Agosto-2007

 

Homo economicus

 

Debe sonar a tontería el título de este comentario, pero cada cual puede cambiarlo a su antojo. En todo caso se refiere a los criterios que parecen prevalecer en la actualidad. Y parece ser que son los valores económicos los que están por encima de los demás.

El mismo día que el gobierno de Estados Unidos (y esto vale para otros muchos gobiernos) enviaba 100.000 dólares a Perú, en concepto de ayuda para paliar las consecuencias del terrible terremoto que ya se ha cobrado más de 500 vidas, ese mismo día la reserva federal estadounidense inyectaba 17.000 millones de dólares en el sistema bancario para paliar el desplome de las bolsas en Wall Street y en el mundo.

Para quienes no entendemos de bolsas, resulta muy curioso:  el desplome de la bolsa de Nueva York y la pérdida de valor de las acciones es 170.000 veces más importante que el desplome de ciudades enteras y la pérdida de vidas humanas en Perú.

 

Y ya puestos, vamos a meternos en camisas de once varas, con el tema de la crisis inmobiliaria en Estados Unidos. A nuestro modo de entender, es un símbolo más del sistema capitalista que domina en el mundo, sistema en el que imperan los valores económicos por encima de los valores humanos. Veamos algo de ese Sistema.

El capitalismo es eso, un sistema que busca la máxima rentabilidad y se basa en la competencia. Lógicamente los más fuertes, los más ricos, los que más tienen son los que más acumulan. Es un sistema ideal para que el pez grande se trague al pequeño. Cada vez menos grandes acumulan mucha más riqueza.

Antes la fuente del dinero o de la riqueza era la producción o fabricación de productos, ahora no: Se juega sólo con el dinero y se consigue, sin producir, que el dinero se multiplique en más dinero. Esto se llama especulación.

El templo de juego con el dinero son las bolsas, en ellas no se produce absolutamente nada, sólo corre dinero. También existen otros mecanismos donde multiplicar y jugar con el “dinero negro” (paraísos fiscales, fuga de capitales, economía sumergida,…)

Para los ricos o fuertes hacerse más fuertes y liquidar a otros más débiles, el sistema tiene establecidos unos “vaivenes” que se reproducen periódicamente: periodos expansivos o de subida (“burbujas”) y períodos depresivos o de caída (“crisis”). En los períodos bajos, los grupos más poderosos aprovechan para absorber a los más débiles y entonces organizan otro período de bonanza y concentración de riqueza (cuando las acciones están super bajas, llegan los poderosos y las compran a precio de saldo y, después, las vuelven a subir). Es el juego de comprar barato y vender caro.

Desde la segunda guerra mundial, la batuta del sistema siempre la tuvo Estados Unidos con su moneda-escudo el dólar. Las cosas están comenzando a torcerse con la gran progresión de Japón y de China.

 

¿Y de la reciente crisis inmobiliaria norteamericana qué pasa?.

A nuestro parecer se trata de una “burbuja” que se está desinflando. Perdonen los expertos nuestro atrevimiento y nuestra manera vulgar y simple de explicarlo.

Algo ha tenido que ver la política económica de Bush: Su rebaja de impuestos a los ricos y su aumento vertiginoso del gasto militar ha disparado el déficit presupuestario.

Era necesario, entonces, mejorar la economía norteamericana y para eso la gente tenía que consumir y comprar. Con esa finalidad, Bush rebajó los intereses bancarios del 6,25% hasta el 1%, con lo que los bancos podían conceder créditos a empresas y particulares a muy bajo interés. Eso animó a muchísima gente pobre a comprar pisos con préstamos hipotecarios a bajo interés. Empresas pequeñas también consiguieron préstamos baratos. El dinero corría por todas partes.

La construcción tuvo un enorme empujón: se necesitaban muchos pisos. Eso creaba también mucho empleo y, por tanto, había muchos trabajadores que podían arriesgarse a meterse en un crédito hipotecario.

La BURBUJA empezó a inflarse: los dueños de terrenos subieron el precio de los mismos, los pisos multiplicaban su precio, los bancos y financieras inflaban el valor de los pisos y ampliaban plazos para ofrecer más préstamos hipotecarios.

