Bolivia: Acciones buenas y malas acciones

 

 

Allá para cuando, se producen acontecimientos de enorme simbolismo. Por ejemplo, la nacionalización de hidrocarburos en Bolivia. Toda la prensa internacional se hizo eco:

“petulante despliegue de nacionalismo, que enfada a sus vecinos, reduce la confianza internacional, daña a un sector vital y retrasa el desarrollo boliviano por lo menos 10 años” (THE TIMES). 

“Lo que predice el futuro económico de un país es la tasa de inversión…las inversiones no acudirán con la iniciativa de Morales…Bolivia tenderá a ser menos productiva y menos próspera…” (THE WALL STREET JOURNAL).

"Un país cerrado y desesperadamente pobre como es Bolivia, no debe dañar sus exportaciones. Los nacionalistas económicos deben pensar en todas las consecuencias de sus acciones" (THE GUARDIAN).

 "... el plan de Morales parece menos una expropiación total que un intento de obtener más ingresos para las arcas públicas. Ello implica un riesgo… no es la mejor respuesta a los altos precios de la energía. Pero en Latinoamérica es también la respuesta al fracaso del desarrollo económico, la persistencia de una pobreza generalizada y la atracción fatal del populismo" FINANCIAL TIMES).

“La nacionalización de los hidrocarburos en Bolivia no garantiza una mejor explotación de sus recursos ni mayores ingresos…la forma en la que se ha tomado la decisión resulta, además de confusa, bastante inamistosa… Nacionalizar no puede equivaler a confiscar, ni a llevarse por delante la seguridad jurídica. .. Bolivia posee reservas de más de 775.000 millones de metros cúbicos de gas, las segundas del continente tras Venezuela. Los mercados han reaccionado con preocupación. La popularidad de Evo Morales está más alta que nunca, pero sus ciudadanos le juzgarán por los resultados, no por decisiones ideológicas que no han tenido resultados mágicos en ningún país del mundo” (EL PAÍS)

 

La decisión del presidente boliviano, Evo Morales, de nacionalizar los yacimientos de hidrocarburos de su país ha provocado una cadena de reacciones. Nadie se corta un pelo a la hora de criticar una realidad que en gran medida desconocen. Los “amos de la opinión” utilizan sus medios para lanzar todo tipo de interpretaciones condicionadas por determinados intereses económicos. Se acusa al gobierno boliviano de indigenismo, populismo, primitivismo,…

Asistimos a un gran choque: las “acciones buenas” de los inversores contra las “malas acciones” de un gobernante que quiere defender los intereses y riqueza de su país. El ahorro de los socios y los beneficios de la multinacional contra las necesidades de un pueblo sumido en la miseria.  Las formas contra el fondo. Los intereses capitalistas contra el desarrollo humano de un pueblo.

 

No ha lugar para la extrañeza. El 18 de julio de 2004, tuvo lugar en el país andino un referéndum vinculante en el cual el 92,2% de los votos válidos respondieron sí a la pregunta: “¿Está usted de acuerdo con la recuperación de todo los hidrocarburos en la boca de pozo para el Estado boliviano?”.

El decreto presidencial es constitucional y jurídicamente impecable, además de ser un legítimo ejercicio de soberanía para gestionar los inmensos beneficios que hasta ahora sólo engordaban las cuentas de las multinacionales extranjeras. Ellas ganaban el 82% y Bolivia sólo el 18 o el 13%.

Las multinacionales extranjeras denunciarán la medida ante los tribunales mundiales de comercio, que ellas mismas manejan.

Los gobiernos europeos, molestos por cuanto algunas de sus multinacionales se sienten afectadas, manifiestan su inquietud y contrariedad. Sus insignes portavoces auguran desgracias para Bolivia. Javier Solana, responsable de la política exterior de la Unión Europea, y la Comisión Europea expresaron su inquietud: “esta medida será perjudicial para el futuro económico y político de Bolivia…el desarrollo de este país pasa por la seguridad jurídica para los inversores extranjeros". Así entienden el derecho soberano de una nación a gestionar sus propios recursos naturales.

