Noviembre-2005

 

Continuamos resumiendo un trabajo de Luis de Sebastián,

 titulado “Problemas de la globalización”,

en el que va señalando aspectos que ayudan

a diferenciar el capitalismo teórico sobre el mercado libre

del otro capitalismo real que afecta a todos los ámbitos de la vida social.

 

CAPITALISMO, EMIGRACIÓN Y POBREZA

 

Supongamos que las españolas y los españoles comienzan a tener más hijos, de manera que hagan posible una tasa del 3 % de crecimiento anual de la población (más del doble de la actual). El número de habitantes crecería rápidamente. La pirámide de edades, que hoy es ancha en la base y estrecha en el vértice, cambiaría de forma. ¿Quién iba a considerar esa evolución demográfica como una desgracia o un problema? Nadie.

 

Emigración y desarrollo capitalista

La necesidad de la inmigración

La población es uno de los factores básicos del desarrollo y de la riqueza de las naciones, siempre que haya otros factores de producción: tierra y capital para hacerlos producir. Si el conjunto del estado español llegara a tener 50 millones de habitantes dentro de 10 años no sería un país más pobre. Sería, sin duda un país más rico. La creciente población demandaría más casas, más alimentos, más coches, más artículos para el hogar, más vestidos. Es decir, la demanda global de bienes y productos crecería significativamente.

España tiene espacio, capital, medios de producción, capacidad industrial, recursos, en una palabra, para atender al número creciente de necesidades de una población mayor.

La densidad de población del estado español es de 85 habitantes por km2 (43 millones de habitantes en 506.000 km2), Italia con 58 millones de habitantes y 301 km2, tiene una densidad de población de 192 h/km2. Francia tiene una densidad de población de 106 h/km2 Y Holanda con 16 millones y 42.000 km2 una densidad de 380 h/km2.

No nos debe preocupar que la población crezca, sino que no crezca, porque ya estamos

experimentando serios problemas por el estancamiento del crecimiento de la población. Porque es matemáticamente cierto que, si la tendencia demográfica propia de nuestra sociedad no es alterada o compensada, nos llevará irremediablemente y pronto (en 25 ó 30 años) a un estancamiento del crecimiento de la riqueza. Nos encontraremos entonces con que nos faltarán recursos para atender a una sociedad enormemente envejecida. En esas circunstancias sólo nos podrá salvar la inmigración.

En el s. XX la inmigración ha salvado a la economía de muchos países. Sin emigrantes (millones de ellos) ni Estados Unidos, ni Canadá, ni Australia estarían entre los países más ricos del mundo. La emigración es riqueza. Los países con grandes extensiones vírgenes lo han sabido hace mucho tiempo. Y los países con una mano de obra insuficiente también. Europa no podrá seguir creciendo y produciendo riqueza al ritmo actual, si no admite un flujo considerable y creciente de emigrantes. Primera conclusión: la inmigración nos es necesaria.

 

La emigración es inevitable

La emigración es un fenómeno humano complejo, que sin embargo, tiene una base biológica o zoológica muy simple: la búsqueda de las condiciones adecuadas para sobrevivir en un contexto cultural determinado. Aunque el fenómeno actual de la emigración de personas del Mundo Pobre hacia el Mundo Rico, está determinado por una variedad de factores, guerras, persecuciones, conflictos étnicos, hambrunas, etc., los factores económicos son decisivos en los comportamientos migratorios.

Eso nos exige que tratemos de entender el fenómeno también como un fenómeno económico. Desde el punto de vista de la teoría económica, la emigración es, como otros muchos comportamientos de los seres humanos, una cuestión de incentivos y costos. La teoría económica, sin embargo, no ofrece el único marco adecuado para analizar el fenómeno, que tiene profundas raíces de naturaleza biológica. Las migraciones son un fenómeno normal entre los animales. En zoología lo que hay que explicar no es por qué los animales emigran, sino por qué se fijan en algún lugar determinado y constituyen una habitación más o menos permanente.