Todos querían ganar a costa de los pisos: los bancos y financieras invertían los bonos hipotecarios en bolsa para hacer crecer más el dinero. Para atraer a los inversores les ofrecían esos bonos como “fantásticos, muy seguros y muy rentables”.

En 11 años los pisos subieron su valor un 70% (precios inflados y “falsos”, pero muy rentables para los inversores).

Sólo en los dos últimos años, las entidades de crédito estadounidenses otorgaron créditos hipotecarios por más de 3 billones de dólares, más que todo el presupuesto anual de Estados Unidos. Y el 20 por ciento de esos préstamos se hizo a familias de muy baja solvencia.

 

Ahora vamos a darle la vuelta a la moneda:

Resulta que los intereses que habían bajado al 1% ahora los han subido al 5,25%, por lo que las hipotecas también subieron significativamente.

Resulta que los salarios en Estados Unidos han bajado un 30% en los últimos 30 años. La solución no ha sido subirles los salarios, sino hacerles créditos a los trabajadores. Esa es la consigna: ¡compre, endeudándose!.

Resulta que la cuerda, como siempre, se rompe por las familias más pobres: No pueden seguir pagando la hipoteca y tienen que devolver el piso al banco. Para los bancos es un problema: ellos no quieren pisos, sino dinero. Y tiene su explicación.

Resulta que si devuelven muchos pisos, las viviendas bajan su precio, y terminan aproximándose a su precio real y eso supone grandes pérdidas (Un piso se cotizó a 1.000, el banco prestó 900, pero ahora baja a su precio real que puede ser 200, con lo cual el banco está perdiendo 700). Y cuantos más pisos devuelvan más bajan. Los bancos tienen que subastar o vender baratos los pisos.

Resulta que si ya no se solicitan pisos, se paraliza la construcción, también aumenta el desempleo, y muchos de los trabajadores que van al paro tenían préstamos hipotecarios que no podrán seguir pagando.

Resulta que ante esa perspectiva, los inversores en bolsa no compran bonos de la construcción ni de las financieras, por lo cual se puede producir una caída de bolsas a nivel internacional, ya que los inversores de bolsa mueven su capital por todo el mundo (están “globalizados”).

 

Pues, algo así es lo que ha sucedido en Estados Unidos:

“Empresas basura” han ofrecido millones de “hipotecas basura” y ahora no pueden responder: ni los prestatarios pueden responder ante los bancos, ni los bancos y financieras ante los inversores en bolsa.

Bancos y financieras que han estado engordando en horas de bonanza a base de conceder créditos, que, cuando los intereses estuvieron bajos, han estado cosechando multimillonarias ganancias con el “boom inmobiliario”, ahora que asoma la “crisis” salen a la huida y se declaran en quiebra. Los  precios y negocios en torno a la vivienda estaban infladísimos y había cantidades enormes de dinero metidos por medio en busca de mejor tajada.

Según el diario The Wall Street Journal, el 80 por ciento de la deuda de los consumidores estadounidenses -más de 12 billones de dólares- corresponde a créditos hipotecarios. Como consecuencia, al producirse la “crisis”, decenas de empresas de créditos hipotecarios han cerrado y muchas otras han suspendido totalmente los préstamos, lo cual ha comenzado a afectar a los demás sectores económicos del país.

Dos millones de propietarios de casas están a punto de perder sus hogares, sobre todo en Arizona, California y Florida, al no poder soportar las nuevas condiciones que imponen los bancos para el pago de sus deudas.

Unas 70 compañías hipotecarias atraviesan en este momento por serios problemas en EE UU, como Luminet y Accredited Home, y una docena se han visto obligadas a liquidar sus negocios desde comienzos de 2006, la mayoría durante los últimos seis meses. Los grandes bancos de inversión de Wall Street tampoco son ajenos a la crisis. Bears Stearns liquidaba a final de julio dos líneas de fondos, por las pérdidas que registraron al realizar apuestas equivocadas en bonos que respaldaban hipotecas subprima (o hipotecas de riesgo).

