro, la precariedad y la pobreza de sectores crecientes de la población del Norte, argumentando la desigualdad en ambas y reduciendo por doquier los derechos laborales y la protección social.

La globalización refuerza un sistema sexista, excluyente y patriarcal. Incrementa la feminización de la pobreza y exacerba la forma de violencia contra las mujeres. La igualdad entre hombres y mujeres es una dimensión central de nuestra lucha. Sin igualdad, otro mundo nunca será posible.

Ante este modelo neoliberal de globalización que se nos quiere imponer como único posible, nosotros apostamos por las resistencias, afirmamos que otro mundo es posible. Un mundo basado en el control democrático de los bienes y servicios públicos y en la solidaridad.

Solidaridad entre pueblos. Exigimos la abolición de la deuda externa, pagada con creces, y el reconocimiento de la deuda ecológica en las zonas periféricas, tras siglos de expoliación de sus recursos. Además exigimos el fin de las políticas destructoras de culturas de los pueblos.

Solidaridad entre personas, para garantizar unas condiciones dignas para todos, a un trabajo estable, a una vivienda, a un servicio público de calidad en la salud, la enseñanza, el transporte, etc. Apostamos por la globalización de los derechos sociales y laborales, en todo el mundo, sin ninguna discriminación de sexo, origen (nacionales o inmigrantes) o de cualquier otro tipo.

Solidaridad entre generaciones, para garantizar la salud del planeta y de sus habitantes.

Es necesaria una economía sostenible basada en la cultura de la prevención y la substitución de los combustibles fósiles por energías renovables. Con un modelo agroalimentario respetuoso con el equilibrio ecológico que además de proveer alimentos a toda la humanidad, garantice su calidad para el consumo.

Apostamos por la fiscalización de los flujos especulativos de capital (1.8 billones de dólares, más de 300 billones de pesetas, se mueven diariamente en intercambios de divisas) con capacidad para desmoronar la situación de cualquier país que no satisfaga los gustos de los especuladores (lo demuestran las sucesivas crisis de Méjico, sudeste asiático, Rusia, Brasil y actualmente Argentina y Turquía, concentradas en los últimos años). Defendemos el establecimiento de los medios y mecanismos necesarios que permitan al conjunto de la sociedad poner la economía a su servicio.

Apostamos, igualmente, por unas relaciones de comercio justo que garanticen mejores condiciones de vida y trabajo. Defendemos la cultura de la paz y la solidaridad por encima de la persuasión y el militarismo. Rechazamos la fabricación y comercio de armas que enriquecen a los países ricos y promueven conflictos en los países pobres, que perpetúa un orden internacional injusto argumentando los presupuestos de defensa y reduciendo los gastos sociales.

Criticamos las políticas de control social y policiales que impiden profundizar en la democracia participativa. Queremos impulsar un modelo radical de ciudadanía que no convierta a las personas en simples objetos de las políticas sociales, sino en sus protagonistas.

La campaña de Barcelona se inserta en el movimiento internacional de resistencias y propuestas alternativas como las que en Chiapas, Seattle, Bangkok, Praga, la Marcha Mundial de la Mujeres, Foro Mundial de Porto  Alegre y otras muchas, han puesto en relieve que otro mundo es posible.

Un mundo solidario y sostenible. Desde esta legitimidad declaramos al Banco Mundial institución non grata y denunciamos la violencia de sus medidas, que imponen por la fuerza la miseria y la angustia en todas partes.

Hacemos una llamada a la movilización pacífica, pero contundente, contra la presencia del BM y a favor de la globalización de las resistencias y la solidaridad.