Junio-2002

 

SIGLO VEINTE

 

Si bien las noches no son oscuras,

como en el tosco mundo de antaño,

y en vez de auroras en lontananzas

un sol que rampa sobre los muros

tan sólo queda,

nadie discute que todo avanza:

hay los reactores para el uranio,

hay detergentes y carburantes

y hasta las minicomputadoras,

muy afanosas y diligentes,

manufacturan.

 

Cierto que hay gases contaminantes

pero, industrioso este siglo veinte,

envuelto en halos de fumarola,

polvo y basura,

sigue adelante.

 

Baten las olas publicitarias,

y suman miles los decibelios de los parlantes

y sobre el estruendo de los motores.

Y aún adentro de los hogares,

débil refugio contra el mundano

ruido estridente

nadie oye el viento tras las persianas;

baten las olas publicitarias

contra indolentes, entretenidos,

mudos y tiesos

televidentes.

 

Vaga, convulso, un planeta errante,

a la deriva por la galaxia,

y en su afiebrada corteza humeante

van, peregrinos tras la distancia.

Cruzan abismos, titilan mundos…

Son los viajeros que siempre esperan.

Que cambian todo menos su espera.

Pero, ¿qué esperan, estos terráqueos,

con tantas ansias?

Diría que esperan…

Que sólo esperan…

La buena nueva de otra esperanza.

         (Si decía lo que realmente esperan,

           no aguantaba la censura)

Raúl Sendic