 

¿Y qué ha pasado?. Pues ha sucedido otra cosa muy curiosa.

Miles y miles de veces nos han repetido la teoría capitalista del LIBRE MERCADO: Hay que dejar en libertad a las empresas para que compitan entre ellas; las empresas públicas no deben existir ni debe existir ninguna protección de los gobiernos, esas empresas tienen que pasar a manos privadas y competir; los gobiernos no deben hacer leyes protectoras de los ciudadanos ni regular la seguridad social; etc. etc.

Para sorpresa de todo el mundo, cuando ha llegado el momento de esta “crisis hipotecaria”, esas mismas empresas capitalistas acuden a pedir ayuda a los gobiernos. Ningún capitalista hace ascos al “intervencionismo estatal” cuando se trata de su bolsillo.

Es escandaloso: Los gobiernos, a través de sus Bancos Centrales (Banco Central Europeo y los bancos de Estados Unidos, Canadá, Japón, Suiza, Australia…) han volcado sólo en tres días de agosto 300.000 millones de dólares a los mercados para frenar el derrumbe de las bolsas e impedir el derrumbe de bancos y financieras. Con los fondos públicos los gobiernos han acudido a solucionar los problemas de los ricos inversores y negociantes, mejor dicho, a solucionar las imprudencias de los ricos guiados por su ambición de ganar más y más dinero.

Al mismo tiempo las grandes empresas inversoras aprovechan para hacerse con los bonos bursátiles a precio de saldo (proceso de acumulación).

 

Se repite el carrusel. La misma historia de siempre. Unos cuantos poderosos controlan los hilos del mundo. Ellos hacen y deshacen y cuando tienen problemas los tenemos que solucionar el resto de la Humanidad.

Lo cierto y verdad es que, en estos momentos, Estados Unidos es la nación más endeudada del mundo y está con el agua al cuello. No pueden ahorrar nada y, por tanto, no hay perspectivas inmediatas de pagar lo que deben. Si no le inyectan 3.000 millones de dólares diariamente, su economía se vendría abajo.

Pero el sistema capitalista tiene sus mecanismos: cuando Estados Unidos tiene crisis, ponen el ventilador y reparten la crisis por todo el mundo. Hay unos malabarismos de política económica (inversiones, divisas, prevalencia del dólar, préstamos internacionales, controles del FMI y Banco Mundial, deuda externa,…) que hasta ahora han conseguido mantener en pie a la superpotencia, a pesar de su enorme endeudamiento.

Para explicar la deuda externa de los países pobres podría valernos lo dicho de la burbuja inmobiliaria, se parece mucho. Ellos en lugar de devolver pisos, se ven obligados a empeñar las riquezas de sus países, a vender sus empresas públicas y a dejar las puertas abiertas a la ferocidad de las multinacionales extranjeras.

En esta historia que se repite de ricos y pobres, de grandes y chicos, de fuertes y débiles, suelen perder los mismos.

¿Acaso creen que los gobiernos acudirán con tanta prontitud y con tan enormes cantidades de dinero para ayudar a Perú, como lo hicieron con la posible caída de la bolsa norteamericana?. Perú es un país pobre y los pobres tienen más difícil solución. Tendrán que soportar su medio millar de fallecidos, sus 30.000 viviendas derrumbadas, sus carencias de agua y alimentación… desgracias que han recaído en una población con el 50% pobres y un 25% extremadamente pobres.

Mientras los multimillonarios ambiciosos de las finanzas norteamericanas han sido calificados de “imprudentes”, a los hambrientos de Perú que buscan algo para llevar a la boca se les tacha de “saqueadores”.

En el día de hoy, algún medio acaba de anunciar que el huracán Dean ha bajado de categoría, porque ha perdido fuerza. Al parecer “no va a resultar tan peligroso”, por cuanto no va a afectar al comercio del petróleo del golfo, ni apenas al turismo. El comunicador olvidó que a su paso por la República Dominicana, Haití, Jamaica y México ha dejado varios muertos y numerosos destrozos. Al comunicador volvieron a traicionarle sus palabras.

 

d.t.