Hecha esta aclaración, vamos a proponer un tratamiento económico de la emigración. Vamos a explicar los determinantes de los flujos de emigración como un movimiento de personas, que se mueven por unos incentivos fundamentalmente económicos y que esperan obtener unos determinados beneficios materiales, para lo cual tienen que incurrir en algunos costos. Se trata de explicar la racionalidad económica de las decisiones que llevan a algunas personas a cruzar el Río Grande, el Estrecho de Gibraltar, ocultarse en camiones, o hacer cola ante un consulado para obtener un permiso de residencia. Llegaremos a la conclusión de que la decisión de emigrar es sumamente racional para un gran número de ciudadanos del mundo y que por lo tanto debemos esperar, a no ser que pensemos que los pobres son irracionales, que muchos de estos ciudadanos decidan emigrar.

 

La función de emigración. La determinación de los flujos migratorios

La primera variable considera el diferente poder adquisitivo, del país de origen y el país de destino. En esta variable se combinan dos efectos distintos que se refuerzan mutuamente: Un “efecto atracción” y otro “efecto expulsión”. El efecto de atracción refleja la que tiene la riqueza y el bienestar de los países ricos sobre los habitantes de los países pobres. El “efecto de atracción” se ha hecho más fuerte en los últimos veinticinco años o así por medio de la generalización de la televisión y el cine, que están continuamente presentando a los ciudadanos más pobres, grandes consumidores de estos medios, la vida y milagros de los ciudadanos más ricos del mundo. En el Norte de África, por ejemplo, se ven normalmente las televisiones de España, Francia, Italia y Grecia, y a través de ellas se difunde el conocimiento de los niveles de vida que cualquier trabajador puede disfrutar en esos países. Diferencias entre ricos y pobres ha habido siempre, pero ahora estas diferencias, además de que son mayores que nunca antes en la historia, son también perfectamente conocidas por los pobres, lo cual no se podía decir en el pasado.

La brecha de los ingresos como explicación de los flujos migratorios contiene también un “efecto expulsión”, el que ejercen la pobreza, la violencia y la guerra sobre los miembros de las sociedades. La gente huye de la miseria, de la enfermedad, del hambre, del hacinamiento, de la falta de oportunidades en general, como cualquier animal huye de unas condiciones adversas para sobrevivir. Los niveles de vida en muchos países del mundo son demasiado bajos para satisfacer las necesidades básicas de una vida digna, a la que todos los seres humanos –se nos dice constantemente– tenemos derecho. La gente simplemente no se resigna y emigra. Las madres preñadas que llegan a nuestras costas saben muy bien que si sus hijos nacen en Europa, tendrán mayores oportunidades de progresar y vivir bien. Quizá no saben es que la esperanza de vida en España es mucho mayor que la que tendrían si nacen en su país. Si vinieran, por ejemplo, de Ruanda, Burundi o Sierra Leona, pueden tener el doble de esperanza de vida, según datos recientes del Banco Mundial para 1.995.

La brecha de ingresos es una influencia muy poderosa en la determinación de los flujos migratorios... España tiene un ingreso por habitante que es veinte veces, y Alemania treinta veces mayor que el ingreso por habitante de Nigeria, Mozambique o Zambia, y el de muchos otros países africanos que no mencionamos. Las diferencias son considerables.

 

Los costes de emigrar disminuyen

La segunda variable es la proximidad geográfica o distancia de los focos de emigración, que se toma aquí como una variable económica, en cuanto a menor distancia, o mayor proximidad, menores son los costos del desplazamiento. Esta variable también es un vector de distancias de los países pobres del mundo a España. La distancia no es una barrera insalvable. De otra manera no habría migración asiática en Europa. Pero no cabe duda que los marroquíes lo tienen más fácil que los indios para entrar en Europa, y los mexicanos más que los bolivianos para ir a Estados Unidos. La relación es inversa, porque cuanto mayor sea la distancia menor tendría que ser la emigración...  La distancia más que en kilómetros se podría medir en términos de lo que cuesta un pasaje de avión económico entre dos puntos de la Tierra. La distancia material se traduciría así en distancia económica, o costo del desplazamiento, que habría que corregir de nuevo para incluir los riesgos del viaje, riesgos entre los que hay que contar la muerte del emigrante, como ya sabemos por experiencia.