Una cuestión: Si la medida del gobierno boliviano apenas afecta al suministro de hidrocarburos de la Unión Europea, y es constitucional, y cuenta con el respaldo del pueblo boliviano, ¿por qué están preocupados y enfadados los gobiernos europeos y las autoridades comunitarias?. Lo explicó el portavoz de la Comisión Europea Johannes Laitenberger: «La medida afecta a ciertas empresas europeas». Ese es el quid de la cuestión, que el código de valores y el orden de prioridades de los gobiernos europeos anteponen los intereses de las empresas a los de los bolivianos y que confunden los intereses de esas mismas empresas con los de sus países. Ningún gobierno europeo se sintió contrariado mientras las empresas incumplieron las condiciones de decretos anteriores ni los principios de la Constitución boliviana. Lo hacen ahora, cuando ven que esas empresas privadas pueden perder parte de los beneficios obtenidos en gran medida irregularmente.

 

Todo es según el “cristal del interés” con que se mira. ¡Pobrecita Repsol YPF, con todo lo que ha invertido en Bolivia…! ¿Es verdad que Repsol invirtió en Bolivia 1.080 millones de euros entre 1997 y 2005?.

Pero se olvidan que, hace dos años, un ejecutivo de esta petrolera franco-española aseguró que por cada dólar invertido su empresa se llevaba 10.

Para el presidente de Repsol, Antonio Brufau, la nacionalización “está fuera de la norma y lógica empresarial que debe guiar las relaciones entre empresas y estados”. Es decir, sólo el libre mercado puede dictar leyes y tratados.

Olvida que los beneficios netos de Repsol en el último año, 1.000 millones de dólares, equivalen a los ingresos medios anuales de casi un millón de bolivianos.

Olvida que desde hace años la compañía Repsol YPF explota 22 bloques petroleros que ocupan 5 millones de hectáreas, ocupando territorios indígenas, rompiendo sus actividades tradicionales, contaminando sus ríos,…

El director de Repsol olvida que altos directivos de la compañía están inmersos en un proceso judicial acusados de un delito de contrabando de petróleo por valor de 8 millones de euros.

La vicepresidenta del gobierno español manifestaba recientemente que al estado español no sólo preocupan los ciudadanos sino también sus empresas. Tal vez invirtió inconscientemente el orden. El ministro de exteriores, Moratinos, lo aclaró: “el gobierno español no permitirá que la imagen de una compañía española se vea afectada por este tipo de actitudes y creemos que tampoco hacen un favor al nuevo gobierno boliviano”.

 

El presidente Evo Morales no habló de expropiar, sino de nacionalizar: “Las compañías serán bienvenidas si aceptan someterse a la voluntad soberana del pueblo y subordinarse a las leyes y la Constitución de Bolivia y al decreto de nacionalización…Las empresas que han invertido tienen derecho a recuperar sus capitales, pero si no aceptan las nuevas reglas, mejor que se vayan”.

¿Alguien se atreve a tildar semejante actitud de poco democrática?.

Y esto lo lleva a cabo un presidente por haberlo exigido su pueblo. Un pueblo donde una de cada tres personas pasa hambre, donde el 64% de la población está por debajo del nivel de la pobreza y el 36,77 en situación de pobreza extrema. El 50% de la población rural (enorme mayoría en el país) sobrevive con 60 centavos de dólar al día (0,60$).

 

Según el cristal del “libre” mercado: se consideran buenas las acciones de los inversores, y se consideran fatales las acciones de cualquier pueblo o gobierno que defienda sus propios recursos ante la codicia de las multinacionales.

Y todos esos países europeos, occidentales, desarrollados, del Primer Mundo, los “democráticos”,...y sus gobiernos (no importa si de izquierdas o derechas) da la casualidad que tienen gafas con cristales del “libre” mercado.

Así nos luce el pelo.

 

El mochuelo 

(Mayo-2006)