enero-2001

 

EL SALVADOR, un día 14 de enero de 2001.

Hoy le ha tocado un terremoto de 7.9º en la escala Richter, con 1.400 réplicas.

Les resultan familiares las cifras, pero son trágicas:

700 personas fallecidas, 370.000 damnificadas,

38.628 viviendas destruidas, 84.682 viviendas dañadas...

 

AL MENOS UNA MIRADA

 

Impresiona tanta desgracia junta y admira tanta aparente resignación.

A El Salvador no le dejan salvarse.

Numerosas cadenas de dolor se suceden con demasiada frecuencia

e impiden la liberación del pueblo salvadoreño.

No hay pueblos malditos, pero sí algunos parecen maldecidos...

No es resignación, es especialidad.

El pueblo salvadoreño, como buen especialista en la pobreza,

sabe encajar los acontecimientos por muy crueles que sean.

Un pueblo que lleva toda su existencia queriendo y luchando por resucitar...

 

Hoy, nuestro mundo rico le dirige su atención.

Será por breve tiempo... El tiempo en televisión es muy caro.

Pero al menos hoy sí, parece que

el pueblo de El Salvador se ha hecho merecedor de algunas migajas.

 

Cómo contrastan aquellos cuerpos sobrevivientes

y los nuestros fuertes y lustrosos.

Unos torturados y en esclavitud,

otros sometidos a regímenes de adelgazamiento.

Pues mayor aún es el contraste entre las conciencias.  

El Pueblo salvadoreño aprendió a elevar su mirada y su ánimo,

abriéndose paso solidariamente entre el dolor.

 

En nuestros países del Norte abundan medios y faltan fines.

Estamos sobrados de recursos, pero carentes de valores.

Países que se apiadan ante las desgracias espectaculares de los pobres,

y hasta ahí llegan no más...

Los pobres pierden su vida a chorros,

y a chorros pierden los ricos su sensibilidad...

 

Al pueblo salvadoreño no le dejan desenterrarse

las circunstancias impuestas por unos u otros...

Pero este Pueblo continúa hoy siendo piedra de escándalo,

junto con la gran Mayoría que son los pueblos empobrecidos del Planeta,

para otros pueblos y organismos, los que ostentan Poder y Opulencia.

 

d.t.