Abril-2007

 

Sin hacer ruido, dominan y matan

 

Para la mayoría de la gente es como si no existieran. No se exhiben en la televisión como los programas del corazón, ni venden palabrería e imagen como los políticos. Son otra cosa, van al grano, es decir, al dinero, al negocio.

Y es importante recordarlos periódicamente porque son los entes más responsables de los desequilibrios mundiales, y, por tanto, son los más mortíferos y peligrosos. Hablamos de las empresas multinacionales o transnacionales.

Son como entes “sagrados”, misteriosos, que todo el mundo respeta y hasta admira: General Motor, Mc Donald, Exxon, Repsol, Microsoft, Sony,… Pero son dragones insaciables de riqueza y de injusticia. Son entes que dominan todos los campos de la economía (industrias, energía, alimentación, banca, comercio, agricultura, materias primas, armamentos, medios de comunicación, información,…) y dominan a las instituciones y gobiernos (Banco Mundial, Fondo Monetario Internacional, OMC, Unión Europea, OEA,…), son los que dominan el mundo.

 

El anterior párrafo puede parecer pura teoría demagógica, propia de alguien que le gusta protestar por todo, pero que no dejan de ser “generalidades” que no llevan a parte alguna.

Por favor, no seamos ingenuos.

Diversas voces han denunciado el contubernio Naciones Unidas-Transnacionales.

La Organización de las Naciones Unidas creada para preservar la paz y defender los derechos y la dignidad de la persona humana hizo aportes importantes a favor de dichos objetivos aunque nunca alcanzó a cumplir acabadamente su misión. Pero desde hace algo más de diez años, más exactamente desde que se rompió el relativo equilibrio de fuerzas a escala internacional, la ONU comenzó a derivar en un sentido diametralmente opuesto, dice Alejandro Teitelbaum.

Durante mucho tiempo, pese a la existencia del Pacto de Derechos Económicos, Sociales y Culturales y de otros instrumentos y declaraciones referidos a esos derechos, aprobados en el período de auge del tercermundismo (fines de los años 60 hasta comienzos de los 80) en la práctica se privilegiaron los derechos civiles y políticos y casi se olvidaron los derechos económicos, sociales y culturales. Cuando se rompió el equilibrio bipolar (comienzos de los años 90) en la ONU se comenzaron a desmontar órganos que hasta ahora habían servido para controlar socialmente las actividades de las sociedades transnacionales. Después se ha creado como sustitutivo la Comisión del Consejo de Comercio y Desarrollo de la CNUCED, pero ya no ejercen ese control social de las transnacionales.

Ante los enormes abusos del poder transnacional en la “economía de mercado” surgieron inquietudes y se propuso establecer algunas normas para prevenir y sancionar actividades de transnacionales contrarias a los derechos humanos.  Las organizaciones internacionales representativas de las grandes empresas rechazaron el proyecto y tuvo que archivarse.

La salida fue crear el GLOBAL COMPACT, que no es otra cosa que una alianza de colaboración entre la Secretaría de la ONU y las grandes sociedades transnacionales, varias de ellas con densos currículos en materia de violaciones de  derechos humanos y de casos de corrupción.

El Secretario General de la ONU explicaba en 1998 la ideología que inspira el GLOBAL COMPACT: “la capacidad empresarial y la privatización como medios de promover el crecimiento económico y el desarrollo sostenible” y propugnaba “la venta de empresas públicas confiando la propiedad y la gestión a inversionistas que tengan la experiencia y la capacidad necesarias para mejorar el rendimiento, aunque ello suponga algunas veces vender los activos a compradores extranjeros…”.

Tiempo después, el encargado del Informe al Consejo de Derechos Humanos de la ONU afirmaba que los derechos de las sociedades transnacionales pasaron a estar mejor protegidos en las legislaciones nacionales y mejor defendidos en los arbitrajes obligatorios ante tribunales internacionales. Nada dijo de las consecuencias catastróficas para los pueblos más vulnerables de los acuerdos comerciales, de los tratados bilaterales, de las políticas “privatizadoras” y “liberalizadoras” y de los arbitrajes obligatorios internacionales.

