Que Dios me perdone...

 

Tal vez mi fe sea tan pequeña que no me podía creer que fuera Ratzinger el nuevo Papa de la Iglesia. Es más, estaba seguro que sería el único que no podría ser elegido. En menudo follón me he metido conmigo mismo.

 

Yo respeto a su familia bávara tradicional, a su padre policía y muy religioso. Disculpo que este estudiante, cuando estalló la 2ª Guerra Mundial, fuera forzado -según él- a formar parte de las juventudes hitleristas. No me importan las anécdotas de sus reacciones airadas, siendo profesor en Tubinga, contra las protestas estudiantiles. No tengo problema para admitir que está dotado de un gran intelecto, que es un “científico”.

 

Pero me resulta imposible olvidar al “cardenal de hierro”, un hombre de temer, un hombre que ha suprimido la discusión y el diálogo y se ha manifestado como un dogmático, especialista en silenciar a cualquier “disidente” dentro de la iglesia. El guardián de la ortodoxia, el director de la Congregación para la Doctrina de la Fe (conocida como la ex Inquisición). El nombre de Ratzinger ha aparecido en todas las polémicas dentro de la Iglesia católica para frenar los intentos de reforma de sus colegas más progresistas.

Me resulta terriblemente difícil aceptar a un hombre que ha condenado a personas tan cristianas, tan perseguidas, tan testimoniales, y algunas tan amigas mías, como D. Pedro Casaldáliga, D. Samuel Ruiz, Leonardo Boff, José Maria Castillo, Tamayo, teólogos de la liberación, H. Küng, etc. etc. etc.

Me resisto ante una persona tan fría, tan contundente como ultraconservador, que nunca le tembló la mano: para condenar la homosexualidad (como mal intrínseco), el aborto y los anticonceptivos (solicitando en las últimas elecciones norteamericanas que se les negara la comunión a los pro-abortistas); para rechazar un mayor papel de la mujer dentro de la iglesia; para exigir un celibato a ultranza para el sacerdocio;...

 

Me ha cabreado este nombramiento papal: Quizás la Institución necesite un científico, un político, un diplomático... Pero creo que la Iglesia necesitará siempre antes que nada a un Pastor, a un servidor del evangelio, a un comprometido con los marginados y más desfavorecidos de la tierra,... ¿Para qué un experto en leyes, un especialista en normas, un legalista justiciero inmisericorde, un dogmático,...?

La Iglesia que me atrajo fue la del Jesús de Nazaret, el que nació en el pesebre y no en “altas cunas”; el que fue marginado y pobre y defendió a los suyos, a los marginados y a los pobres; el que se enfrentó a los poderes que dominaban al pueblo (al poder político, a los Sumos sacerdotes y sus negocios del Tempo, a los moralistas religiosos como eran los escribas y fariseos...); el que se mostró al mundo colgado en una cruz, ajusticiado, pero no desde tronos, o balcones de un palacio aclamado por la multitud; el que relativizó todas las instituciones y todas las leyes (porque la ley y el Templo son para el hombre y no el hombre al servicio de la Ley y del Templo).

 

Por lo demás, entiendo que haya determinados colectivos, grupos y corrientes que estén muy gozosos con la noticia. Por respeto a todas las ideologías y mentalidades no seguiré hablando de Joseph Ratzinger, el nuevo Papa, Benedicto XVI.

Pero servidor está muy cabreado. De hecho, no he podido esperar ni una hora para manifestarme. Ojalá y vaya bien para los cristianos. Ojalá y me equivoque en mis presentimientos. Y si así procede, que Dios me perdone...

 

El mochuelo 

(Abril-2005)