Un dibujo sin nombre

 

No adora becerros de oro, tampoco iconos de escayola, ni tallas de madera.

 

No envidia a los maniquíes, ni le entusiasman los ‘chollos’ y le resbalan los famosos.

 

No acepta las lágrimas vertidas en los podios, ni las lágrimas de cocodrilo.

 

No le emborrachan los triunfos, ni le tumban los fracasos. Y le gusta que ‘saque pecho’ el ser humano.

 

Le estremecen los pobres en los mercados, los niños de la calle y los inmigrantes en el tajo.

 

Le entusiasman los ancianos sonrientes y le dejan pensando los viejos cansados de vivir.

 

Le asquean los dueños e intérpretes de la moral, los amos de las leyes políticas, religiosas, económicas y sociales. Es decir, le dan asco los dueños económicos.

 

No entiende a los ricos satisfechos compadeciéndose de los pobres.

 

Odia todo cuanto ofende a la vida y admira el reciclaje.

 

Firma cualquier causa a favor de la vida y cree en cualquier dios de vida.

 

Le estomaga el boato y maldice la publicidad. Reniega de la disyuntiva del sistema: o ser mercancía, o ser consumidor.

 

Promociona la austeridad como la virtud más solidaria.

 

Entiende que al desarrollo le llamen delincuencia. Desarrollo es la riqueza de unos pocos. Y llaman progreso al desarrollo de máquinas inteligentes como hombres para hombres estúpidos como máquinas.

 

Se sorprende de las contradicciones al uso en este PLANETA:

         donde la medicina y la enfermedad las fabrican los mismos;

         donde los jueces hacen lo que pueden para que parezca justicia lo que sólo es papeleo legal;

         donde se hace líderes a los más brutos aunque sólo les sigan los más tontos;

         donde todo es negociable, menos los negocios;

         donde el país que no es objeto de compra es sometido a bombardeos;

         donde las potencias tienen derecho reservado a bombardeo;

         donde no se examina a los dictadores cuando gobiernan, sino cuando están  moribundos;

         donde cada vez toca a más desnutridos por cada obeso;

         donde el cinismo, el sistema de producción y el consumismo matan a la madre Tierra, serruchando la rama que nos sostiene;

         donde sigue habiendo ‘papeles asignados’ a las mujeres, a la gente de color y a los pobres;

         donde priman brillantemente la ley del embudo y la ley de la selva;

         donde la codicia de los ricos es insaciable, con los gobiernos a su servicio, e insaciable es el hambre de los pobres.

 

Le intriga tanta confusión:

         si ocupas unas ruinas, te empapelan; si ocupas un país hasta puedes pedir ayudas a la ONU;

         se vacunan a los perros, cuando en realidad el odio y la rabia los contagian los hombres;

         se llama sufragio universal y sólo votan cuatro gatos;

         olvidan que la mentira también es arma de destrucción masiva y el miedo el virus más contagioso;

         y sigue la confusión: mientras los perros huelen cacas, sus amos huelen escaparates;

                                      los muros que son infranqueables por un lado, por el otro son vallas publicitarias;

                                      y olvidan que las invasiones se hacen en portaviones y no en pateras.

 

Cree en la utopía, pero le preocupa el futuro inmediato:

         la parálisis del espíritu aumenta la velocidad de la materia; 

         la identidad nos la están construyendo sobre el olvido de lo que somos;

         cómo va a ser posible expresar en un voto todo lo que uno piensa;

         el tiempo lo cura todo, menos las injusticias que las agrava;

         ¿cuántos quedarán que aún piensen sin ánimo de lucro?

 

El dibujo no tiene nombre, usted puede asignárselo sin tener que pagar.

 

 

El mochuelo

(octubre-2008)

 

 

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En la última parte hay algunas referencias a viñetas del Roto.