El efecto llamada es algo que se conoce intuitivamente, pero tiene una explicación más rigurosa. La tercera variable sería el número de emigrantes establecidos en el país de destino. Cuantos más emigrantes de un país se hayan establecido en otro, tanto más atractivo será éste para los habitantes de aquel. Los primeros emigrantes son como la avanzadilla de un ejército, o la cabeza de puente, que asegura el camino a los que vienen detrás. Normalmente en las primeras oleadas, de una invasión militar o de la emigración, sólo van los más aguerridos y fuertes, pero cuando estos han abierto el camino, ya no hace falta tanto valor ni tanta audacia para emigrar y naturalmente, emigra más gente. En términos económicos podemos decir que los costos de los que vienen detrás son cada vez menores, a no ser que aumente gradualmente la represión, la discriminación u otros factores que redujeran el atractivo de la emigración.

Por otra parte es conocido el fenómeno de comunidades o pueblos enteros que se trasladan y se establecen en un determinado lugar del país de inmigración. Funciona aquí un “efecto demostración”, que demuestra como se puede llevar a cabo con éxito el proceso de emigrar, o un “efecto llamada” (“Ven para acá, Manolo, que aquí se vive muy bien”), que difunde el conocimiento de las ventajas que ofrece la emigración. En términos económicos estos efectos lo que hacen es reducir los costos de búsqueda, reducir la incertidumbre de la operación y hacer patentes los incentivos concretos para emigrar. En la zona de Washington existe en la liga de fútbol regional un equipo que se llama el Intipuca Football Club, compuesto por emigrantes salvadoreños de Intipuca, una pequeña localidad en el departamento de San Miguel de la República de El Salvador.

 

Economías de la emigración y mercado de trabajo

Mercado de trabajo

Es un hecho comprobado que nadie emigra a un país donde no hay trabajo bien remunerado. Y si hay alguna emigración de este tipo, no es por motivos económicos (puede ser para huir de una guerra). También es un hecho, contradictorio en apariencia, que muchas personas del mundo pobre emigran a países donde hay una elevada tasa de desempleados. Este último hecho se explica, porque en los países ricos, y debido a la existencia de bienes públicos, de los que se pueden beneficiar todos los residentes, los desempleados viven mejor que muchos empleados en países pobres. En los países ricos, además, los mercados de trabajo están muy segmentados, de manera que los emigrantes siempre encontrarán trabajos que los residentes no quieren hacer, o no lo quieren hacer a los salarios que se les ofrecen. Los emigrantes, con tal de asegurar su estancia en el país a donde han emigrado, están dispuestos a entrar en estos mercados “residuales” y aceptan los salarios y condiciones que sean, con tal que les permitan, junto a los bienes públicos del país, sobrevivir a niveles superiores a los que tenían  en su país. Más aun, la mera existencia de trabajadores emigrantes fomenta la segmentación a la baja de los mercados de trabajo nacionales. Las ofertas salariales y de condiciones de trabajo se van reduciendo progresivamente hasta excluir de ciertos mercados de trabajo a los residentes, quedando así disponibles para los inmigrantes...

Las posibilidades de empleo para el trabajador emigrado pueden existir, aunque en el país haya un número elevado de desempleados, como bien sabemos en España, si los nativos rechazan ciertos tipos de trabajos, como recoger flores y frutos, cuidar invernaderos, repartir butano o limpiar alcantarillas. Y también hay algunos empresarios que reservan ciertos procesos muy intensivos en mano de obra al trabajo emigrante, que siempre está peor pagado que el local. Existe la posibilidad de que ese tipo de trabajo no se ofrezca a los españoles.

 

Los flujos migratorios

La organización de los flujos migratorios, legales e ilegales es una nueva e importante variable. Así como el turismo comenzó a ser un fenómeno de masas cuando aparecieron los “tour operators”, que recogían al turista en su ciudad o pueblo y lo ponían en la playa de un país lejano, sin que este tuviera que preocuparse de nada más que de pagar el servicio, de la misma manera la emigración se masifica con la aparición de estos siniestros “tour operators”, que constituyen lo que se llaman “mafias” de la emigración. Aunque los emigrantes tengan que pagar cantidades enormes relativamente a lo que ganan –si bien no tan enormes con respecto a lo que esperan ganar–, la organización de la emigración, sobre todo si es ilegal, reduce substancialmente los costos de la operación, costos de búsqueda, de transporte, de espera, y de oportunidad. Por lo menos en la apreciación subjetiva del emigrante.

