Junio-2001

 

(Una voz indígena)

 

LA ULTIMA QUEJA

 

El espacio era amplio,

mi madre vivía feliz, y nadie afectaba su vida...

¡estaba dotada con toda clase de maravillas!

Pero un día nació el egoísmo,

y empezamos a hacer de ella y de lo que la rodeaba, un negocio, ¡Sí, un negocio!

Y hoy, esta es la realidad.

Por eso pregunto:

¿Cómo poder comprar la frescura del aire

o la corriente de un río?

Para nuestra raza esas ideas no existen;

porque cada parcela que hoy ocupan

fue y es sagrada para mi pueblo,

cada grano de arena, cada brillante hoja de un árbol...en fin,

cada manifestación de belleza es sagrada,

porque ello lleva consigo muchas historias de mi pasado.

Cuando entre los blancos muere alguien,

ese alguien olvida su país al pasear entre las estrellas,

pero los muertos de mi pueblo, no pueden olvidarla,

porque ella es nuestra madre,

porque ambos nos pertenecemos,

nosotros a ella y ella a nosotros.

Las plantas son nuestras hermanas,

los animales nuestros hermanos,

las montañas y todo los que nos rodea son de nuestra familia.

El agua sagrada de los ríos,

es como la sangre de nuestros antepasados,

y a la vez sacia con ternura nuestra sed:

Los ríos son nuestros hermanos y también suyos,

y así deben tratarlos como a hermanos.

Sé que ustedes no entienden tal modo de vida,

les da lo mismo tener este u otro pedazo de tierra,

porque lo importante es tomar de ella lo que necesitan y luego irse,

porque la tierra no es su madre, es su enemiga.

¡Allí no les importa dejar enterrados a sus padres

y tampoco importa el futuro de sus hijos!

Porque para ustedes es muy simple olvidar,

tratan a la tierra y lo que la rodea

como elementos que se compran y se venden,

ese apetito acabará con la vida, dejando de ella sólo un desierto.

Por eso digo: ¡No más violencia, no más contaminación!

No utilicemos la ciencia para destruirnos a nosotros mismos,

y destruir a quienes aman la vida.

¿Para qué tanto progreso? ¿Para qué?

Si estamos limitados a no poder escuchar

el concierto de la diversidad animal en la noche...

Amigos: recuerden que el aire comparte su espíritu con la vida que sostiene,

ese viento le dio el primer soplo de vida a nuestros abuelos

y también recibe su último suspiro,

por eso debemos empeñarnos en cuidar la tierra,

que es nuestra madre; respetémosla,

y saboreemos el viento perfumado con el aroma

de las flores que la ciudad ya no tiene.

Enseñen a sus hijos, que la tierra no pertenece al hombre,

el hombre pertenece a ella:

porque de sus entrañas nació y a sus entrañas debe volver.

¡Si siguen pensando como ahora

muy pronto el blanco se terminará!

¡Quizás antes que el indio!

Porque una noche terminarán ahogados en su propia miseria,

ya ustedes dejaron de vivir.

¡Empiecen a sobrevivir!

De lo contrario

cuando la última planta se seque

y el último río deje de correr

¡se darán cuenta,

que el dinero no se come!