Septiembre-2007

 

Qué cambios produjo la globalización…?

 

Como convencido de lo contrario, nuestro amigo Jesús S. lanzó la pregunta en plena conversación: ¿Cómo es posible que se continúen utilizando los mismos esquemas y elementos de análisis de hace 40 años al referirnos a Colombia, a Latinoamérica, a Centroamérica o a África, con todo lo que ha cambiado la “globalización”?.

Tras una primera reacción acalorada, se hizo la calma…y se dejó el tema para una reflexión más calmada.

¿Qué entenderá este amigo por cambio y por globalización? ¿Cual será el cambio significativo que él considera en los países empobrecidos?.

De momento, su pensamiento sonaba parecido al de muchos intelectuales y la casi totalidad de los periodistas occidentales: un juego intelectual enredado en fantasías e ingenuidades sobre la globalización y sobre los pueblos “en desarrollo”. Es una especie encubierta de defensores a ultranza del sistema neoliberal, como el único posible y el mejor entre lo malo conocido. Aunque tal vez no sean tan efusivos como los enconados defensores del Vaticano, de sus líneas religiosas y de su moralidad universal.

Tal vez confundieron el oro con lo que simplemente es un baño dorado.

¡Ojo!, que no queremos enjuiciar a nuestro amigo J.S., que apenas pudo expresar su idea. Tan sólo estamos utilizando su primera cuestión como excusa para el comentario. Tampoco se trata de alardear de ser propietarios de la verdad y poseedores del único análisis verdadero… Sabemos que los análisis dependen de la perspectiva en la que te sitúes, o de la posición socio-política en la que te encuentres…pero, por eso mismo, puede haber gente que se sienta muy molesta ante clichés publicitarios o esquemas fantasiosos que, de alguna manera, puedan mitigar la tragedia actual que sufren muchas poblaciones empobrecidas del planeta, o tiendan a encubrir sus causas.

¿Acaso la “globalización neoliberal” no ha empeorado la situación de todos esos países que han visto cómo, bajo el látigo de la deuda externa en manos del Banco Mundial y del F.M.I., se han privatizado todas sus empresas y servicios públicos y cómo sus recursos nacionales pasaron a ser controlados por multinacionales extranjeras?. ¿Ha cambiado la situación…? ¿Para mejor o para peor…? ¿Viven mejor hoy que hace 40 años…?. En todo caso, ¿quiénes están siendo los beneficiados?.

 

Nuestro amigo planteaba un ejemplo: ¿Es que Nicaragua, por ejemplo, no ha cambiado en estos años?

También G. Trucchi recordaba en estos días a Nicaragua:

Cuando en 1998 el huracán Mitch devastó Nicaragua y buena parte de Centroamérica, los miles de muertos que dejó en el camino pertenecían a los estratos más pobres de la región. La violencia del Mitch encontró un pavoroso aliado en la pobreza y la desesperación de centenares de familias campesinas, que perdieron sus tierras, cultivos y ganadería, lo que permitió que la tragedia alcanzara ribetes nunca vistos en el país y en otros.

En el caso de Nicaragua, además, el deslave del volcán Casita, sobre el municipio de Posoltega, arrasó varias comunidades que surgían en las laderas del volcán y enterró a más de 2 mil personas que habían escogido aquellos peligrosos lugares  para sembrar y poder sobrevivir.    

Después del desastre, muy poca gente, y mucho menos el gobierno de aquella época, se preguntó por qué miles de personas estaban viviendo en esos terrenos ya fuertemente deforestados y erosionados por las largas temporadas de lluvia. Pasaron los años y terminó la conspicua ayuda internacional que no cambió en nada la situación de pobreza de la zona, sino que enriqueció a unos pocos que supieron aprovechar la ocasión.  Los sobrevivientes del Casita y de las zonas aledañas volvieron a poblar nuevamente los lugares del desastre. ¿Qué otra opción tenían?  
Igual situación se vivió en las Regiones Autónomas del Atlántico Norte y Sur (RAAN y RAAS) y en las riberas del Río Coco, en la frontera con Honduras. Tierras de poblaciones autóctonas –miskita, rama, sumo y mayagna– y afrodescendientes, históricamente aisladas y olvidadas por los gobiernos y las poblaciones del Pacífico. En los años 80 el gobierno sandinista impulsó la Ley de Autonomía de la Costa Atlántica, se crearon instituciones regionales autónomas del poder central, pero fue sólo hace pocos años que se reglamentó su funcionamiento y pudo comenzar a ser operativa.    
La Costa Atlántica, o Caribe, como prefieren llamarla las poblaciones que la habitan, goza de una enorme riqueza en biodiversidad, madera preciosa, minas de oro y pesca y hasta se dice que a pocos kilómetros de su litoral norte, zona en disputa con Honduras, hay importantes yacimientos de petróleo. Es justamente aquí que las poderosas transnacionales han explotado históricamente sus recursos, mientras las poblaciones originarias siguen viviendo en la absoluta miseria, incomunicadas, en casas hechas de madera y techos de hojas de palma o láminas de zinc. Sus riquezas son exportadas hacia el Pacífico o el exterior. ¿Qué beneficios reales están recibiendo estos países por la explotación extranjera de sus recursos? ¿A qué porcentaje de la población alcanzan dichos beneficios?...      
Con el huracán Juana en 1988, el Mitch en 1998 y el Beta en 2005, quedó claramente demostrado que de estas regiones se habla solamente cuando ponen los muertos o por ser territorio privilegiado para el narcotráfico. 
Los niveles de pobreza y analfabetismo, la explotación de los buzos miskitos para la pesca de las langostas –ya son centenares los que quedaron inválidos– y el aislamiento de comunidades enteras ya no son noticias para nadie, sino algo que se considera natural en el marco de un sistema político, económico y social que ha colocado a Nicaragua entre los países más pobres del continente, y donde la brecha entre ricos y pobres se hace cada día más grande.      
En los países empobrecidos  todo parece natural: el hambre, la miseria, la explotación, la desigualdad…tanto como los fenómenos “naturales”. Pareciera que los desastres naturales y la pobreza fueran dos caras de la misma moneda. “Naturalmente” que las condiciones en que vive la mayoría de la población son un elemento fundamental para que el huracán se ensañe sobre esa población y sus débiles e insignificantes infraestructuras.       Esos fenómenos mucho más fuertes no producen ni la décima parte de desastres en Estados Unidos o en Japón.


La globalización no ha mejorado la situación de Nicaragua, como tampoco la de otros muchos países centroamericanos o latinoamericanos, ni tampoco africanos…Se necesitan otros cambios de modelos políticos, económicos, sociales y morales, para que Nicaragua y otros países empobrecidos puedan resurgir.

Las realidades de esos pueblos están ahí, presentes, a la vista,…y no se modifican con simulacros de modernidad, ni con simples juegos de fantasía, o de ingenuidad, por parte de unos intelectuales o periodistas.

La realidad de esos países es la que es, la situación no ha mejorado para la gran mayoría de la población…Y lo dicen los propios habitantes.

 

d.t.