Junio-2004

 

Niño Bandera

 

Ese niño

el de la sonrisa de cometa,

el que lleva hasta lo hondo del mundo

las preguntas tintineando

como piedras preciosas.

 

Ese niño que tirita

que espera

que se muerde los labios y mira de reojo

y habla por lo bajo.

 

Ese que ahora se estira sobre la fila

para mirar un pájaro.

El que lleva los pies con zapatos prestados.

El que escribe despacio para estirar la mañana

junto a una estufa.

El que se llama Nada y usa lo gastado.

 

El que sale en el carro porque la basura

no tiene desperdicio.

Ese niño sin rey mago bajo los colores de la esperanza.,

el que ahora se relame porque dijeron almuerzo.

 

El que ahora ríe porque dijeron almuerzo,

el que ahora suspira porque llevará una olla a la casa.

 

Quiero a ese niño para este poema.

 

Para esta aurora que tarda y no debiera.

Para esta urgencia de panes que me gana.

 

Quiero a ese niño para el canto que todavía brota como un rumor lejano

desde el centro de la tierra.

 

Ese niño

el de la cicatriz en el alma,

el de las alitas entablilladas por algún de vez en cuando,

el de la pelota a veces porque la rutina

lo arrastra al último minuto de timbre en timbre.

 

Quiero a ese niño para este poema,

para esta voz de alerta que ya es pedido de socorro.

 

Quiero a ese niño

el de las piernitas flacas bajo el pantalón cosido

con hilo amarillo.

 

Lo quiero para esta bandera

que ondeará victoriosa frente a los mármoles del Fondo.

 

Ese niño

el del dientecito que falta,

el de las manos apretadas contra el hambre que hostiga,

el de los saltitos porque hace frío.

 

Quiero ese niño para este poema,

para esta delegación argentina a las Naciones Unidas,

para esta comitiva oficial al Banco Mundial,

para esta visita protocolar a Su Señoría Imperial.

 

Ese niño

lo quiero para que diga todo lo que se necesita decir

sin abrir la boca

sin siquiera buen día.

 

Para que los pájaros azules de sus ojos negros

llenen salones de preguntas.

Para que las ilustrísimas honorabilidades

no puedan sino mirarse entre sí frunciendo la nariz.

Para que a alguien se le mueva un pelo de indignación

o lo que sea.

 

Ese niño, el de los puños de lana raída,

el del noséseñóritaporquemedolíalacabeza.

 

Ese niño quiero para este poema,

para esta campana de indignado basta,

para esta bandera universal y terminante:

 

Un niño con hambre es el futuro roto.

 

                        Gabriel Impaglione