Septiembre-2008

 

Crisis de ricos, más muertes de pobres

 

Parece que los ricos hayan inventado una nueva Ley de Derecho Natural: “Ellos nunca pueden perder”.

Ellos tienen todos los derechos y uno más. Si les alcanza alguna crisis, la pagarán todos los seres del planeta. Eso significa: “privatización de los beneficios y socialización de las pérdidas”.

No aceptan intervenciones estatales ni cualquier otro tipo de obstáculos en sus negocios y en su acumulación de riquezas, pero sí admiten ayudas de dinero público cuando los beneficios son menores (“crisis”). Numerosos ejemplos estamos viendo en estos días de cómo el gobierno estadounidense está inyectando dinero público a grandes empresas inmobiliarias y bancos.

 

En días pasados, Ignacio Ramonet publicó su artículo “Las tres crisis”. Dice que por vez primera en la historia económica moderna, tres crisis de gran amplitud -financiera, energética, alimentaria- están coincidiendo, confluyendo y combinándose. Cada una de ellas interactúa sobre las demás. Agravando así el deterioro de la economía real…Nos hallamos ante un seísmo económico de inédita magnitud, cuyos efectos sociales apenas empiezan a sentirse y que detonarán con toda brutalidad en los meses venideros.

La crisis financiera sigue agudizándose. A los descalabros de prestigiosos bancos estadounidenses, como Bear Stearns, Merrill Lynch y el gigante Citigroup, se ha sumado el desastre reciente de Lehman Brothers, cuarta banca de negocios que ha anunciado una pérdida de 1.700 millones de euros.         

Cada día se difunden noticias sobre nuevos quebrantos en los bancos. Hasta ahora, las entidades más afectadas han reconocido pérdidas de casi 250.000 millones de euros. Y el Fondo Monetario Internacional estima que, para salir del desastre, el sistema necesitará unos 610.000 millones de euros.  

La crisis comenzó en Estados Unidos, en agosto de 2007, con la morosidad de las hipotecas de mala calidad (subprime) y se ha extendido, como una epidemia, por todo el mundo.   
Las entidades bancarias ya no se prestan dinero. Todas desconfían de la salud financiera de sus rivales.  
De la esfera financiera la crisis se ha trasladado al conjunto de la actividad económica. De golpe, las economías de los países desarrollados se han enfriado.

Donde más se está notando la dureza de este ajuste es en el sector inmobiliario. Todas las empresas de la rama de la construcción se ubican ahora en el ojo del huracán. Y asisten impotentes a la destrucción de decenas de miles de empleos.      
De la crisis financiera hemos pasado a la crisis social. Y vuelven a surgir políticas autoritarias. El Parlamento Europeo ha aprobado, el pasado 18 de junio, la infame "directiva retorno". Y las autoridades españolas ya han proclamado su voluntad de favorecer la salida de España de un millón de trabajadores extranjeros...
En medio de esta situación de espanto se produce un aumento irracional del petróleo, debido no sólo a una demanda disparatada sino, sobre todo, a la acción de muchos especuladores que buscan mayores beneficios.

Consecuencias: formidable subida de los precios en las gasolineras, y estallidos de ira por parte de pescadores, camioneros, agricultores, taxistas y todos los profesionales más afectados.    
Por si todo este contexto no fuese lo bastante sombrío, la crisis alimentaria se ha agravado repentinamente y ha venido a recordarnos que el espectro del hambre sigue amenazando a casi mil millones de personas. En unos cuarenta países, la carestía actual de los alimentos ha provocado levantamientos y revueltas populares. También aquí, los especuladores tienen una parte de responsabilidad porque apuestan por un precio elevado de las futuras cosechas.

TODO UN EJEMPLO: Una crisis de finanzas, de dinero, de bancos, de negocios, de especulación (que no son terrenos precisamente de los pobres) termina castigando a los más débiles que no pueden comer, no pueden salir adelante con su hipoteca, no pueden sacar adelante su medio de vida, que pierden su trabajo...

El ansia de los ricos ahoga a los pobres.