Un campesino boliviano, por ejemplo, que con ir a una cierta dirección en La Paz encuentra, previo pago de una cantidad estipulada, un sistema relativamente seguro de entrar en Estados Unidos, ahorra mucho en términos de tiempo, esfuerzo, incertidumbre y probablemente también de dinero, los cuales tendría que gastar en grandes cantidades, si tratara de buscarse solo el camino hacia los Estados Unidos. Si fuera el solo con sus propios medios no tendría ninguna seguridad de encontrarlo. Existirían incentivos económicos adicionales para la emigración de los más pobres, si las mafias dieran préstamos que se habrían de pagar luego en el lugar de destino realizando trabajos en condiciones más o menos similares a la esclavitud.

El riesgo de perder la vida cambia, naturalmente, esta ecuación. Pero no la invalida, porque este riesgo es parte de una solución posible a su miseria. Si decide no tomar este riesgo, el posible emigrante se condena a una vida miserable. Sin embargo, para poder incorporar racionalmente el riesgo a su decisión de emigrar, tendría que poder dar al elemento de riesgo un peso realista. Tendría que saber qué probabilidades tiene de llegar a las costas de España en una patera un día en que sopla viento del Estrecho de Gibraltar. Lo malo es cuando la organización oculta el nivel de riesgo de la operación, de manera que los candidatos a la emigración subestiman sistemáticamente el riesgo y no pueden hacer una opción racional por falta de información. En este caso el tour operador (las mafias) de la emigración no “juega limpio”, abusando de la ansiedad y necesidad de los emigrantes y de su falta de información. Una vez más falla el mercado por información asimétrica y por ausencia de entorno legal.

 

Efectos de la represión

La última variable a considerar es la represión de la emigración. La represión hace aumentar los costos de la operación de emigrar y por eso tiende a reducirla. No cabe duda que habría mucha más inmigración ilegal si no hubiera tanta vigilancia de las fronteras. Pero con vigilancia y todo la emigración continuará, porque no se pueden cerrar completamente las fronteras de ningún país, mucho menos las de España, con tantos miles de kms. de costa. Por otro lado, este aumento de los costos de la emigración convierte el precio de la emigración ilegal en un precio de escasez, que proporciona unas rentas adicionales a los operadores del mercado de ilegales y aumenta los incentivos para que los traficantes se dediquen con su capital, sus conocimientos y sus contactos a este negocio.

La posibilidad de captar rentas, es decir, ingresos adicionales a sus sueldos, suele tentar fuertemente incluso a funcionarios de los gobiernos a ambos lados de la frontera, que muchas veces están implicados en la emigración ilegal... La legalización de la emigración, si fuera suficientemente generosa y realista –lo cual plantea otros problemas–, eliminaría este precio de escasez, y con él el atractivo del negocio y la ocasión para la captación de rentas. En este terreno de la emigración se podría hacer el mismo argumento económico que se suele usar para justificar la legalización de las drogas.

La represión de la emigración ilegal tiene dos vertientes: una la que existe en el país de destino y otra la que se puede dar en el país de origen. La primera suele ser más fuerte que la segunda. Porque el gobierno de un país pobre con un gran número de desempleados no puede ver con malos ojos que algunos de estos ciudadanos que “sobran” en su país se vayan a trabajar a países más ricos que el propio. Así se alivia el problema del paro y además se incrementan los ingresos de moneda extranjera por las remesas que los emigrantes suelen enviar a los familiares que se quedan atrás. En El Salvador, por ejemplo, la entrada de dólares por remesas de los salvadoreños establecidos en Estados Unidos es mayor que la entrada de divisas por exportación de café, que es el principal bien de exportación del país, o cualquier otra exportación.

Si los países de origen hacen algún gesto de represión es para no enemistarse con los vecinos ricos: México con Estados Unidos y Marruecos con España, pero no porque tengan intereses económicos algunos en retener a los desempleados en su país.