El informante tuvo la poca vergüenza de terminar afirmando que “la ‘globalización’ ha contribuido a una impresionante reducción de la pobreza en los principales países emergentes de economía de mercado y a la generalización del bienestar en el mundo industrializado.”

La opinión casi unánime de los especialistas es contraria: sostienen que junto con el crecimiento económico se han acentuado enormemente las desigualdades sociales entre, por un lado, una ínfima minoría que acapara una enorme y creciente proporción del fruto del trabajo humano y, por otro lado, la gran masa de la población, una buena parte de la cual no alcanza a satisfacer sus necesidades básicas, no sólo en los países de la periferia sino tampoco en el mundo industrializado.

El sr. Ruggie olvidó además  que el poder económico internacional encarnado en las grandes sociedades transnacionales no se limita a acentuar las desigualdades sociales y a sumir en la pobreza a amplios sectores de la población mundial, sino que las más poderosas de ellas, además de dedicarse a promover golpes de Estado, apoyar dictaduras, financiar grupos paramilitares y escuadrones de la muerte antisindicales (Chiquita Brands, British Petroleum, Drummond, Coca Cola, Nestlé, etc.), desempeñan un papel determinante en las políticas contrarias a los derechos humanos de las elites dirigentes, tanto en el ámbito de los Estados, como de las organizaciones regionales e internacionales.

Bien sabía Ruggie que diversos órganos de la ONU se mantienen gracias a subvenciones o donaciones de estas entidades privadas y eso no se hace en valde. La influencia de las transnacionales es fuerte en el sistema de Naciones Unidas.

No es extraño que acabara su informe diciendo con un argumento sugerido por las mismas transnacionales en el sentido de que éstas no están obligadas por el derecho internacional y que lo más apropiado es poder de acuerdo a las empresas, a las Naciones Unidas y a la “sociedad civil” para establecer “declaraciones de buenas intenciones y códigos de conducta, cuya aplicación será controlada por las mismas empresas y por representantes de la “sociedad civil”.

Sí señor, el Informe de Naciones Unidas es muy coherente con su orientación general frente al problema económico, político y social que representa el poder económico internacional encarnado en las grandes sociedades transnacionales. El contubernio es real y así se ha manifestado en la actitud adoptada por la ONU frente a la tragedia de la República Democrática del Congo, donde diez años de guerra civil ha costado entre 3,5 y 4,5 millones de muertos, la mayor catástrofe humanitaria después de la Segunda Guerra Mundial.

Todos reconocen que esa tragedia tiene por telón de fondo la apropiación de los minerales estratégicos que abundan en el Congo: diamantes, oro, colombio-tantalio (coltan), cobalto, etc. Y las grandes promotoras directas o indirectas de la situación y destinatarias finales y principales beneficiarias de los minerales extraídos son las grandes empresas transnacionales (Metalor, AngloGold Ashanti, Anglo-American, Halliburton, Chevron-Texaco, Sony, Microsoft, Hewlett-Packard, IBM, Nokia, Motorota, Ericsson, Siemens,…).


Pues algo parecido ocurre entre las sociedades transnacionales y la Unión Europea.

El mismo Alejandro Teitelbaum comenta diversos casos de este segundo contubernio. Cómo entre la Comisión Europea y la Mesa Redonda de las Industrias Europeas ERT (con las transnacionales Volvo, Olivetti, Siemens, Unilever y otras), ayudados por el Tribunal Europeo de Luxemburgo, están culminando el despojo del patrimonio público de los países europeos de las industrias actualmente más dinámicas y rentables: las telecomunicaciones y las comunicaciones electrónicas.

Después han seguido el correo, la salud, la educación y el medio ambiente.

En junio de 2003 abrió oficialmente las puertas el Parlamento Europeo, autorizando la liberalización de los mercados de la electricidad y el gas, incluido el suministro a particulares, a partir de Julio-2007.