 

A propósito del artículo de I. Ramonet, comenta Juan Luís Rodríguez que no son tres, sino una misma crisis: Es la crisis del poder económico sobre las poblaciones. Sobre los ciudadanos. Es la crisis que padecen las personas al sufrir los efectos de las inmensas acumulaciones de dinero circulando desde el sector inmobiliario al sector energético, pasando por la industria de la alimentación, con el único objetivo de obtener más beneficios, de engrosar el poder especulativo que esa masa de capital sea capaz de generar.   
El mundo de la especulación, que negocia con el propio dinero multiplicando los millones, sin tener que mover ni una sola carretilla ni máquina alguna, que maneja cantidades asombrosas (de 1,5 a 2 billones de dólares diarios), y no puede ser controlado por ningún organismo ni Estado del mundo. Sus recursos superan todo la economía real y todo lo que los ciudadanos del mundo puedan producir. La economía real o productiva no supera el 10% de todo el volumen económico mundial.  

Los gobiernos no tienen poder sobre semejantes monstruos económicos.

En EEUU la mitad de la bolsa está en manos del 1% de la población (los privilegiados) y la otra mitad el 10% de la población (la aristocracia financiera). Y todo ello fortalecido por la red internacional de comercio de dinero negro (paraísos fiscales).

Mientras tanto, el discurso económico Oficial de la totalidad de las democracias occidentales ha sido el del “libre mercado”.

Un libre mercado que es falso: el proteccionismo en los países occidentales, las políticas arancelarias cerrando puertas al comercio de los países pobres, las subvenciones estatales en occidente a sus productos agrícolas impidiendo competir a los productos de los países en desarrollo,… Cuando no hay unos mínimos de igualdad, es falso hablar de libertad de comercio o de mercado. Cuando las cartas están marcadas no podemos hablar de competencia ni libertad en el juego.

Si el Fondo Monetario Internacional estima que, para salir del desastre financiero, el sistema necesitará unos 610.000 millones de euros, quiere decir que ese dinero se costeará con el dinero de todos los ciudadanos.

Ante semejantes monstruos económicos, las instituciones políticas democráticas nacionales e internacionales       resultan impotentes e inoperantes.    

Las resoluciones de Naciones Unidas en defensa de los Derechos Humanos son incumplidas por países democráticos como Estados Unidos, Israel, Rusia,…
En contra de las opiniones públicas de países democráticos y desarrollados, una serie de “halcones” y sus “asociados”, han llevado a cabo una guerra de exterminio en Irak, por ese negocio petrolífero que quieren controlar una cuantas dictaduras familiares.       
En Italia, se aprobó el 22 de julio una ley hecha a la medida de Silvio Berlusconi que le garantiza inmunidad judicial a él, y a los otros tres cargos más importantes del Estado. Berlusconi quiere que dejen de molestarle las imputaciones por casos de corrupción.    
El Informe sobre Desarrollo Humano de la ONU de 1998 dejaba claro el dato de que un 20% de la humanidad poseía un 84% de la riqueza global. En el año 2000, 225 multimillonarios disponían de una riqueza superior a la poseída por 2.500 millones de personas (47% de la población mundial). Los informes realizados por la ONU posteriores a esta fecha son mucho más sangrientos en lo que a la acumulación de riquezas se refiere. Los datos han empeorado mucho más.

La Cumbre de la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) del pasado 5 de junio en Roma fue incapaz de alcanzar un acuerdo para impulsar la producción alimentaria mundial. Y este mismo Organismo arroja el dato de que existen alimentos para abastecer a la población mundial dos, tres y algunos técnicos afirman que hasta ocho veces. 
El acceso universal a los Servicios Sociales básicos podrían lograrse con un 10% del presupuesto militar de EE.UU, o con la cuarta parte de los presupuestos militares anuales de los países en desarrollo.      
50 millones de pobres en la Unión Europea. Otros tantos en EE.UU. Y la tendencia continúa al alza. Y eso sin entrar en los datos del Tercer Mundo. Llega un momento en que da pavor hablar de tantos millones de pobres de esta manera.      

¿Para qué seguir hablando de LIBRE MERCADO, si no sirve para saciar el hambre en el mundo, sino para hacer más dinero unas cuantas personas?

¿Para qué tanta “democracia política” si cada vez hay más personas que mueren de hambre delante de una mesa repleta a la cual no tienen acceso?

¿Para qué tantos juegos de palabras con el propósito de engañar siempre a los mismos: a los pobres?

¿Por qué sólo pueden llevarse a cabo las medidas y soluciones interesadas que imponen los ricos super-poderosos?

 

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