Octubre-2006

 

Altas Cumbres, que nada cambian

 

El tema neoliberalismo está muy conectado con las instituciones de Bretton Woods, es decir, Banco Mundial, Fondo Monetario Internacional y Organización Mundial del Comercio. Las tres grandes Instituciones que los países ricos, junto con sus multinacionales, son los instrumentos que tienen las Potencias para implantar sus políticas económicas en todo el mundo.

 

Los medios nos informan de la reunión, como cada año en otoño, del Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional. En ella se marcan las líneas de actuación de los siguientes 12 meses.

Han destacado tres temas este año: el Boicot a las reuniones oficiales organizado por la sociedad civil a raíz de las medidas de seguridad adoptadas por el gobierno de Singapur; la nueva estrategia del BM sobre gobernabilidad y anti-corrupción; y la pseudo-reforma en el reparto de votos del FMI. En todos ellos, la hipocresía fue la protagonista.

* Estos poderosos Organismos han querido lavar su cara mediante un diálogo con unas cuantas ONGs, pero las ONGs no han acudido por las tremendas medidas de seguridad que se imponían a sus delegados para asistir a Singapur, cuyo gobierno, por cierto, es reconocido mundialmente por sus constantes violaciones de las libertades civiles y derechos humanos. 163 ONGs de Asia, África, Latinoamérica, Europa y Oriente Medio han firmado una declaración de boicot al programa oficial del BM y el FMI.

Mientras el BM y el FMI han celebrado sus reuniones en solitario, la sociedad civil ha organizado numerosos actos alternativos, entre los que destaca el Foro Internacional de los Pueblos contra el BM y el FMI: Más de 700 personas, de 25 países y 100 organizaciones diferentes han participado. Compartieron sus visiones sobre temas como la Deuda Ilegítima, la condicionalidad del BM/FMI, el problema de la corrupción/transparencia, y otros. La declaración final refleja muy claramente el papel que el Banco y el Fondo juegan en el proceso de globalización: “Encontramos el Banco Mundial y el FMI responsables por las políticas y acciones que traen a la intensificación de la pobreza y pauperización de las condiciones de vida, la violación de derechos humanos básicos, la restricción de las libertades políticas y civiles más básicas, la expropiación de la soberanía nacional de los pueblos y de la gobernabilidad democrática, y la subversión del derecho al desarrollo”.

         * El BM enarbola la bandera de la lucha contra la corrupción, pero con reservas. Desde que hace año y medio Paul Wolfovitz asumió la presidencia del BM (tras haber sido uno de los idearios de la invasión de Irak para la Administración Bush), la lucha contra la corrupción parece haberse convertido en su principal obsesión. En el último año el BM ha suspendido más de mil millones de dólares en diferentes proyectos en África y Asia por denuncias contra la corrupción. Pero según denuncian algunos países miembros, los criterios para cortar los fondos han sido más bien arbitrarios, y esta estrategia acaba castigando más a aquellos que se debían beneficiar del proyecto (la población) que a los que han cometido el delito.

Por ejemplo, hace unas semanas se hizo público que el Banco ofrecía amnistía y confidencialidad total a aquellas empresas que admitieran voluntariamente haber sido implicadas en casos de soborno y corrupción. Aquellas que no se acojan a esta oferta y sean descubiertas entran a formar parte de una lista negra y no pueden volver a trabajar con el BM. ¿Qué sentido tiene esto? Lo que parece es que el Banco quiere evitar sanciones al sector empresarial.

Pero, además, la historia del propio Banco está manchada por numerosos casos internos de corrupción y por el apoyo de la institución a regímenes notoriamente corruptos como los de Mobutu en el Zaire, Marcos en Filipinas, Suharto en Indonesia o Pinochet en Chile. El mismo sistema de toma de decisiones del Banco dista mucho de lo que podemos considerar buena gobernanza. El BM no puede ser a la vez juez, jurado, fiscal e implicado en la lucha contra la corrupción, y si quiere hablar de gobernabilidad debería empezar por él mismo. Es evidente, pues, que el BM tiene un trabajo pendiente sobre el tema de la corrupción, y este debe consistir en evaluar su pasado y su presente y asumir la responsabilidad en el fomento de la corrupción. La lucha contra la corrupción es sin duda una cuestión de mucha importancia, no sólo en los países del Sur, sino también y sobre todo en el Norte, dónde las empresas transnacionales juegan un papel clave en el fomento de la corrupción. Precisamente por todo ello no se puede dejar en manos de instituciones como el BM.

