Diciembre-2008

 

El problema es el propio sistema económico

 

Tras el monopolio mediático de las elecciones norteamericanas, volvimos al monopolio mediático de la Crisis. Con la crisis me acuesto, con la crisis me levanto… Qué agobio de G-7, G-8, G-20, G-21…

Es evidente que las preocupaciones o problemas de los ricos, en comparación a los de los pobres, se multiplican por mil en los medios de comunicación.

Cotidianamente, políticos y dirigentes asoman dorando la píldora y vendiendo soluciones de humo.

A gente acomodada y de economía resuelta la vemos convertida en jueces de la sociedad y arreglando el mundo en las barras de los bares.

Se juntan los “líderes mundiales”, como ellos mismos se denominan en la Declaración final de la Cumbre G-20, para discursear grandilocuentemente, para lanzar consejos, sugerencias y recomendaciones, para acordar reuniones futuras,…

 

¿Pero aquí quién tiene que ponerle el cascabel al gato? ¿Qué líderes mundiales son ustedes que ni siquiera explican por qué no fueron capaces de evitar este lío económico? ¿A qué vienen sus declaraciones pomposas de que el sistema económico requiere un cambio? ¿Acaso se han atrevido ni siquiera a realizar un análisis riguroso de las causas de la crisis y de los defectos del sistema?...

 

Un sistema económico insaciable no es compatible con un planeta finito.

Un sistema económico que considera a los seres humanos como herramientas o como simples consumidores,  y no como destinatarios, es inadmisible socialmente.

Un sistema económico que, en  situaciones problemáticas, ayuda antes a los bancos que a la población, que auxilia antes a los automóviles que a las personas, y, además, lo hace con el dinero de ciudadanía, es un sistema injusto, cínico y rechazable.

Un sistema económico que considera prioritario el consumo y no la salud, la educación, la justicia, la sostenibilidad,…debe ser repudiado por antisocial.

 

Suscribimos la frase de Paco Álvarez: “La Declaración final de la Cumbre G-20 deberemos analizarla bajo la siguiente regla: Todas las medidas que se anuncien deben tener como objetivo que las finanzas estén al servicio de la economía productiva,  y la economía productiva debe tener como prioridad la de estar al servicio del bienestar y del desarrollo humano sostenible. Todo lo que se salga de esta regla demostrará que los gobernantes de este mundo no han entendido nada de nada del modelo económico que nos ha llevado a esta crisis”.

 

Mientras tanto, mucha pobre gente en el mundo está sufriendo las consecuencias del injusto proceder de este sistema económico.

Hambre, falta de salud, desempleo, falta o pérdida de vivienda,…millones de víctimas inocentes repartidas por el planeta. Millones de dedos acusadores contra un aterrador sistema económico mundial. ¿Se pueden o no se pueden expresar tales afirmaciones?

Parafraseando a Santiago Alba, resulta que, si invoco la ley natural de la oferta y la demanda (del libre Mercado) y digo que en el mundo hay mucha más demanda de pan que de operaciones de cirugía estética y mucha más de alivios contra la malaria que de vestidos de alta costura; y reclamo un  referéndum que pregunte a los ciudadanos europeos si prefieren destinar las reservas monetarias de su país a salvar vidas o a salvar bancos, ESTOY SIENDO DEMAGÓGICO.

Pero si, contra la razón y la ética, acepto que es más urgente, más necesario, más conveniente, más eficaz, más provechoso para la humanidad, impedir la ruina de una aseguradora y la quiebra de un banco que dar de comer a miles de niños, o socorrer a las víctimas de un huracán, entonces ESTOY SIENDO REALISTA.

 

Hablamos del Sistema Económico imperante, el del Libre Mercado, el capitalista o neoliberal…Un sistema misterioso tras el cual se esconde un grupo de multinacionales, bancos, instituciones, gobiernos, con sus grandes multimillonarios, banqueros,  ministros,…

Hablamos de un sistema económico que ha conseguido que la mayoría de la humanidad pase hambre y sed, viva poco tiempo, enferme y sufra, y quienes vivimos en los países desarrollados  no notemos nada.

 

Se pregunta Santiago Alba: ¿Qué es la crisis capitalista?

Que haya 950 millones de hambrientos en todo el mundo, eso no es una crisis capitalista.

Que haya 4.750 millones de pobres en todo el mundo, eso no es una crisis capitalista.

Que haya 1.000 millones de desempleados en todo el mundo, eso no es una crisis capitalista.

Que más del 50% de la población mundial activa esté subempleada o trabaje en precario, eso no es una crisis capitalista.

Que el 45% de la población mundial no tenga acceso directo a agua potable, eso no es una crisis capitalista.

Que 3.000 millones de personas carezcan de acceso a servicios sanitarios mínimos, eso no es una crisis capitalista.

Que 113 millones de niños no tengan acceso a educación y 875 millones de adultos sigan siendo analfabetos, eso no es una crisis capitalista.

Que 12 millones de niños mueran todos los años a causa de enfermedades curables, eso no es una crisis capitalista.

Que 13 millones de personas mueran cada año en el mundo debido al deterioro del medio ambiente y al cambio climático, eso no es una crisis capitalista.

Que 16.306 especies están en peligro de extinción, entre ellas la cuarta parte de los mamíferos, no es una crisis capitalista.

Todo esto ocurría antes de la crisis. ¿Qué es, pues, una crisis capitalista? ¿Cuándo empieza una crisis capitalista?

Hablamos de crisis capitalista cuando matar de hambre a 950 millones de personas, mantener en la pobreza a 4700 millones, condenar al desempleo o la precariedad al 80% del planeta, dejar sin agua al 45% de la población mundial y al 50% sin servicios sanitarios, derretir los polos, denegar auxilio a los niños y acabar con los árboles y los osos, ya no es suficientemente rentable para 1.000 empresas multinacionales y 2.500.000 de millonarios.

 

El problema no es la crisis, el problema es el propio sistema económico:

-          Su voracidad le está llevando a la devastación del planeta (sus recursos energéticos, sus recursos vitales como el agua, sus recursos genéticos como los bosques, el medio ambiente…)

-          Su avaricia y corrupción le está llevando a la especulación desorbitante: se mueve 50 veces más dinero en el mundo especulativo, que en el productivo.

-          Sus ansias de dominio y acumulación le lleva a promocionar el consumismo y la destrucción de culturas: En Estados Unidos se gastan 17 mil millones de dólares en alimentos para mascotas, mientras que para eliminar el hambre en el mundo alcanzaría con 19 mil millones.

 

En una reciente conferencia, el economista y académico Manfred Max-Neef  proponía cinco postulados: “la economía está para servir a la gente; el desarrollo tiene que ver con las personas y no con los objetos; el crecimiento económico no es lo mismo que desarrollo; ninguna economía es posible al margen de los servicios que prestan los ecosistemas;  y la economía es un subsistema de uno mayor que es la biosfera”.

 

¿Pero quiénes están dispuestos a cambiar el sistema económico?  ¿Quiénes tienen poder y voluntad para hacerlo? ¿De qué manera se les puede exigir y presionar para que lo hagan? ¿En qué medida somos cómplices los ciudadanos y ciudadanas de países desarrollados?

 

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