 

Algunas conclusiones

El análisis de esta función, que se podría comprobar empíricamente con un trabajo de documentación y encuestas, lleva a las siguientes conclusiones generales:

a) Los estímulos e incentivos económicos que causan los flujos migratorios son identificables y resultan ser muy grandes.

b) Estos estímulos tienden a crecer en el tiempo con un movimiento, que es por lo menos uniformemente acelerado.

c) La represión frena en alguna medida los flujos migratorios, pero la represión misma genera unos mecanismos económicos –por medio de la captación de rentas– que tienden a reducir su eficacia.

d) Si se quisiera reducir el volumen y el ritmo de los flujos migratorios, la solución a largo plazo sería reducir la brecha de ingresos, para reducir el efecto expulsión, y fomentar el crecimiento económico, la democracia y la equidad en los países pobres en que se originan los flujos. Así se puede “fijar” a las poblaciones en su habitat tradicional, que es donde en principio más les gusta estar.

e) Se debe incorporar a los emigrantes antiguos al esfuerzo para regular los flujos migratorios, porque ellos pueden contribuir muy eficazmente a la educación de los posibles emigrantes, a fomentar la racionalidad de las decisiones de optar por ciertas formas de emigración muy peligrosas. Debieran informar, por ejemplo, sobre los riesgos reales de estas, y sobre la recepción que les dan los países ricos, etc.

f) La política migratoria de los países ricos debiera ser generosa –interesada?– y realista a la vez, y debe estar basada en la educación y el convencimiento de los ciudadanos de los países receptores de que debemos compartir nuestra abundancia. Para ello los prejuicios raciales y el análisis imperfecto de situaciones concretas suelen ser un obstáculo.

g) La emigración es uno de los grandes retos de Europa y de España en el siglo XXI, con todas su dimensiones, culturales, religiosas, económicas y políticas.

Sobre la base del análisis que aquí se ha presentado es lógico deducir que la composición étnica y demográfica de Europa habrá cambiado substancialmente en unos cincuenta años. ¿Por qué no nos preparamos para lo inevitable?

 

Emigración y desarrollo

Vamos a considerar por último el tema del co-desarrollo, un neologismo que expresa la posibilidad de iniciar y mantener un proceso por medio del cual los emigrantes, contando con nuestro apoyo, colaboren al desarrollo de su país de origen.

Un país que expulsa emigrantes pierde capital humano. En un primer momento, la emigración produce empobrecimiento del país de donde salen los emigrantes. Porque salen los más atrevidos y audaces, los más amantes del riesgo y frecuentemente los mejores preparados en sus oficios.

En todo caso el dinero gastado por el país emisor en la formación de los emigrantes va a ir en beneficio de un país rico. Lo importante es ver cómo se recupera. Ver cómo el capital humano y físico adquirido por los emigrantes en la tierra de destino se puede aplicar al desarrollo y el progreso social de su país de origen.

Una de las formas como la emigración puede contribuir al beneficio del país de origen es por medio de las remesas que los emigrantes envían a sus familias.

Si las remesas se destinan exclusivamente a comprar productos importados, los dólares (o euros) regresan al país de donde vinieron.  

Cómo hacer que las remesas vayan a financiar proyectos de inversión en el país que las recibe, y que produzcan trabajo, creación de empleo, construcción de viviendas, por ejemplo, proyectos agrícolas e industriales para mejora de la pequeña y mediana empresa, que son las que más puestos de trabajo producen. No es frecuente que los emigrantes regresen a sus lugares de origen, pero cuando lo hacen, llevan consigo el capital humano que han adquirido trabajando y viviendo en sociedades económicamente más desarrolladas y más progresistas socialmente. Tienen la experiencia empresarial, nuevas habilidades, formas de trabajar, de organizar las empresas, que han adquirido allá.

Con ello puede devolver a su país los costes de su formación temprana. Además se pueden redes comerciales de comercio justo. Además, habría que concienciar a la población receptora, en nuestro caso, la española, de los problemas del subdesarrollo y reclamar a las autoridades que aumenten la cantidad y calidad de la “ayuda oficial al desarrollo”, que hoy por hoy deja tanto que desear.

 

Final

La emigración crea una nueva situación, que tiene muchas ventajas para los emigrantes y los españoles que los recibimos. También algunos problemas de aceptación, adaptación e integración, cuya solución es competencia de las dos partes. Plantea problemas de competencia –no siempre legítima– en el mercado de trabajo, en cuya generación los empresarios locales que los contratan también tienen su responsabilidad.

Desde una perspectiva humana estos problemas tienen que ser resueltos entre seres humanos iguales en obligaciones y derechos. Y seamos pragmáticos. Dado que es un fenómeno, que viene a salvarnos de una segura catástrofe demográfica, que arruinaría todo el bienestar que hemos construido en los últimos cincuenta años, bienvenida sea.