En septiembre 2004 la Comisión Europea publicó un “libro verde” ha blando de abrir a la “libre competencia” la compra de material militar.

Se reconoce públicamente que las grandes empresas transnacionales europeas, agrupadas en la UNICE (Unión de las Confederaciones Industriales y de Empleadores de Europa) controlan estrechamente a la Comisión Europa y los 39 miembros de la organización patronal mantienen representaciones permanentes en Bruselas. Un ejemplo de evidente influencia ha sido el Proyecto de Tratado Constitucional europeo que no entró en vigor por no haber sido aprobado unánimemente por los Estados miembros.

 

En estos días se ha escrito mucho sobre las Multinacionales de la muerte. Ha sido a raíz de la condena judicial a la multinacional Chiquita Brands (alias “United Fruit Company”) por financiar organizaciones terroristas en Colombia.

Se habla de que Coca Cola es la compañía más eficiente en Colombia, gracias a la aplicación del terrorismo de Estado en el que también están mezcladas otras multinacionales como la Drumon, Nestlé, Iritis Petroleum, Repsol, Oxi Petroleum, etc. Aparecieron reiteradas denuncias y pruebas palpables de cómo apoyaron económicamente y se sirvieron de los paramilitares para garantizar cuantiosas ganancias a costa de asesinar sindicalistas, destruir sindicatos y desmejorar las condiciones salariales de los trabajadores.

Por ejemplo, Chiquita no sólo aportó dinero a raudales. También colaboró para que entraran en el país más de 3.000 fusiles AK-47 y millones de municiones que fueron a parar a los grupos paramilitares. En la región de Urabá, la zona donde operaba la multinacional, se registraron entre 1997 y 2004, 62 masacres en las que murieron 432 personas, en su mayoría campesinos pobres, muchos de ellos trabajadores de las bananeras. Además, más de 60.000 personas tuvieron que abandonar sus viviendas en medio de esta limpieza paramilitar impulsada entre otros por Álvaro Uribe y su estado mafioso.

Por mencionar algún otro ejemplo, la Repsol y la OXY invadieron el territorio indígena U’wa en busca de petróleo, sin el consentimiento de las comunidades y violentando sus territorios en clara trasgresión de la Constitución Colombiana, siendo protegidas sus bienes y maquinarias por fuerzas militares-paramilitares, que asesinaron a varios de los líderes indígenas.

Las autoridades laborales de la provincia de Guangdong (China) han confirmado que algunos restaurantes de las cadenas McDonald's, KFC y Pizza Hut no firmaron contratos con sus empleados y explotaron a su personal.

Actualmente asistimos a diversas manifestaciones, huelgas y cortes de carreteras en la provincia de Cádiz debido al cierre anunciado por Delphi, empresa que lidera el mercado mundial de componentes para la industria del automóvil, y que estuvo ligada a General Motors. Lleva 25 años en Puerto Real (Cádiz), ha recibido más de 62 millones de euros del gobierno andaluz en subvenciones para mantener el empleo hasta 2010. Delphi dice que estaba teniendo pérdidas en esta factoría. Las multinacionales utilizan su red internacional para simular pérdidas a su antojo en una factoría determinada y justificar su cierre.

Los capitales tienen libre circulación en todo el mundo, cosa que no tienen las personas emigrantes, y pueden abrir o cerrar factorías según sus intereses y beneficios. Nada les importan las leyes de un Estado, ni las consecuencias dolorosas que produzcan a miles de familias. Trasladarán la factoría de Puerto Real a Polonia, porque allí obtendrán mayores beneficios gracias a los costes laborales más reducidos. Y lo harán, caiga quien caiga. No hay normas internacionales que controlen a las transnacionales, no hay Estados o gobiernos que puedan con ellas. Hace tiempo que llevan adueñándose de los recursos y de los poderes a escala mundial.

Mientras tanto, en los países los partidos políticos se empeñan en que juguemos a hacer política y a entretenernos con elecciones…

 

d.t.