Ante la controversia levantada por el tema, quedó sujeto a futuras evaluaciones y consideraciones.

         * En cuanto a la reforma de votos del FMI, uno de los temas más difundidos a través de los medios de comunicación (si no el único), el fraude es total.

Rodrigo Rato, director gerente del Fondo, lo ha vendido como un gran paso hacia una mejor representación de los diferentes países miembros en el Fondo, y los medios han comprado sin complejos la noticia. La reforma finalmente aprobada en las Reuniones Anuales tiene tres medidas principales: un reajuste parcial inmediato que da más poder de voto a China, México, Turquía y Corea del Sur; un incremento de los votos básicos de todos los países antes de finales de 2008; y la búsqueda de una nueva fórmula que calcula por el reparto de Cuotas. Esta pseudo-reforma premia a una serie de países “amigos” que venían reclamando más poder desde hace tiempo, y ofrece las migajas de los votos básicos a los países del África Subsahariana, para intentar acallar las voces que entre los países miembros denuncian la falta de democracia interna de las instituciones de Bretton Woods.

Hablando en plata, si la reforma se cumple, el reajuste supondrá una reducción del poder de los países más ricos del FMI, pasando de un 60% al 59%, ni más ni menos.

 

Distintos son los ecos que nos suelen llegar del Foro Social Mundial.

“Otro mundo es posible”. ¿Por qué otro, si ya tenemos éste -capitalista, neoliberal y globocolonizador? Este es el mejor de los mundos. Excepto para los 2/3 de la población mundial que viven bajo la línea de pobreza, según el Banco Mundial.

Habitan nuestro planeta, hoy, 6.100 millones de personas. Sólo 2.100 millones disfrutan de condiciones dignas de vida. Los otros 4 mil millones padecen: 2.800 millones viven bajo la línea de pobreza, lo que significa que no disponen de una renta mensual equivalente a más de 60 dólares. Y 1.200 millones viven bajo la línea de miseria, porque poseen una renta mensual inferior al equivalente a los 30 dólares.

Hay que buscar una alternativa al actual modelo económico, antes que la desesperación fomente todavía más el terrorismo. Y esa alternativa pasa, necesariamente, por el cambio de valores, y no sólo de mecanismos económicos.

Comentaba Frei Betto que, si el mundo ronda en torno a la economía y la economía gira en torno al mercado, eso significa que éste, revestido de carácter idólatra, se sostiene encima de los derechos de las personas y los recursos de la Tierra. Se presenta como un bien absoluto. Decide la vida y la muerte de la humanidad. Así, los fines - vida y felicidad humanas- quedan subordinados a la acumulación privada de las riquezas. No importa que la riqueza de unos pocos signifique la pobreza de muchos. El paradigma del mercado son las cifras de cuentas bancarias y no la dignidad de las personas.

Hay, pues, una inversión de valores. Los productos pasan a ser sujetos y las personas objetos. Es el producto que imprime valor a quien lo posee. Por tanto, los desposeídos carecen de valor y, descartados del juego económico, son atraídos a reverenciar la abundancia de los privilegiados.

La ostentación de los millonarios funciona como un icono en el que se proyectan aquellos que, excluidos del festín, al menos saborean virtualmente las migajas psicológicas caídas de la mesa de los acomodados. Quien sabe, si un día, yo podría ser uno de ellos. Sueño que fácilmente se transforme en revuelta.

El principio supremo de la ciudadanía mundial es el derecho de todos a la vida. ¿Cómo hacer eso viable? Cualquier alternativa deberá huir de los extremos que castigaron a una porción significativa de la humanidad del siglo XX: el libre mercado y la planificación centralizada. Ni uno ni otro subordina la economía a los derechos del ciudadano. El mercado estrecha oportunidades, concentrando la riqueza en manos de pocos. La planificación centralizada, aunque ejercida en nombre del pueblo, de hecho lo excluye de las decisiones. El mercado agrava el estado de injusticia. La planificación centralizada restringe el ejercicio de la libertad.

Para conciliar mercado y planificación, urge que la lógica económica abandone el paradigma de la acumulación privada para recuperar el del bien común, de modo que la ciudadanía se sobreponga al consumo y los derechos sociales de la mayoría a los privilegios ostentosos de la minoría.

 

Estos ecos del Foro Social Mundial generan más esperanza, tienen sabor humano.

 

d.t.